jueves, 30 de noviembre de 1995

Tommy: Ópera-rock

Foto: Colección Auditorio Nacional

30 de noviembre al 3 de diciembre, 1995 / Seis funciones / 2 hrs. de duración / Asistencia: 15, 139 

Un niño de cuatro años presencia, a través de un espejo, una escena de violencia que cambiará su vida: su padre, a quien daban por desaparecido, regresa de la primera guerra mundial y en un ataque de celos, mata al amante de su madre (es decir, su padrastro). La madre pronuncia la frase fatídica que le provocará un trauma profundo: “Tú no lo viste, tú no lo oíste, no dirás nada…” Así el niño queda ciego, sordo y mudo y a partir de ese momento crece en un aislamiento desde el cual percibe e interpreta al mundo. Sus padres buscan todos los remedios posibles para curarlo sin conseguirlo (desde un “especialista” hasta brujos y lunáticos…). 

A los 10 años, Tommy no hace más que mirarse y mirar a través del espejo. Un día su madre, desesperada, lo empuja contra el espejo que cae en mil pedazos y, milagrosamente, recobra sus sentidos: “soy libre…” En un basurero de automóviles, se encuentran con una vieja máquina Pinball y se convierte en campeón de ese juego, también se vuelve una estrella del rock y provoca un culto casi religioso entre sus admiradores. Hasta que se da cuenta de que quiere dejar de ser genio para convertirse en un ser humano común y corriente, con lo cual acaba siendo despreciado y rechazado por quienes lo adoraban… 
Esta peculiar historia es uno de los más grandes sucesos de la historia del rock, Tommy, obra del genial Pete Townshend, compositor y guitarrista de la “Banda más ruidosa de la historia”, The Who. En 1969 se grabó el álbum doble y se estrenó en un teatro londinense. Tuvo un éxito rotundo y una larga historia de célebres interpretaciones teatrales, musicales, una dancística y otra cinematográfica de Ken Russell. No fue hasta 1992 que surgió la primera versión de Broadway, adaptada por el mismísimo Pete Townshend junto con el director Des McAnuff, premiada con cinco Tonys y que duró en cartelera hasta 1993 en La Jolla Playhouse de Nueva York. La segunda versión de Broadway se montó en el St. James Theater de la misma ciudad. 
La que nos llega al Auditorio Nacional es la versión itinerante de esta última (ha recorrido toda Norteamérica) con un nuevo elenco y la muy efectiva e inteligente dirección de Victoria Bussert. De la original, pierde efectos de la aparatosa y fabulosa escenografía, imposible de transportar. En cambio se vuelve más intimista y enriquece los juegos de luces y de las pantallas-bambalinas en las que se proyectan imágenes de la guerra y del mundo interior de Tommy, la banda que interpreta la música de The Who es simple y sencillamente excelente sobre todos los guitarristas. Es sin duda la calidad de la música lo que mantiene la vigencia de esta obra escrita hace 26 años. De hecho, el público y la crítica se dividieron entre los que quedaron encantados con un espectáculo de primera calidad, con actores profesionales en todo el sentido del término (la voz de Michael Seelbach es perfecta), y los que no querían ver pasar el tiempo y esperaban la misma subversión sesentera…Éstos la calificaron de light, pues ya no se habla de drogas y los personajes han perdido perversidad: se le ha quitado la “acidez” al asunto. Y en cierta medida es verdad, pero también es cierto lo que declararon los actores en rueda de prensa: “En los 60’s, la gente buscaba el camino correcto y en realidad, la respuesta hay que buscarla dentro de nosotros mismos…” Hoy es hoy, y los enfoques han cambiado, junto con las costumbres y la mentalidad. Muchos jóvenes agradecieron la posibilidad de vivir en carne y hueso un hit de la época de sus padres que finalmente guarda la médula del asunto, la historia de un ser que hereda los traumas de una generación que sufrió la guerra pero que sobrevive y se sobrepone a los peores maltratos. La presencia de los músicos en escena (en una colocación heredada del teatro musical alemán de los 30’s) es lo que permite que la gente pueda desfogarse bailando y gritando al tiempo que admira las actuaciones. Como el teatro del tiempo de Shakespeare, a donde se iba a coquetear, a chismear, a comer y beber, mientras Macbeth, por ejemplo, perpetraba su crimen: ¡no cabe duda de que las costumbres cambian, ¿verdad?... 
Lo que se lamenta, en cambio, fue que no asistiera más gente, pues el espectáculo merecía y la entrada fue realmente accesible…
Foto: Colección Auditorio Nacional


TRIVIA 
-Michael Seelbach es originario de Cleveland. Es egresado de la carrera de canto en la Universidad de Ohio y ésta es su primera presentación profesional… Viajó a Nueva York para hacer la audición y lo contrataron… La anécdota se parece un poco a la del primer intérprete Tommy, quien era un adolescente británico que trabajaba de cajero en un centro comercial y que Pete Townshend descubrió y lanzó al estrellato. 
-Nos dice Michael Seelbach: “El personaje es una cosa sensacional; me agrada ser un ciego, sordo y mudo que siente a su alrededor e imagina al mundo desde su interior…” 
-La primera obra de rock en teatro que se realizó en Nueva York fue Bye Bye Birdie. Y en Broadway, las primeras fueron, en 1967 Hair y Your Own Thing
Peter Townshend es autor de óperas-rock, como Quadrophenia, Iron Man, Liszttomania… 


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