jueves, 8 de noviembre de 2012

Miguel Bosé: Felices treinta y cinco

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional


8, 9, 15, 16 y 17 de noviembre, 2012 / Cinco funciones / 
2:20 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
“Estamos aquí para celebrar treinta y cinco años de música, de apoyo fiel y poderoso. Así que todo lo que hay aquí, os pertenece”. Miguel Bosé se dirige a los duendes y nenas que le han aplaudido cada uno de sus movimientos durante décadas, porque ellos son los dueños de su cancionero y por eso están paraos en un mundo aparte esta noche; escuchando los cambios que han sufrido sus emociones. 
Ataviado con la holgura que solía caracterizar a David Byrne, aunque con el colorido propio de los trajes que usaban The Beatles en 1967, el cantante arranca su espectáculo construyendo frases junto a sus tres coristas de esquina a esquina, como si en una pasarela se encontrase, mientras las pantallas del recinto ofrecen detalles de su rostro; de la manera en la cual su boca se deforma con cada palabra que integra “Los chicos no lloran” y “Sol forastero”. Sobre él, mantas que simulan nubarrones que cambian de color y pierden altura conforme el baterista gana calma, se sacuden con el viento que las palmas de los fans provocan una vez que Ximena Sariñana toma la mano del nacido en Panamá para cantar “Aire soy”.
“Quiero abrir un paréntesis para cantar algo de la época en que nos conocimos”, explica el del saco florido mientras toma asiento al lado de sus músicos. “Estas canciones pertenecen al pasado, pero vamos a abrirles la puerta para dejarlas libres”. De esta manera, “Morir de amor” y “Linda”, entre otras más de la misma índole, hacen acto de presencia para que Bosé se involucre con el temario nostálgico. Con “Amiga”, por ejemplo, aprieta los párpados para impedir que las lágrimas crucen sus mejillas justo cuando las nubes de tela visitan el suelo. Afortunadamente, el intérprete está capacitado para hacer a un lado la melancolía en un par de segundos para así pedirle consejos a un personaje muy cuco que siempre sale con un truco: “Don diablo”.
Una vez que los recuerdos se han ido, el cantante elige “Sevilla” para levantarse e iniciar el baile. Así, por momentos se encima la piel de un torero sin capote y por otros la de un samurái sin espada; pero todo el tiempo adopta la postura de un conquistador sin clemencia. Quien ha llegado es el “Amante bandido” que todas esperaban, el del corazón salvaje y estepario que lame poemas caídos de tus labios. Aquél a quien apodan Papito, el afortunado que invita a Ana Torroja al escenario para, tras sujetarla con firmeza de la cintura, decirle “Morena mía” y confesarle que planea llevársela al infierno tras descubrir que como ella nadie sabe hacer café.
“México, por siempre te amaré. Lo que ha pasado esta noche permanecerá durante mucho tiempo dentro de nuestros corazones”; el también actor prepara así su despedida, no sin antes interpretar “Si tú no vuelves”, definitivamente el tema más celebrado por una audiencia dominada por el sexo femenino que, a la salida del foro, intercambia impresiones acaloradamente. Porque mientras unas prefieren al intrépido sin mesura que baila “Bambú” en el centro de la pista de baile; otras se quedan con el tierno enamorado que se confiesa vulnerable en “Te diré”.

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

En realidad, todas vuelven a casa satisfechas y conscientes de que, tal como su ídolo predijo ante el micrófono, cada detalle de esta noche permanecerá en sus pechos por un buen rato; al menos el tiempo que resistan las embestidas de la lavadora las camisetas que ya compran a las puertas del Auditorio.

Los amigos célebres
Luis Miguel Delchi González Bosé ha tenido, desde su nacimiento, la fortuna de vivir rodeado de personajes célebremente talentosos. Su padre, el torero español Luis Miguel Dominguín, y su madre, la actriz italiana Lucía Bosé, decidieron que el padrino de su hijo sería el cineasta Luchino Visconti, mientras que para la hermana del cantante escogieron a Pablo Picasso.
Por otro lado, Ernest Hemingway era un buen amigo de la familia. Criado en un ambiente así, muy pronto Miguel haría a un lado el perfil con el cual arrancó su carrera, a fines de los setenta, para abordar una nave carente de anclajes que se internaría en el mar con la edición de Made in Spain, un álbum editado en 1983 con canciones de Carlos Berlanga y Nacho Canut y cuya portada fue trazada por Andy Warhol. (A.G.C.)



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