lunes, 5 de noviembre de 2012

La última de los Haussmans: Decadencia jipi

Foto: National Theatre de Londres

National Theatre de Londres presenta / 5 de noviembre, 2012 / Función única / 

2:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.–Embajada Británica en México

Fernando Figueroa
El título de este melodrama, The Last of the Haussmans, se refiere a lo que podríamos llamar el último numerito de una familia inglesa disfuncional, cuya matriarca es Judy (Julie Walters), simpática anciana anarquista que vive en una deteriorada casa de campo, dentro de un exclusivo fraccionamiento donde los demás colonos no tienen problemas económicos.
El gran problema de los otros se llama Judy Haussman, quien casi siempre está bebiendo alcohol y en ocasiones es capaz de insultar a los vecinos con ayuda de un magnetófono. Su mejor amigo es Peter (Matthew Marsh), un médico que le es infiel a su esposa con Libby (Helen McCrory), hija de Judy.
Libby tiene una hija adolescente, Summer (Isabella Laughland), y ambas viven temporalmente con Judy. La relación entre ellas es algo parecido a una guerra civil, que se agudiza con la visita de Nick (Rory Kinnear), el hijo gay de la anciana.
La última de los Haussmans es el feliz debut como dramaturgo de Stephen Beresford, quien tiene una trayectoria importante como guionista de televisión. El Daily Mail ha dicho que en esta obra el autor disecciona a los descendientes de los jipis sesenteros con la misma agudeza que Chejov a la aristocracia zarista. En ambos casos se trata de personas desmoralizadas y decadentes que huyen hacia la nada.
Como es costumbre en los montajes del National Theatre de Londres, las actuaciones son soberbias. Julie Walters (Educando a Rita, Mamma Mía!, Harry Potter), crea un personaje entrañable que provoca ternura, compasión y muchas carcajadas. Ella trata de combatir un cáncer con una combinación de juerga y meditación hindú, mientras sus hijos planean cómo repartirse la casa cuando muera.
En 2011, Rory Kinnear interpretó con gran convicción al personaje central de un Hamlet contemporáneo, y ahora hace lo mismo con un homosexual que vive en permanente conflicto. Al autor se le podría reprochar que Nick es un gay demasiado estereotipado, pero Kinnear cumple de manera sobresaliente al encarnarlo con gran talento y muchísima gracia.
Helen McCrory está genial como la madre soltera que busca el amor inútilmente, mientras que el maduro Matthew Marsh y la adolescente Isabella Laughland cumplen satisfactoriamente con sus importantes papeles secundarios. Taron Egerton como Daniel luce muy poco porque a su personaje le falta solidez en la trama (un joven nadador que se enamora de Libby y que entusiasma a Nick).
La mano del director, Howard Davies, se nota sobre todo en el buen manejo de actores, mientras que la escenografía (Vicki Mortimer) retrata acertadamente la decadencia de la casa de los Haussmans, al igual que la iluminación de Mark Henderson.
“Bienvenidos a la casa jipi de los horrores”, dice con sarcasmo el crítico inglés Quentin Letts. En efecto, el retrato de Stephen Beresford causa espanto, pero al mismo tiempo decenas de risas nerviosas.
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