sábado, 10 de noviembre de 2012

La tempestad: Magia, ficción y realidad

Foto: The Metropolitan Opera


Ópera en vivo desde el Met de Nueva York / 10 de noviembre, 2012 / 
Función única / 3:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
Desde hace mucho tiempo estaba programada La tempestad, de Thomas Adès (Londres, 1971), como parte de la temporada de ópera 2012-2013 del Met de Nueva York. Sin embargo, quién iba a pensar que, a finales de octubre, la Gran Manzana sufriría los embates del huracán Sandy, y que entonces la temática de la obra resultaría tan inquietante para el público del Lincoln Center.
Basada en la obra de William Shakespeare, con libreto de Meredith Oakes, se narra la historia de Próspero (Simon Keenlyside, barítono), un hombre que ha sido depuesto como duque de Milán y que ahora domina una isla gracias a los poderes mágicos que aprendió en múltiples lecturas. Apoyado en esas habilidades, provoca el naufragio de sus enemigos políticos y los hace encallar en sus dominios.
Próspero vive con su hija Miranda (Isabel Leonard, mezzosoprano), quien se enamora de Ferdinand (Alek Shrader, tenor), hijo del Rey de Nápoles (William Burden, tenor), quien también gobierna en Milán.
Próspero tiene como aliado(a) incondicional a Ariel (Audrey Luna, soprano), un travieso espíritu andrógino que cumple cualquier orden de su amo. Por el contrario, Caliban (Alan Oke, tenor) es un habitante de la isla, casi irracional, que desea a Miranda e intenta destruir a su padre. 
Próspero quiere venganza, pero a final de cuentas es un buen tipo y se conforma con dar un escarmiento a sus visitantes, incluido su traidor hermano, Antonio (Toby Spence, tenor). Los hechizos del personaje principal se topan con pared cuando él intenta acabar con la relación entre Miranda y Ferdinad, pues el amor es más fuerte que todo.
A partir de este clásico de la literatura universal, Thomas Adès creó “una de las óperas más inspiradas y audaces de los últimos tiempos”, según The New York Times. Por su parte, New York Magazine sentencia: “La creación de Adès es un recordatorio ejemplar de por qué debemos ir a la ópera”.
Esta Tempestad no es una obra fácil de digerir, pues carece de las típicas arias melodiosas que perduran en el tiempo; más bien se trata de un conjunto de recitativos que crean una atmósfera densa, la misma que el autor considera necesaria para transmitir emociones y sentimientos relacionados con la traición, la venganza, el perdón y el amor.
Adès compuso la ópera pensando que su compatriota Simon Keenlyside debía estar al frente del reparto. Lo escogió “por sus dotes vocales sublimes y porque es un artista que proyecta vitalidad; no visualizo a Próspero como un anciano; él no ha estado pensando todo el tiempo en la decrepitud, simplemente acaba de pasarle por la mente el concepto de la fugacidad de la vida”, dice el compositor.
En el intermedio, Keenlyside comenta que se asustó cuando vio la partitura por vez primera: “es una joya muy bella, pero muy difícil de cantar”. En eso coinciden Isabel Leonard y Alek Shrader, quienes forman una pareja con guapura estilo Broadway, aunque también poseen el talento suficiente para estar a la altura de todo el elenco.
Audrey Luna y Alan Oke salen airosos al representar personajes tan singulares como Ariel y Caliban; ella se desplaza como gato por el escenario y luce el don de la coloratura, aunque algunos expertos consideran que el autor le exige demasiados gritos; por su parte, él emana una recia personalidad y cumple vocalmente con extrema facilidad.
La producción es del imaginativo Robert Lepage, quien tuvo la feliz de idea de transformar una parte de la isla en La Scala de Milán, introduciendo así el concepto de ópera dentro de la ópera. Hay que destacar que el maestro Sergio Vela, en la plática introductoria, comentó que Shakespeare depositó en Próspero el mensaje de su retiro del arte, disfrazándolo con la renuncia a la magia por parte de ese personaje. Se podría hablar en este caso de hechizos circulando infinitamente en los vasos comunicantes de la historia del arte.

Precocidad artística
Thomas Adès nació en Londres, el 1 de marzo de 1971, y sólo tenía treinta y tres años cuando se estrenó La tempestad, el 10 de febrero de 2004, en el Covent Garden, con él mismo al frente de la orquesta (igual que hoy en el Met). Y si esto es un ejemplo claro de su precocidad, qué decir del hecho de que su primera ópera la compuso a los veinticuatro años: Powder Her Face, que ha sido montada en diversas partes del mundo.
Para explicar cómo creó La tempestad, Adès comenta: “Alguna vez, desperté en medio de la noche y pensé que podía hacer una ópera con esa historia de Shakespeare. Luego quise desechar la idea, pero fue imposible. Es una obra llena de referencias musicales, y la intangibilidad de algunos personajes tiene una inspiración netamente musical”.
El desarrollo de la obra lo explica así: “Se trata de una unidad indivisible. La tormenta inicial refleja la tortura y el dolor de Próspero, que se manifiesta en la naturaleza y en la música. Una vez que han salido esas emociones, las notas y la acción se transforman en un mar más tranquilo”.
Thomas Adès define La tempestad como una ópera sinfónica: “La música no es sólo un acompañamiento de la historia, sino una realización, una visión del mundo, una esfera; al menos eso espero que sea”. (F.F.)
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