martes, 6 de noviembre de 2012

Hombres G: Soltarse y pelo y recordar

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

6 de noviembre, 2012 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Production, Entertainment & Ticket System, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Ninguno ha escapado de las garras del tiempo. Éste les ha dado unos cuantos zarpazos en sus cabelleras para dejarlas con líneas blancas que se asoman como heridas de batalla. Sin embargo, la vestimenta de cada uno permanece intacta; pareciera que, como antaño, David, Dani y Javi han salido de casa para dirigirse al colegio y que, a cambio de mochilas, han decidido colgarse guitarras; mientras Javi, en lugar de lápices, prefiriera baquetas.

Respecto a la música de ellos, los Hombres cuyo apellido es la séptima letra del alfabeto, bueno, ésta también ha cambiado. Hoy, con los amplificadores apagados y cuatro banquillos aguardando, se encuentra arropada con guitarras acústicas y una serie de invitados, cada uno recibido con besos y despedido con efusivas palmadas. Tal como si de un cambio de uniforme escolar se tratase, el cancionero parece ser el mismo, sin embargo, resulta claro, su talla no es la misma. El primero en tomar el micrófono es Miguel Bosé, y sus pasos son seguidos por Dani Martin, Mikel Erentxun y las hermanas Hanna y Hashley (Ha*Ash). Del acompañamiento mesurado de las chicas en “Temblando”, se pasa a la interpretación agresiva de ex líder de Duncan Dhu con apenas “Un par de palabras”. Ellas, así como Martin, crecieron escuchando los discos de los madrileños; mientras que Erentxun y Bosé se advierten como cómplices en la carretera. Ambos bandos, finalmente, resultan ser fans de los autores de “En la playa”.
Luego de ejecutar “una de las canciones más bonitas” de su repertorio, “Te quiero”, el conjunto escapa tras las cortinas que escoltan el escenario para volver, ya de pie y con la electricidad como aliada, acompañado de una confesión osada: nunca hemos sido los guapos del barrio. “El ataque de las chicas cocodrilo” habla de mujeres que sueltan mordiscos y hacen llamadas telefónicas anónimas, así que su arribo significa que ha llegado la hora de echar por la borda las tonadas tristes y hacerse un propósito firme: “Voy a pasármelo bien”.
Sí, hurgar en la vieja agenda telefónica y hacer unas cuantas llamadas para concretar la promesa que muchos han planeado desde que el día arrancó: me he jurado a mí mismo que no dormiré solo. Quizá los españoles anden a la caza de “Una mujer de bandera”, esa señorita musculosa a quien espían en el gimnasio; o tal vez busquen a aquella a quien le gritan “Suéltate el pelo” y luego, si quieres, el sujetador. Lo que es seguro es que, al escuchar la gritería que provoca entre el público femenino una serie de temas con un perfil así de desfachatado ―acompañado, además, del lanzamiento de prendas íntimas al escenario― se comprende por qué el sector masculino parece portar un pegote en su frente: “Dejad que las niñas se acerquen a mí”.
Una vez que Summers entona “Visite nuestro bar”, apodada como “una vieja canción de borrachos”, seguida de “Martha tiene un marcapasos”, interpretada a capela por la audiencia, parece sentirse en el ambiente esa despreocupación que solía vivirse a diario, cuando los años noventa se miraban tan lejanos como las aulas de la Universidad. Esto ocurre debido a que los temas que hoy pasan lista retratan sonrisas empapadas de cerveza, amigos, libros garabateados con nombres sin fecha de caducidad, calles solitarias y recuerdos entrañables. Por eso Italia se asoma como el lugar ideal para escapar, como ese punto idílico casi tan exótico como “Nassau” y lo suficientemente prometedor como el futuro de un adolescente cuya única meta es untarle polvos pica pica a ese rival de amores que ya lo tiene hasta la banana. 


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Vamos juntos hasta Italia, quiero comprarme un jersey a rayas, pasaremos de la mafia, nos bañaremos en la playa, reza “Venecia”. Y todos preparan sus maletas mientras corean la despedida, seguros de que un jet supersónico con destino a su época adolescente los espera impaciente afuera, con el motor encendido, justo a la orilla del Paseo de la Reforma. 


Más allá del punto G
Tras su disolución en 1992, luego de editar Historia del bikini (producido por Colin Fairley, reconocido por su labor con Nick Lowe, Rory Gallagher y Elvis Costello), Daniel Mezquita, Rafael Gutiérrez y Javier Molina se mantendrían cerca de la música; en las oficinas de un sello disquero, al mando de su propio grupo y como dueño de un bar, respectivamente.Sin embargo, fue David Summers quien atrajo la mayor cantidad de miradas con el arranque de un andar solitario que a la larga arrojaría tres álbumes con material inédito: David Summers, 1994; Perdido en el espacio, 1997; y Basado en hechos reales, 2000. Para fortuna de sus fans, antes de reunirse de nueva cuenta con sus compañeros, en 2002, visitó regularmente el cancionero G, como puede escucharse en el par de discos que conforman En directo desde el Metropolitan, 1998, donde el cantante recuerda temas seminales en su carrera, como “Lawrence de Arabia”. (A.G.C.)

Programa
En la playa / Lo noto / Te vi / Te necesito / Si seguimos así / Un par de palabras / Huella en la bajamar / Con Ha*Ash: Temblando / Te quiero / Voy a pasármelo bien / El ataque de las chicas cocodrilo / Una mujer de bandera / Me siento bien / El último baile / Si no te tengo a ti / Un minuto nada más / ¿Qué te hecho yo? / Dos imanes / Dejad que las niñas se acerquen a mí / ¿Qué soy yo para ti? / Indiana / Nassau / Suéltate el pelo / Visita nuestro bar / Marta tiene un marcapasos / Venezia / Sufre mamón.



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