viernes, 23 de noviembre de 2012

Emmanuel: Receta para sentirse vivo

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

Tour Toda la vida / 23 de noviembre, 2012 / Función única / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.


Alejandro González Castillo
¿De qué material está hecha la vara con la cual suele medirse la altura de los intérpretes? Es decir, ¿aquella famosa regla que verifica estaturas artísticas es de un acero tan duro como el de un cancionero a prueba de tiempo; o es de madera tierna y verdosa, como la de los temarios que se aprovechan de la maleabilidad de un corazón inmaduro? Procurando llegar a una conclusión inmediata, ¿será posible hablar de la aleación de ambas materias una vez que se recurre a un cantante como Emmanuel?

Porque él, Jesús Emmanuel Acha Martínez, ha puesto su cabeza a la altura de toda clase de ramaje a lo largo de una carrera, donde lo mismo ha visitado baladas para heridos de muerte que tonadas para encender la pista de baile de los más eufóricos frívolos. Así que nadie podría sorprenderse una vez que se entere del alcance de un listado de temas que lo mismo atrae los recuerdos de un hombre adolescente que los anhelos de una mujer que ansía un futuro promisorio una vez que su pasado le ha otorgado sapiencia; y qué decir de las expectativas de una jovencita que recién descubre las rutas que ofrece un laberinto llamado Amor. 
Ahí, en el escenario, se encuentra un hombre que desde los años setenta ha abordado todos esos capítulos y emociones en la vida de los amantes, por eso se le aplaude sin medida apenas habla de ese “Corazón de melao” que lo tiene alborotado, pues brinca, salta y baila como un trompo de medio lao. 
Como si de una faena en la plaza se tratara, la audiencia responde sin mesura ante cada uno de los movimientos de un intérprete que se debate entre adoptar las evoluciones propias de un novillero frente a la bestia de los cuernos o las de un casanova cazador en una discoteca de los años ochenta. En realidad, cada testigo decide cuál de esos perfiles le conviene celebrar, porque el catálogo de temas de su ídolo es lo suficientemente robusto. Por eso, lo mejor es recurrir a los popurrís para así evitar que alguien escape del recinto con quejas en la boca. En ese sentido, “Todo se derrumbó”, “Bella” y “Tú y yo”, por ejemplo, concentran en unas cuantas rimas, y en menos de diez minutos, años de oficio. 
Con el calendario a su favor y cada una de sus páginas celebradas igualmente en las frecuencias de AM como de FM desde hace décadas, el artífice del conteo hacia el pasado apunta que su aliento le sabe a hiel. Sin embargo, El Bola entiende perfectamente que puede hacer lo que le venga en gana con sus seguidores pues, tras él, una corpulenta plantilla de músicos reafirma los aciertos de sus canciones. Así que puede darse el lujo de sentarse en un banquillo durante “Este terco corazón” ―un tema que siente melancolía al recordar a alguien que ha dejado abandonado, llorando en la Alameda― y luego recorrer las manecillas hacia adelante para celebrar con bailes, palmas y trompetas “Sentirme vivo”, un repaso de las bondades que trae consigo la vida en pareja, y luego recordar cándidamente, con aliento de clarinete, tonadas de los años veinte con “El rey azul”.
Ya sin saco y con los pechos de sus seguidores entre sus puños, el cantante asume que los últimos suspiros de la noche se acercan. Por eso elige “Al final” como el cerrojo ideal para una cita plena de trovadores nocturnos, de soledad angustiosa y presagios solitarios; de inventores íntimos e intimidantes. De ilusiones sin sol.

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional
A la salida, no falta quien extienda sus extremidades apasionadamente, tal como su ídolo hizo desde el escenario; así, enseñando dónde puede localizarse el material con el cual se constituye la talla de un intérprete. Porque ahí, entre antebrazos y bíceps, entre cuello y estómago, huesos y latidos, habitan los aplausos. Y basta un pequeñísimo esfuerzo muscular para que éstos nazcan de la nada y pongan a Emmanuel tan alto como se merece.

Verónicas y naturales
Se le ha visto en escenarios de Los Ángeles, Miami, Nueva York, Las Vegas y México compartir micrófono con celebridades como Joe Cocker, Plácido Domingo, Lionel Richie, Rocío Dúrcal y Tina Turner (con la última, incluso, protagonizó un comercial televisivo que promocionaba cierta marca de refrescos). Sin embargo, el hijo del matador Raúl Acha Rovira y la cantaora de flamenco Conchita Martínez se ganó sus primeros aplausos sin una sola tonada como aliada; sino con un capote.
Como novillero, una faceta no del todo conocida, Emmanuel se jugó la vida ochenta veces en cosos mexicanos y españoles hasta que una cornada lo orilló a reflexionar respecto a su oficio y decidirse, finalmente, por el canto. Así, apadrinado por Pedro Vargas y El Heraldo de México, con 10 razones para cantar (1976) debutó discográficamente. Aquél fue el arranque de una carrera que, a la fecha, ha arrojado más de treinta millones de copias vendidas, y sigue la mata dando: a medio concierto en el Auditorio Nacional, se le entregó triple disco de platino por altas ventas de Acústico en vivo. Edición especial. (A.G.C.)

Programa
Corazón de melao / Si ese tiempo pudiera volver / En otra vida / Bella señora / Este terco corazón / El rey azul / Popurri / Eres tanto / Amor sincero / Con olor a hierba / Tengo mucho que aprender de ti / El día que puedas / Toda la vida / La vida caminaba / Sentirme vivo / La chica de humo / La última luna / Al final.


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