sábado, 10 de noviembre de 2012

Ely Guerra: Virtuosismo al desnudo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

10 de noviembre, 2012 / Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Sinaí Pantoja

David Cortés
La luz desciende, se torna tenue y su rostro apenas se ilumina. A lo lejos, es difícil adivinar cada una de sus facciones; sin embargo, no es necesario llevar a cabo semejante esfuerzo, pues nadie ha venido a constatar lo obvio: la belleza de Ely Guerra.
Los aquí reunidos hemos sido convocados por otra razón. Hoy, la cantante se desnuda, hace a un lado el caparazón instrumental, el trabajo de su banda de acompañamiento y se enfrenta a sus feligreses armada únicamente con su guitarra y voz.
Ella ha trabajado con fervor, devoción, y su esfuerzo está fuera de duda. En realidad, Ely no necesita probar nada, pero le gustan los retos y esta velada es una prueba de ello. Las canciones, esos temas que sus seguidores eligieron vía las redes sociales, esos éxitos que se han acumulado poco a poco, hoy se entregan sin maquillaje, sin arreglos, y lo primero en advertirse es que aun en su esqueleto, éstas se sustentan. Cierto, son objeto de una transformación, pero la esencia se mantiene incólume, casi es posible palparla; si con su grupo son manifestaciones de vida, sin vestido se tornan comunicados íntimos, odas al amor, el erotismo, la seducción.
La atmósfera es muy relajada, la Guerra, como le gusta llamarse, pronto rompe las ataduras. Y a partir de ese instante, el concierto fluye como una fiesta de tintes bohemios entre amigos.
Antes de cada canción hace pequeñas introducciones, cuenta la génesis de las mismas, bromea, avanza fragmentos y se contiene para luego adentrarse de nuevo en ellas. Hay un momento en el cual, sabedora de tener todos los hilos bajo control, Ely abandona el micrófono y comienza a cantar a capella. En ese instante el aire se torna muy ligero y podría cortarse con una navaja; los asistentes contienen la respiración, los ruidos se minimizan y al final la demostración de virtuosismo vocal se premia con una de las ovaciones más largas de la noche.
Así, con historias que se desmadejan y el relato de anécdotas, transcurre el tiempo y a cada tema Ely se torna más emotiva. Su voz, sobre la cual ejerce un perfecto dominio, se cuela por los poros, por la médula, hace estragos en las emociones de los aquí convocados, mismos que se quejan cada vez que la vocalista amaga con despedirse.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

El colofón llega sin piedad, pero los fanáticos de la tapatía lo aceptan no con resignación sino con la satisfacción de quienes han vivido una noche única y han sido partícipes de esa comunión, de esa fusión, inigualable, entre músico y público.


2 comentarios:

victoraguila dijo...

de los mejores conciertos que he asistido, desde Honduras con amor para Ely Guerra

Carmen dijo...

EXCELENTE RESEÑA....ESTUVE AHI Y TIENE RAZON, DE LOS MEJORES CONCIERTOS DE MI VIDA :D

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