miércoles, 28 de noviembre de 2012

Billy Martin and Wil Blades Duo: Tristeza, felicidad y vitamina B3

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Tour Shimmy / 28 de noviembre, 2012 / Función única / 

3:05 hrs. de duración / Promotor: Christopher Todd Clouser


Julio Alejandro Quijano

Primero dolor y luego alegría. Enseguida tristeza y después paz. Billy Martin, Wil Blades, Todd Clouser y Alex Otaola arman un rompecabezas: su marco es el alma de quienes los escuchan, y las piezas son las emociones que provocan durante el concierto.

Clouser y Otaola son acompañados por Arturo López Pío, artista que realiza fugaces dibujos sobre una laminilla de plástico y que son proyectados al fondo del escenario. Con la etiqueta de invitados, cuando estos tres artistas aparecen para abrir el concierto, se crea una sensación de asombro: Clouser y Otaola con sus guitarras, y Pío con… ¿un frasco de tinta?
“Una niña que se convierte en un panteón que se convierte en migrantes que cruzan la frontera que se convierte en la cama en la que duerme la niña que se convierte en un monstruo que se convierte en sus padres a los que no encuentra”. Así crea Pío, inventando de paso el oficio de dibujante jazzista. Inclinado sobre su laminilla, escucha lo que tocan Otaola y Clouser, quienes a su vez miran lo que dibuja Pío. Si un espectador hubiera apuntado el resultado, sería una lista como esta: angustia, miedo, muerte, pobreza, metamorfosis, Kafka, tristeza, energía, destrucción, renacimiento.
Todd Clouser se encarga de armar las piezas tremendistas (su guitarra siempre está enojada o a punto de bajarse del mundo) y Alex Otaola le da forma al optimismo. La última pieza de su rompecabezas tiene tres lados: el primero es el dibujo de Pío, una ventana que mira hacia donde sale el sol; otro es la guitarra de Clouser, que da la idea de que ese sol no va salir y el mundo será para siempre oscuro; y el tercero es la guitarra de Otaola, con la certeza de que habrá un día soleado. A los escuchas les toca escoger.
Igual de emotivos resultan Billy Martin y Wil Blades, aunque en su caso lo que predomina es el equilibrio: no hay tragedias. Martin es un baterista con más de dos décadas de trayectoria, y Blades un organista al que todas las publicaciones se refieren como “joven promesa del Hammond B3”. Se unieron hace dos años y resultaron el dueto perfecto: el Hammond B3 suena con el impulso juvenil de quien trata de reinventar (o por lo menos revolucionar) el jazz, y la batería va detrás de él, a veces para jalarlo y otras para empujarlo hacia la obsesión de todo jazzista: la improvisación.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Están de gira para presentar su primer disco, Shimmy, y es notorio que tanto en la grabación como en vivo, sus visiones de la música encajan. Dice Billy Martin que “la improvisación no es azar; no se trata de tocar jazz como si aventara una moneda al aire sin sabe si cae sol o águila”. Y según Blades, “a la hora de improvisar no importa la perfección, sino la respuesta de la audiencia”. Así, mientras el Hammond B3 se desboca tratando de arrancar emociones del público, la batería calcula de qué lado va a caer esa improvisación.
Si, al igual que con Otaola, Clouser y Pío, alguien se ocupara de anotar el resultado final, sólo habría una palabra: felicidad.


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