sábado, 10 de octubre de 2009

Tosca: Una ecuación con muchas estrellas y varias incógnitas

Foto: The Metropolitan Opera

Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 10 de octubre, 2009 / 
Función única / 3:17 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C. 


Gustavo Emilio Rosales 
En ocasiones la liebre —se sabe— escapa de la caza y no por eso el cazador entra en pecado. Esto sucede hoy en el Met, cuando hasta los espectadores menos formados en cuestiones operísticas nos percatamos de que existe un divorcio entre los decorados, el trazo de la acción y las consignas dramáticas de movimiento con el magnífico desempeño de la soprano finlandesa Karita Mattila, del tenor argentino Marcelo Álvarez y del barítono de Georgia George Gagnidze, quienes luchan por superar la endeble propuesta de dirección escénica del suizo Luc Bondy. 

La guía orquestal de Joseph Colaneri, sustituto del director titular del Met, James Levine, quien está ausente por un daño muscular en la espalda, resulta sólida y ayuda a que los protagonistas hagan valer su acción psicológica por medio del canto y trasciendan así una dinámica física entrampada en poses melodramáticas y ambientes escenográficos que padecen incoherencias de estilo y pobre definición teatral. 
Marcelo Álvarez, con personalidad y poderío vocal, impulsa el desarrollo de la obra. Como se dice en el argot escénico, el cantante sudamericano se encuentra “en personaje”: por tres horas es Mario Cavaradossi, quien pinta mujeres voluptuosas en el interior de una iglesia y ayuda a esconderse, aun con riesgo de su propia vida, al prófugo Angelotti, ex cónsul de la República de Roma, quien huye del temido Scarpia, jefe de la policía romana. Firmemente, el tenor adopta el temple de quien enfrenta la tortura y los celos desbocados de su amante —Floria Tosca— con valor. Meritoriamente, recibe la ovación de rigor al interpretar el aria cumbre “E lucevan le stelle”. 
Por otra parte, George Gagnidze, como Scarpia, logra sacudirse la apariencia de malvado de caricatura que la producción le ha trazado, para ganarse al público con su brillante desempeño actoral en el Te deum, que es el pasaje que marca el primer gran momento de conflicto en esta ópera. Menos afortunado resulta para él el inicio de la segunda parte, donde las demandas escénicas lo colocan deleitándose con tres prostitutas bastante impresentables, lo que le implica hacer una transición histriónica considerable para pasar de ser un sibarita algo vulgar a convertirse en el representante de un orden político que busca, a toda costa, imponer las lógicas del poder por sobre los derechos de los ciudadanos. 
Mattila, quien evidentemente ha hecho un dedicado trabajo de mesa en el análisis de Tosca, determina el tono de los pasajes dramáticos más intensos y, aunque su canto aquí no porta esa aura extraordinaria que ostentó anteriormente en Salomé, lograr calibrar los cambios de temperamento que exige su papel y pasa de la histeria de una dama celosa, que en todo observa las huellas de una improbable infidelidad, a la desesperación de la amante que agoniza al saber que su pareja esta siendo torturado. La adopción del lance violento que la llevará a asesinar a Scarpia y la desesperación que padece al constatar que Mario Cavaradossi muere en un acto de traición son sus dos más grandes momentos en el presente montaje. 
Así, con una dedicación analítica, además de las requeridas aplicaciones vocal y actoral, Karita Mattila consigue superar el reto de Tosca, que consiste en mostrar el itinerario psicológico de una mujer que es toda obsesión y frivolidad a un individuo que no vacila en matar para defender aquello que constituye su fundamento existencial. La ópera está situada cien años antes de su estreno, cuando Napoleón, a quien se le creía derrotado, vence a los austríacos en la batalla de Marengo y se enfila a impedir la restauración del antiguo régimen absolutista representado en la obra de Puccini por Scarpia. 
Sin duda, el compositor italiano y sus libretistas decidieron que todo en Tosca reflejara el ambiente enrarecido de las grandes pugnas por el poder, en las que el individuo pierde la noción de sus valores esenciales. Renée Fleming, la virtuosa cantante y ahora conductora de estas transmisiones en vivo desde el Met — que, con esta ópera da inicio a su temporada 2009-10 — señala en uno de sus comentarios que “se trata de una de las más complejas composiciones operísticas, ante la cual es imposible permanecer indiferente”. 

La importancia de llamarse Tosca 
Giacomo Puccini, uno de los pioneros del automovilismo en Europa, escribió esta ópera con la colaboración de sus principales libretistas: Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, quienes, para escribir el texto correspondiente, se basaron en el drama La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887, en un montaje protagonizado por la legendaria actriz Sarah Bernhardt. 
Puccini asistió al estreno del montaje teatral y quedó prendado de la historia: vislumbró en ella la inspiración necesaria para escribir una ópera que igualara o superara en dimensión artística a La Bohème. No le fue fácil adquirir los derechos de la pieza y, después de hacerlo, tuvo constantes altercados con los libretistas, quienes presentaban pareceres distintos entre sí y muchas veces contrarios a la voluntad del maestro italiano. Al final, la composición se estrenó con gran éxito en el Teatro Constanzi, de Roma, el 14 de enero de 1900. 
Pese a que el desempeño del tenor merece en ella las arias principales, Tosca es un papel favorito de las sopranos líricas y spintos, al grado de que representa el reto máximo de quien aspire a ser Diva. 
Las más famosas Toscas han sido Hariclea Darclée, su primera intérprete; Gina Cigna, Eva Turner, Maria Jeritza, Claudia Muzio, Maria Caniglia, Montserrat Caballé, Leontyne Price, Renata Scotto, Birgit Nilsson, Galina Vishnévskaya, Eva Marton y, la más famosa de todas, María Callas. 
Entre los Cavaradossis paradigmáticos están Miguel Fleta, Beniamino Gigli, Jaume Aragall, Franco Corelli, Carlo Bergonzi, José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti. 
Scarpia es un personaje que demanda ser interpretado por un cantante con altas dotes histriónicas, su más famoso ejecutante ha sido Tito Gobbi, uno de los principales barítonos italianos. 
Tosca debe ser la principal pieza de repertorio en cualquier Casa de Ópera, de acuerdo con el canon no escrito en el ámbito correspondiente. Sin embargo, el Met, que albergó las interpretaciones de La Callas y Gobbi, y dispuso más de veinte años de la producción de Franco Zeffirelli, considerada como un hito de la creación escenográfica, fracasó al apostar por la nueva versión del director de escena suizo Luc Bondy. De forma unánime, la flamante propuesta fue rechazada por los críticos y gran parte del público. (G.E.R.)
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