domingo, 29 de junio de 2014

Otelo: Maldad, celos y silencio

Foto: The Metropolitan Opera.


Ópera en vivo desde del Met de Nueva York / 28 de octubre, 2012 y 29 de junio, 2014  / 
Función única / 3:25 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
Desde hace cuatrocientos años, el Otelo de William Shakespeare se asocia de manera automática con los celos del personaje central, pero en realidad el gran tema de esa obra es la maldad de Yago, tal como lo señaló el maestro Sergio Vela durante la charla introductoria en el Lunario.

En este caso, la ruindad está asociada con otro ingrediente fundamental: el silencio de Emilia, quien funge como asistente de Desdémona y (pequeño gran detalle) esposa de Yago. Podría decirse que Emilia guarda silencio por temor a su marido, pero el miedo no justifica su involuntaria complicidad; ella está en contra de la estratagema de Yago, pero no hace nada por detenerlo.
Con este tipo de disquisiciones, la gente sale del Auditorio Nacional luego de presenciar una estupenda representación de Otelo, la ópera que Giuseppe Verdi (1813-1901) compuso a partir del libreto en italiano de Arrigo Boito.
La combinación Shakespeare-Verdi-Met se traduce felizmente en una conmovedora e inolvidable puesta en escena, que condensa lo mejor de las bellas artes en el terreno de las grandes ligas. La historia del moro de Venecia que pierde la cordura y mata a su esposa, azuzado por la intriga del malévolo alférez, fue la base argumental para que Verdi compusiera una ópera que contiene algunos de los pasajes más exquisitos en la historia de la música.
La producción de Elijah Moshinsky es muy conservadora, pero en este caso se agradece que no haya experimentos que atenten contra la memoria de un par de genios del calibre de Shakespeare y Verdi. La escenografía y el vestuario recrean opulentas y tradicionales imágenes de la clase gobernante del siglo XV, en uno de los dominios venecianos (Chipre).
En ese micro universo se desplazan con maestría el tenor sudafricano Johan Botha (Otelo), el bajo-barítono alemán Falk Struckmann (Yago) y la soprano estadounidense Renée Fleming (Desdémona). Aunque Botha se desempeña con eficacia en el papel protagónico, la lucha por la supremacía vocal y actoral se da realmente entre Fleming y Struckmann, decretándose un empate técnico porque la perfección ronda en ambos casos.
Renée Fleming conmueve hasta las lágrimas con “La canción del sauce” y, sobre todo, el “Ave María”, cuando alcanza una sutileza que casi la hace levitar. Por su parte, Struckmann se convierte en la encarnación del mal en todas sus apariciones, especialmente en el momento en que interpreta “Credo in un Dio crudel”, el anti Credo por antonomasia. La dirección orquestal de Semyon Bychkov, sobria e insuperable.
Durante el intermedio, Fleming comentó que ha interpretado este papel desde 1994 y que, con el paso de los años, ha tratado de darle más fuerza de carácter: “Desdémona tiene ideas propias, pero su caída se produce por el exceso de confianza; ella cree que Otelo la ama lo suficiente como para creer finalmente en su inocencia”.
Renée Fleming es una de las grandes divas del Met y de las transmisiones HD vía satélite. A Falk Struckmann nunca se le había visto en la pantalla del Auditorio Nacional, pero puede decirse que su debut fue arrasador; el papel de Yago es una gran oportunidad para consagrarse y él simplemente la aprovechó. Los aplausos finales para ambos fueron de igual magnitud tanto en Nueva York como en la ciudad de México.
El caso de Johan Botha merece mención aparte, pues su gran corpulencia rompe con los nuevos estereotipos de la ópera, sobre todo a partir de su difusión masiva. Algunos críticos de Estados Unidos piensan que su físico le resta credibilidad a la galanura de Otelo, mientras otros destacan el hecho de que, afortunadamente, obtuvo el papel sólo por la potencia y flexibilidad de su voz. Sin duda, la presencia de Botha como Otelo en el Met es la saludable excepción a una regla no escrita del casting.
Asimismo, hay que destacar el talento del tenor Michael Fabiano (Casio), quien posee un cuerpo pequeño y una voz monumental. Renée Tatum (Emilia) tiene muy poca participación vocal; lo suyo es el ominoso silencio.

Enmendando la plana
Durante la charla introductoria en el Lunario, el maestro Sergio Vela externó una idea temeraria: “Dramatúrgicamente hablando, el libreto de la ópera Otelo es superior al original”. Tesis que unos minutos después quedaría demostrada con la producción del Met.
El texto de Arrigo Boito prescinde del primer acto de la obra de Shakespeare; inicia con la llegada de Otelo a Chipre, en medio de una tempestad que le sirve a Verdi de entrada triunfal, con la orquesta y coro a todo vapor. La anécdota y la música arrancan en la cúspide y ese vértigo jamás decae.
Vela también comentó que Giuseppe Verdi había compuesto 26 óperas ―”geniales más de la mitad de ellas”― y ya se sentía completamente retirado de las composiciones de gran aliento; habían pasado tres lustros desde el estreno de Aída en El Cairo y luego en Milán. Sin embargo, el editor Giulio Ricordi se las ingenió para que Verdi y Boito trabajaran juntos en el regreso del gran genio de la ópera.
La primera función de Otelo se llevó a cabo en el Teatro alla Scala de Milán, el 5 de febrero de 1887, con un éxito rotundo. Verdi estaba de regreso y aún tendría cuerda para componer Falstaff (1893). (F.F.)
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