sábado, 13 de octubre de 2012

El elíxir de amor: Belleza más vino tinto

Foto: The Metropolitan Opera

Ópera en vivo desde el Met de Nueva York / 13 de octubre, 2012 / Función única / 
3:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa

Con solo verla, Nemorino (Matthew Polenzani) se enamora de Adina (Anna Netrebko), quien en ese momento lee un libro acerca de la historia de amor de Tristán e Isolda. Al público del Met y del Auditorio Nacional les sucede algo parecido porque el talento, la belleza y el carisma son tres elementos imposibles de ignorar, sobre todo cuando están instalados en una misma persona, como en el caso de la soprano rusa.
El problema de Nemorino consiste en que no sabe ocultar sus sentimientos ―además de que es pobre y analfabeto―, y por ello es presa fácil de Adina, una mujer coqueta a la que le gusta el juego del gato y el ratón.
Al enterarse de que Tristán conquistó a Isolda con una poción mágica, Nemorino le pide al charlatán Dulcamara (Ambrogio Maestri) que le venda un remedio similar. Lo que recibe es una botella de vino de Burdeos, que resultará eficaz gracias a la ayuda del azar: Nemorino se convierte en heredero de la fortuna de un tío y eso lo hace atractivo para muchas mujeres, quienes se enteran de ese giro de la fortuna antes que el propio beneficiario y que Adina.
Para encelar a Nemorino, Adina está a punto de casarse con el sargento Belcore (Mariusz Kwiecien), pero finalmente comprende quién es el verdadero amor de su vida; a ella no la mueve el interés económico porque es terrateniente, pero no soporta que Nemorino tenga otras pretendientes.
A grandes rasgos, tal es el argumento de la ópera cómica El elíxir de amor, de Gaetano Donizetti (1797-1848), con libreto en italiano de Felice Romani, que se desarrolla en la campiña italiana de principios del siglo XIX.
Anthony Tommasini, el crítico de The New York Times, se congratula de que “el Met haya tirado la cursi producción de 1991” y ofrezca una nueva puesta en escena “elegante y perspicaz”, a cargo de Bartlett Sher. También cae rendido ante la presencia escénica de Anna Netrebko (“transmite fácilmente los aires de prima dona de Adina”); afirma que su voz cada día tiene más cuerpo y poder, aunque advierte algunas dificultades en los pasajes de coloratura.
Mientras Netrebko luce solitaria en el único papel femenino importante de esta ópera, Matthew Polenzani (tenor) y Mariusz Kwiecien (barítono) se enfrascan en un gran duelo vocal e histriónico por el amor de Adina. Sin embargo, en escena son arrasados por Ambrogio Maestri (barítono), quien en todo momento parece un vendedor de dudosos remedios medicinales, un pillo tan simpático que sería capaz de vendernos el Coliseo romano a precios de ganga.
La escenografía (Michael Yeargan) y el vestuario (Catherine Zuber) se perciben conservadores, aunque en este caso como una virtud porque sirven de vehículo perfecto para crear el ambiente bucólico en el que se desarrolla la trama. No se necesita mucha imaginación para estar en el campo, en medio de los jornaleros y la hermosa dueña de la tierra. La sobria dirección musical corre a cargo de Maurizio Benini.
En el intermedio, Matthew Polenzani declara algo que cualquier espectador intuye: “Anna (Netrebko) no sólo es una de las mejores sopranos de nuestro tiempo, también es quien tiene más puestos los pies en la tierra, de entre todos los colegas que tengo el placer de conocer”.
Tras bambalinas, Netrebko luce simpática y humilde, como es su costumbre (antes la vimos en Anna Bolena, Manon, Don Pascuale y otras funciones HD Live del Met). En esta ocasión comenta que desde hace una década interpreta a Adina, “una mujer fuerte, un personaje al que adoro”.
El productor Bartlett Sher considera a Netrebko “un espíritu libre con el que nunca se sabe hasta dónde va a llegar, sino hasta el ensayo general”.
Cuando la conductora Deborah Voigt le pregunta a Polenzani en qué piensa cuando interpreta el aria “Una furtiva lágrima”, él bromea diciendo que su mente se va con Plácido Domingo y Pavarotti, pero luego rectifica entre risas: “Pienso en que Adina lloró”.
Al público, que aplaude a rabiar al final de la representación, desde ahora le será difícil disociar a Adina de Anna Netrebko.

Bel canto y Comedia del Arte
En la charla introductoria, celebrada como es costumbre en el Lunario del Auditorio Nacional, Sergio Vela destacó la manera magistral como Gaetano Donizetti conjugó, en El elíxir de amor, las mejores cualidades del bel canto con la tipología de la Comedia del Arte.
Recordó que tanto Donizetti como Rossini y Bellini se encargaron de darle sustancia dramática al bel canto, pues antes de ellos los argumentos de ese género operístico podían ser despedazados por los caprichos de los intérpretes, quienes eran capaces de introducir arias de otras obras sin que vinieran mucho al caso.
En El elíxir de amor, Adina equivale a la Colombina de la Comedia del Arte; Nemorino es el Pagliacci o Pierrot; el doctor Dulcamara es Balanzone; y Belcore: Spavento.
El maestro Vela resaltó que Donizetti fue un compositor muy prolífico que compuso 75 óperas y 16 sinfonías, además de cientos de otras pequeñas piezas; El elíxir de amor lo creó en tan solo dos semanas, y se estrenó con gran éxito el 12 de mayo de 1832, en el Teatro de la Cannobiana, en Milán. (F.F.)
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