miércoles, 19 de septiembre de 2012

Led Zepagain: La canción es la misma



Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

19 de septiembre, 2012 / Función única / 1:50 hrs. de duración / 
Promotor: Main Event México S.A.


Alejandro González Castillo
Chasquea los dedos y tartamudea hasta completar la palabra baby como si en eso se le fuera la vida; se trata de Robert Plant, un tipo que se queja debido a que su chica cuenta con una fama de “Heartbreaker” que lo tiene fuera de sí. A su izquierda está Jimmy Page, un guitarrista de pantalones acampanados con dragones bordados en los muslos que apunta con el brazo de su instrumento al público, quien esquiva sus disparos zigzagueando entre los punteos del bajo de John Paul Jones; un hombre de modos sobrios si éstos se comparan con los de sus colegas, especialmente con los de John Bonham; el único baterista que en lugar de baquetas empuña árboles con los cuales, además, apalea a “Moby Dick”.
¿Qué clase de música toca este cuarteto? “Rock and roll”. Así de simple. Es el cantante quien explica que desde hace veinte años es así para luego moldear en el aire una bola de fuego que arroja a cada instrumento toda vez que su voz se calla para que el “Black Dog” ladre. “Ésta es la mejor música del mundo”, advierte, como si hiciera falta recordárselo a ellos, quienes cantan con él “Living Loving Maid (she’s just a woman)” mientras beben y repasan mentalmente cada una de las portadas de esos discos que escuchan religiosamente en casa; ya sea la del anciano que carga leña, aquella del dirigible en llamas, esa del hombre con sombrero acodado en una barra o la que muestra a una pandilla de pilotos aéreos. 
Desde la primera nota pisada por Jimmy, el Lunario está a merced del vértigo que produce el cancionero de Led Zeppelin; sin embargo, el arribo de “Dazed and Confused” significa permanecer durante quince minutos en el ojo del huracán, pues es entonces que Page toma un arco propio de violinistas para emular el sonido de un viento salvaje preparado para arrasar con todo. De pronto, todos se encuentran en el Madison Square Garden en 1973, presenciando uno de los conciertos más legendarios en la historia del rock & roll. A nadie importa que en realidad sean Swan Montgomery, Jim Kersey, Steve Sukowsky y Jim Wootten quienes se caracterizan como los autores de “Whole Lotta Love” porque el verdadero Jimmy se coló hace ocho años al camerino de éstos, en el House of Blues de Hollywood, para adular su trabajo y darles su bendición; una estrella de la fortuna que Led Zepagain porta devotamente, tal como hace ese viejo de ropaje arcano en el interior del volumen IV de la discografía de los ingleses. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Así, en medio del vendaval, lejos de resguardarse en casa la audiencia celebra su subida a la fuente de la catástrofe. Gustosa, pisa cada escalón de su “Escalera al cielo” pues, con el mismo esmero que aplica a su vestimenta, cada recoveco sonoro es reproducido con precisión asombrosa por el grupo que tiene enfrente. Bajo las leyes de “The Song Remains the Same”, esta noche nadie imita a nadie porque, como la letra de dicho tema indica, hay que permitir que las canciones dirijan al escucha a los viajes más disparatados. Hoy, Bonham ha resucitado para que Page, Jones y Plant choquen sus manos una vez más. Y eso debe celebrarse.



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