sábado, 29 de septiembre de 2012

Allison: Rabia a toda velocidad

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


120 k/h / 29 de septiembre, 2012 / Función única / 
1:40 hrs. de duración / Promotor: Alejandro Enríquez Peña 

Alejandro González Castillo
Allison forjó su reputación en espacios underground al lado de grupos que ―tal como Manolín Ávila (bajo y voz), Abraham Fear Jarquin (guitarra), Diego García (batería) y Erik Canales (voz y guitarra)― no ocultaban su admiración por combos especializados en ejecutar una especie de punk que, lejos de arrojar escupitajos al sistema, lanzaban rimas amorosas para las chicas más lindas del barrio.
Para el cuarteto, desde su nacimiento en 2002, “I Wanna Be Your Boyfriend”, de Ramones, operó como un instructivo de uso si de acercarse a sus instrumentos se trataba. Ésa, su capacidad para manufacturar suaves canciones de amor con picos en los compases es lo que atrae hoy a sus fans, quienes celebran la presentación de 120 km/h. 
Con un par de álbumes detrás ―Allison (2006) y Memorama (2008)―, el grupo demuestra que su paso de los foros subterráneos a los premios MTV fue dado, literalmente, de un salto, en buena medida gracias al sitio myspace, donde los entonces adolescentes convocaron a las carretadas de escuchas que esta vez entonan “Memorama” con la rabia propia de quien descubre frente al monitor de su computadora que la chica de sus sueños, de pronto y sin aviso, lo ha eliminado de su lista de amigos.
“Estuvimos fuera de los escenarios dos años ―comenta Erik―, pero durante ese tiempo hubo mucho crecimiento dentro de nosotros”. Y para certificar que su catálogo de sonidos se ha ampliado, toma la guitarra acústica e interpreta a solas “Luna amarga”, un tema que, según su propio autor, desearía nunca haber escrito, pues las lágrimas que le provoca dificultan la concreción de sus versos.
Desarmado por la confusión que le provoca pasar de “Porque te amo” a “Ya no te amo”, y sin saber del todo si se trata de canciones con rabia o de tonadas para acompañar la rabieta, el público celebra apretujado frente a los amplificadores su adolescente indecisión cuando “Dímelo otra vez” lo toma por sorpresa. Entonces, la urgencia por hacerse uno con los músicos lo acerca de modo tal al escenario que el guitarrista y cantante, así como el bajista (a quien su madre critica por teñirse el cabello de azul), deciden arrojarse hacia la multitud para así consumar la velada. 

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

El desalojo del foro cuenta con tintes épicos: una maraña de brazos sostiene al par de valientes, quienes sonríen desde las alturas mientras Abraham arroja puñados de plumillas al público. Una niña le muestra a su amiga lo que atrapó en el aire y juntas gritan de emoción pues esa herramienta, triangular y diminuta, se transformará en el objeto más querido por la chica de largo fleco y pantalones ajustados; incluso desplazará a la camiseta ―con el nombre de su cuarteto favorito en el pecho― que está a punto de comprarse a las puertas del Lunario.


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