viernes, 3 de agosto de 2012

Monroy Blues: Feeling potosino

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


3 de agosto, 2012 / Función única / 
2:40 hrs. de duración / Promotor: Luis Monroy Rivera


David Cortés

Ésta, a juzgar por el telonero, no es una noche común. Los asistentes han acudido a la convocatoria de un concierto de blues; sin embargo, al apagarse las luces, aparece un mago que lleva a cabo algunos trucos que no dejan de causar asombro.
Poco a poco, los integrantes de Monroy Blues, hasta llegar al número diez, suben al escenario y lo mejor empieza cuando aparece Martha Monroy, una cantante que, de inicio, guarda reminiscencias con el estilo vocal de Janis Joplin, pero que luego deja ver ciertas influencias de gospel y soul.
Pero Monroy Blues, a pesar de su nombre, no es una banda tradicional de ese género musical. Originarios de la Huasteca potosina, ellos se apegan a la tradición de figuras como Robert Johnson o Ellmore James; pero también gustan de la música tradicional mexicana como el huapango, y de la canción vernácula, lo que habla de un híbrido que la agrupación ha recogido en doce discos (incluida una recopilación).
Hay una mezcla que por instantes resulta muy ecléctica, una alquimia libre en donde a una base de blues se le agregan las síncopas del jazz y los ritmos latinos cercanos a la cumbia o la salsa. En su repertorio incluyen versiones libres en español de clásicos como “Hoochie Coochie Man” y no dudan en intercalar en ella frases de la canción “Allá en el Rancho Grande”; pero lo que para muchos sería un desafío a la ortodoxia, hoy es acogido por el público con jolgorio y alegría.
La sección de cuerdas añade drama a algunas composiciones; en otras ocasiones enfatiza el dolor y el sufrimiento de las separaciones amorosas, y cuando se antoja que hay un descenso en las emociones, se recurre a un boogie. Si algo tienen estos ritmos de cuatro cuartos, es su capacidad de levantar los ánimos y encender una mecha allí donde no había posibilidades de conflagración.
Hay un desfile de invitados (armónica, violín, un marakame huichol que toca la guitarra como si fuera Hendrix, un pianista). Y lo mismo se pasa del “Querreque”, a una versión muy sentida de “La Llorona”. No falta un blues ranchero, una canción que está a medio camino de la cumbia y el jazz. También reaparece el mago con sus trucos, pero ahora en medio de una interpretación y lo hace justo cuando el guitarrista proyecta uno de sus mejores solos de la noche.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Al final, la banda en pleno acomete un potente blues que nos recuerda el porqué de nuestra presencia allí y de la fuerza de este género nacido en la opresión, pero que jamás ha dudado de la importancia de hacerle un lugar a la alegría.



1 comentario:

FRAN dijo...

Sin mas! lo deben repetir! Felicidades Martha y Luis! Gracias a la Huasteca por traernos Calidad En toda la Expresion!

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