sábado, 4 de agosto de 2012

Aldo López-Gavilán: Árboles en el cielo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


4 de agosto, 2012 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Magnos Comercializador de Eventos - FUAAN Financiera, S.N.C.


Alejandro González Castillo
De Alemania a Rusia y de Austria a Brasil, de Estados Unidos a Colombia y de Alemania a Suecia, el talento de Aldo López Gavilán ha traspasado las fronteras de su natal Cuba con la ayuda de una discografía breve (En el ocaso de la hormiga y el elefante, Stream-X, Talking to the Universe, Aldo López-Gavilán en vivo y Soundbite) donde ha dejado marcada la magnitud de su zancada durante una carrera artística cuyo disparo de salida se escuchó cuando contaba apenas con doce años de edad, en un recital con la compañía de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.
Egresado del londinense Trinity College, esta noche Aldo permite que se asomen ideas que rondan su mente al momento de sentarse al piano; advierte: “tengo una imagen muy clara en este momento: árboles flotando en el cielo”, para luego confesar que la pieza que está a punto de ejecutar aún no ha sido bautizada, así que permite que un título tentativo cruce su cielo boscoso: “De todos los colores, y también verde”. De esta manera, dos de los músicos que lo acompañan, Luis Izquierdo (bajo) y Ruy Adrián López-Nussa (batería), atienden cada gesto de su guía, quien aletea sonriente entre nubes, volteando ocasionalmente hacia atrás para cerciorarse de que sus acompañantes lo sigan hasta ese “Green Sky” donde es posible que Izquierdo tome la delantera con su pulso funk.
Para certificar que el trío gusta especialmente “de los tragos refrescantes” ―“incluso, somos redundantes al respecto”, explica―, “Whisky con soda”, “Maracuyá” y “Caipirinha me” intercalan compases con sorbos ayudados de Robertico Martínez, quien pasa del saxofón al clarinete, del bossa al son y del pop a la samba mientras los reflectores insisten en bañar el escenario con tonos verdes hasta que el pianista se deshace de su saco para “abordar las espirales y contraposiciones del universo”, con “Talking to the Universe”. Según su autor, se trata de una pieza “complicada a nivel espiritual”; sin embargo, de igual forma luce demandante para la masa encefálica debido a su matemática precisión.
Tras exponer la agilidad de sus falanges, el del cabello rizado se queda a solas sobre el escenario, relajando sus músculos con un tema dedicado “A mi hermanito querido” para luego adular a “Marzo” con una composición para “la primavera y su calor”. Así, parece que los compases apresurados y las melodías intrincadas han quedado atrás, pero el arribo de “Viernes de ciudad”, con una disonante exploración a las entrañas del piano, trae consigo el regreso del trote urgente que desconoce de aceras y semáforos, así como de junglas y playas, porque lo suyo es perseguir ese estado de éxtasis que sólo se obtiene una vez que se demanda al ejecutante su máximo esfuerzo. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

“Estamos un poco sofocados por la altura”, confiesa López-Gavilán antes de abrazar a sus colegas y ofrecer dos reverencias al público que lo despide de pie. El compositor sabe que, tal como a él le sucede, la audiencia tiene “la bomba a full”. Por naturaleza, afortunadamente los amantes del jazz cuentan con corazones sanos; de no ser así, el Lunario tendría está noche a varios clientes del cardiólogo planeando una cita para mañana temprano.



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