martes, 26 de junio de 2012

Su Mercé / Botellita de Jerez: Ska, risas y guacarrock

Botellita de Jerez. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Con-cierta independencia / 26 de junio, 2012 / Función única / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.C.N.


Alejandro González Castillo

Si los Sex Pistols hubieran nacido en la Lagunilla durante los años ochenta, seguramente su sonido se asemejaría al de Botellita de Jerez, aunque muy probablemente no insertarían fragmentos del temario de Banda Machos en sus canciones y mucho menos, a estas alturas de sus vidas, se mofarían entre sí de sus arrugas. Porque el punk inglés, tan arrogante, jamás contempló las risotadas entre compases; en México, afortunadamente, y con un sexenio de retraso respecto a Europa, la situación fue totalmente distinta.

“Art Nacó desde 1983”, se lee en las espaldas de Francisco Barrios (bataquería), Sergio Arau (vihuela eléctrica) y Armando Vega-Gil (tololoche). Es decir, hace casi treinta años que estos charroquers, ataviados como cantores vernáculos de brazos tatuados y ojos delineados, enfundados en mezclilla y portando tenis con espuelas, inventaron el guacarrock, un término que dejaría satisfecho al más sesudo de los críticos que asegure que el rock mexicano no existe.
Con más de una decena de discos editados a la fecha, un falso rockumental titulado Naco es chido y la temporal partida y posterior “arrejunte” de Arau, el trío cuenta con elementos para autodenominarse sexagenario, aunque sea debido a que le “encanta el sexo”. “Si muero de un paro cardiaco, advierte Sergio, les pido por favor que corran el rumor de que la causa fue una sobredosis”; “¡pero de ácido úrico!”, responde Armando, quien es señalado por Francisco cuando éste le solicita que sea cuidadoso con sus movimientos, tan propios de un rockstar, pues su “diálisis se le asoma entre las ropas”. 

Su Mercé. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Lo advirtieron los integrantes de Su Mercé, el combo encargado de abrir la velada con son, batucada, cumbia y ska: quienes ocuparían su lugar bajo los reflectores “ya están viejitos”; sin embargo, nada dijeron sobre su excelente condición física. Adornadas con coreografías, albures al por mayor y chistes pintados de todas las tonalidades, “Saca” “Te gusta a ti ese son”, “Ton’s qué mi reina, ¿a qué hora sales al pan?” y “Alármala de tos”, provocan que “el espíritu de Hendrix” se apodere del guitarrista, quien se revuelca en el suelo para luego, al igual que el bajista, ofrecer su instrumento en sacrificio a “El tlalocman” con la tonada del “Guacarrock de La Malinche”. Entonces, las conchas en los tobillos, los penachos de colores llorones y las caracolas ―inservibles, comparadas con las propiedades melódicas de un envase para cerveza― conducen al público directo al éxtasis para así acompañar al combo con un antiguo grito de batalla, el final ideal para una cita como ésta: “¡Viva México…!” Y mejor así lo dejamos, con puntos suspensivos, porque todos ya sabemos cómo termina la cantaleta.





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