viernes, 15 de junio de 2012

Fire of Anatolia: Sultanes de la Danza

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

15 al 17 de junio, 2012 / Cuatro funciones / 2:00 horas de duración / 
Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.


Fernando Figueroa
Denominada también como Asia Menor, la península de Anatolia es una región turca delimitada por los montes Tauro y los mares Negro, Egeo y Mediterráneo. La historia de sus asentamientos humanos se remonta cuatro mil años, aunque destaca la existencia del poderoso y longevo Imperio Hitita en torno al siglo XV (A.C.).


Aquél era un universo en el que se alternaban largos periodos de paz y guerra. Textos ceremoniales del siglo XIII (A. C.) recrean procesiones de esa época: “Las mujeres van adelante, como también los bailarines y las meretrices del templo, portan antorchas encendidas… el dios va detrás y lo conducen hacia el bosque”. 
En el siglo IV (A.C.), Anatolia fue conquistada por Alejandro Magno; luego siguieron gobiernos helenistas, romanos, armenios, bizantinos y otomanos, con presencia de migrantes musulmanes, asirios y chechenos, entre muchos otros. Esa historia le dio a la zona un rico carácter multiétnico, aunque en gran parte del siglo XX (D.C.) fue espacio de guerras intestinas con heridas que aún no cicatrizan.
El coreógrafo Mustafa Erdogan quiso dar su aporte a la búsqueda de la paz en esa región y se dio a la tarea de crear una compañía que, a través del arte, enviara un indeleble mensaje de igualdad y fraternidad. Fue así que en 1999 creó el grupo Sultanes de la Danza, luego de un estricto proceso de selección al que asistieron setecientos cincuenta candidatos, de los que fueron elegidos los mejores noventa bailarines.
Después de año y medio de ensayos, el 3 de mayo de 2001 estrenaron en Turquía el espectáculo Fire of Anatolia, título que luego daría nombre a la compañía. En 2002 realizaron su primera gira mundial y desde entonces no han dejado de recorrer todos los continentes. 
En su primera visita a México, Fire of Anatolia se muestra como el vivo ejemplo de talento, creatividad y disciplina, en un espectáculo que combina bailes folclóricos, ballet, danza moderna y música regional grabada (además de un colorido vestuario de época). Setenta artistas en escena recrean antiguas danzas de Anatolia con ingredientes contemporáneos, en un mosaico que destaca las maravillas de la diversidad cultural.
Se narra una historia que inicia en la montaña eterna Nimrod, cuyo pico alcanza el cielo. Ahí Prometeo entrega el fuego que une a oriente y occidente, pero más tarde Zeus envía a Pandora como símbolo del desastre; la guerra entre el bien el mal se vuelve permanente y acaba con pueblos enteros. Sin embargo, una danza mágica y vertiginosa trae la esperanza de un futuro mejor, que se materializa cuando las mujeres se funden en una sola; los hombres siguen su ejemplo y la paz triunfa en Anatolia y en todo el mundo.
En el programa de mano se lee que Fire of Anatolia “está inspirado en los turcos chamán de Asia Central, zoroastrianos, kurdos yazidíes, danzas musulmanas, del Egeo, del Mediterráneo, de Estambul, de los Balcanes”. Los bailes en grupo suelen ser marciales y de una geometría exacta, aunque no faltan las ejecuciones individuales de altísimo grado de dificultad; ahí está el récord Guiness del rendimiento más rápido en la danza, con doscientos cuarentaiún pasos por minuto, los giros frenéticos, las acrobacias masculinas, la flexibilidad femenina, la seducción, el split.
Entonces se comprende porqué Fire of Anatolia tiene más de tres mil representaciones en todo el planeta y ha sido visto por veinte millones de espectadores (cuatrocientos mil en una sola función, en Eregli, Turquía). 

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Cuando la compañía en pleno se despide, en las pantallas gigantes se funden las banderas de México y Turquía. El público despierta de un sueño en el que hubo batallas con espadas de acero (con todo y chispas reales), luchas multitudinarias cuerpo a cuerpo, llamados a la guerra con tambores, muerte y destrucción. Y un renacimiento en el que vuelven a brillar el sol y la esperanza.

Un coreógrafo singular
Mustafa Erdogan nació en 1965, en Hakkâri; estudió filosofía en la Universidad de Hacettepe, gestión pública en la Universidad de Gazi y una licenciatura en danzas populares en la Universidad de Bilkent, todo ello en Turquía.
En la Universidad de Gazi creó grupos de instructores especializados en danzas folclóricas regionales. Ha publicado varios artículos y ensayos acerca de la historia de la danza en Turquía y es el fundador y director general de Fire of Anatolia, una empresa privada que subsiste sin recursos estatales.
Erdogan ha dicho que el arte de su compañía “es un río que fluye en sentido contrario al origen”, y que no requiere “consultar cerros de piedras o estelas del pasado, ya que todo está presente y vivo en las danzas folclóricas de nuestro país”. Por ello no le parece extraño que Isadora Duncan, para crear sus teorías, haya dirigido la mirada a los mares Egeo y Mediterráneo, donde descubrió que la clave de la danza consiste, simplemente, “en rendirse ante el dios Dionisio”. (F.F.)



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