sábado, 2 de junio de 2012

Enrique Guzmán: Un papá que canta bonito

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Su música y sus recuerdos / 2 de junio, 2012 / Función única / 
1:40 hrs. de duración / Promotor: Showtime de México S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
Más claro, ni el agua: “Quien no ha llegado al Auditorio Nacional, simplemente no ha llegado, y yo es la tercera vez que estoy aquí”, dice tajante Enrique Guzmán, quien recuerda que aquí celebró treintaicinco y cincuenta años de carrera artística (no toma en cuenta presentaciones, en este recinto, acompañado de otros cantantes). Ahora el festejo es por once lustros de canto y aplausos. Las condiciones sentimentales son un tanto adversas, pero el show tiene que continuar.
Cuando el intérprete celebró su fiesta de treintaicinco años, tiró la casa por la ventana; en esa ocasión, invitó con gastos pagados ―según declaró recientemente― a Rocío Dúrcal, Joaquín Sabina y Miguel Ríos, quienes viajaron desde España para acompañarlo unos minutos arriba del escenario. En esa ocasión, también asistieron Manolo Muñoz, Angélica María y Alejandra Guzmán, y todos ellos cerraron la presentación con una interminable y emotiva versión de “Dame felicidad”, mientras don Enrique corría como niño por los pasillos de la zona preferente, dando brincos de alegría.
En el cincuentenario, Alejandra estaba en primera fila de las butacas, y en un momento dado se acercó a darle un beso a su padre. Hoy, a medio concierto, Enrique Guzmán pide que le presten un teléfono celular porque quiere hablar con su hija, internada en un hospital. Se logra la comunicación y ella dice: “Sí te escucho, cántame bonito, papi”. Entonces, él le dedica “Acompáñame” con un nudo en la garganta y alguna lágrima al borde del precipicio. Finalizado este tema, se retira del escenario durante unos segundos; regresa y comenta: “Fui a llorar un rato con mi hija, le hicieron un daño terrible, pero es muy valiente y saldrá adelante”.
Quienes sí están físicamente, confundidos con los fans, son sus compañeros de trabajo en una comedia musical: Johnny Laboriel, Julissa, Roberto Jordán, Benny Ibarra y los Teen Tops, quienes saludan al público. Guzmán aprovecha el momento para recordar que una ex novia, apodada Pichi, lo traicionó con uno de los integrantes del mencionado grupo (con el que se dio a conocer), y en tal conflicto amoroso se inspiró para componer una venganza llamada “Pensaba en ti”: Te quise, es más: también te veneré / pero fui un tonto / me equivoqué / y ahora con niñas, no trataré.
Guzmán sabe que sus admiradores quieren escuchar éxitos, pero es notorio el esfuerzo que hizo por vestirlos con arreglos más dinámicos y alegres. Para eso llamó al director musical Alberto Castillo, quien aquí está al frente de veintidós coristas surgidos del reality show La Academia, cada uno de ellos compitiendo por ser el más entusiasta del grupo. Además, La Banda de Forajidos ―tal como la llama en broma don Enrique― compuesta por cinco metales, guitarra, bajo, batería y dos teclados, que suenan como una gran orquesta.
Enrique Guzmán no sólo sigue siendo un gran cantante, también conserva sus dotes de buen entretenedor. Saluda a fans que viajaron desde América del Sur con el único fin de estar en este concierto; entonces surge el celo localista que se manifiesta a gritos: “Aquí también estamos los de Veracruz”; Guzmán responde: “Ah, es cierto, vinieron cuarentaiséis veracruzanos en dos camiones, que por cierto ya se fueron, ¿cómo se van a regresar?” Eso da pie para que se generalice la mención de entidades mexicanas: “¡Querétaro!”, “¡Morelia!”, “¡Nuevo Laredo!”…
Luego de un recorrido musical por baladas y rocanroles que aquí todo mundo conoce al dedillo, el ex marido de Silvia Pinal se despide declarando amor a sus seguidores, quienes lo hacer volver para un encore con invitado sorpresa. Se trata de una marioneta que hace las veces de “Payasito”: Tienes que sonreír, sonreír, payasito…

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

El público quiere más, pero la estructura del show no da para complacencias de último momento. Además, tal vez el hombre tenga ganas de hacer una nueva llamada telefónica, para llorar a sus anchas, sin límite de tiempo.


Pasta de ídolo
En la página oficial del cantante se dice que, “por azares del destino, nació en Caracas, Venezuela, el 1 de febrero de 1943”, aunque de inmediato fue registrado en la embajada mexicana. Vivió su infancia en ese país y llegó a México cuando tenía doce años. 
En el Deportivo Chapultepec, donde practicaba patinaje sobre ruedas, conoció a los hermanos Jesús y Armando Martínez, con quienes creó los Teen Tops, grupo al que después se unió Sergio Martell. Aunque sólo tocaban en fiestas, se empeñaron en aparecer en un programa de Radio Capital y lograron su objetivo. 
Lo que siguió fue un contrato con CBS, compañía para la cual grabaron dos álbumes, cuando Guzmán aún no cumplía quince años. Rápidamente se convirtió en solista y grabó “Mi corazón canta”, tema con el que aún suele iniciar sus presentaciones. La fama no tardó en llegar y extenderse a varios países de América del Sur y España. Desde entonces, ha grabado más de setenta discos, actuado en una treintena de películas y en varios programas de televisión como eficaz comediante. 
Está escribiendo sus memorias, que serán publicadas de manera póstuma, “para evitar demandas”.

Programa
Mi corazón canta / Te seguiré / Con y por amor / Agujetas de color de rosa / Secretamente / Cariño y desprecio / Tu cabeza en mi hombro / Anoche no dormí / Gotas de lluvia / Pensaba en ti / Lucila / Satisfaction / Popotitos / La Plaga / Hey, Lupe / Ángel de la mañana / Harlem español / Lo sé / Acompáñame / Oye / Las hojas muertas / Dame felicidad / Quiero ser libre / Te necesito / Payasito.



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