viernes, 4 de mayo de 2012

Roberto Carlos: Un amante a la antigua

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional


4 de mayo, 2012 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Showlatin, S.A. de C.V. 


Alejandro González Castillo
Existen frases que, desde hace siglos, han sepultado el sonriente futuro de miles de personas que, enamoradas de la media naranja equivocada, en algún momento de su ácido idilio tuvieron que bajar la mirada tras escuchar siete palabras lapidarias: me gustas mucho, pero sólo como amigo. La amistad, desde esa perspectiva, tiene la utilidad del envoltorio de un chocolate. 

Sin embargo, Roberto Carlos considera que un amigo vale tanto como el amor más apasionado. Aunque no confiesa esta certeza una vez que pisa el escenario ―de hecho, arranca con una serie de temas donde los besos y los abrazos se erigen como sus santos más venerados―, sino que prefiere emitir un hondo suspiro como presentación para luego preguntar “Qué será de ti” y a continuación desmenuzar esos insignificantes “Detalles” que integran la vida en pareja, las bagatelas que, a la distancia, se traducen en cosas muy grandes para olvidar. Nada por lo cual estremecerse, de no ser por el dramático pulso que el intérprete aplica a sus dedos sobre el diapasón de la guitarra, para así volver inútil cualquier intento de resistencia emocional. 
“Esta canción ya no la canto con la alegría de antes; pero sí con más amor”. El cantante se refiere a “Lady Laura”, una melancólica tonada dedicada a su madre que antecede una avezada confesión: “jamás he comprendido la letra del siguiente tema. Nunca he visto un gato azul, y menos en el cielo”. Así, lejos de provocar zapatazos, los lastimeros maullidos de un solitario felino celeste que, por cierto, hace décadas perdió el premio más codiciado en el festival de San Remo, desatan las palmas de un público que encuentra la sustancia del blues en los compases que ejecuta la robusta plantilla de músicos que acompañan al brasileño, todos presentados halagadoramente como “queridos amigos y hermanos”. 
Seguro de que su público gusta tanto del portugués como del español, Roberto intercala ambos idiomas con la misma fluidez que pasa de la triste nostalgia de “Amada amante”, un psicodélico romance sin fecha de caducidad, a la efímera alegría que se siente “Si el amor se va”. Y claro, entre tanto amorío, diversas “Emociones” cruzan la cabeza del músico, quien explica que hubo un punto en su carrera donde tuvo que detenerse a meditar si en sus composiciones ya había visitado todos los recovecos destinados al amor. De esta forma descubrió que jamás había abordado las intimidades de alcoba, así nació “Yo te propongo”; una oda a la entrega carnal que se contrapone con el hambre de cotidianeidad expuesta en “Cama y mesa”. 
Con aplomo galante y conquistador, un ramo de rosas es besado por Carlos para que luego éste arroje, una a una, cada flor al nutrido grupo de fans que se arremolina a sus pies. Alentado por el aroma de los pétalos, le parece sencillo desparecer tras las cortinas del recinto, pero el ídolo aún tiene cuentas que rendir a ese coro de pajaritos que le exige más. 

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

De esta forma, procede a confesar que le gustaría contar con un millón de amigos, una cifra escandalosa a primera instancia aunque, una vez revisadas las ventas de álbumes que ha generado el cancionero de esta noche, nadie duda que el número haya sido superado hace tiempo. De momento, basta con los que hay: unos diez mil escuchas felices de que ese tipo ataviado de blanco asuma una condición que cada vez cuesta más trabajo localizar, la de los que se enamoran a la antigua. Aquellos que con unas cuantas canciones resucitan a quienes que se creían muertos tras enterarse de que eran mejores amigos que amantes. 

Un pie en el rock & roll 
Resulta complicado imaginar a Roberto Carlos ausente de los versos gentiles hacia la mujer, pero más aún ignorando las aterciopeladas baladas que lo han coronado como El Rey de la Música Latina. Sin embargo, basta echar las manecillas en dirección contraria para descubrir que el pasado musical del brasileño se encuentra emparentado con el rock & roll. 
Años antes de que hablara con ternura de “Un gato en la oscuridad”, el cantante demostraba que sabía gritar con el mismo frenesí que The Beatles al ritmo a gogó de “Negro gato”, o que podía moverse con la soltura de Keith Richards al aferrarse a su guitarra eléctrica para ejecutar “Parei na contramao” sobre un coche convertible. 
Sin embargo, el tema que consigue que el intérprete de “Jesús Cristo” luzca irreconocible es “Quero que vá tudo pro inferno”, un tema editado en 1965 donde, sin timidez de por medio, anuncia puntualmente sus necesidades más primitivas: “quiero que me calientes este invierno y que todo lo demás se vaya al infierno”. (A.G.C.

Programa
Emociones / Qué será de ti / Detalles / Desahogo / Lady Laura / Mujer pequeña / Popurri latino / El gato que está triste y azul / Cabalgata / Si el amor se va / La distancia / Popurri de Rock / Como é grande meu amor por voçê / Amigo / Jesús Cristo / Amada amante / Un millón de amigos.






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