viernes, 25 de mayo de 2012

Lupita D’Alessio: Leona vigente

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

25 de mayo, 2012 / Función única / 1:45 hrs. de duración / 
Promotor: Production, Entertainment & Ticket Sistem, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Tal como se señala a una sabandija que se las ha arreglado para colarse a la cocina, así, con desdén, es que el dedo índice de Lupita D’Alessio apunta hacia el suelo una vez que se hace referencia a “Ese hombre”. Naturalmente, ni siquiera vale la pena mencionar el nombre del insecto, aunque éste cuente con una inmensa cola conformada por adjetivos despreciables, todos hoy deshebrados con esmero. Así que ese estúpido engreído, egoísta y caprichoso, payaso vanidoso, inconsciente y presumido, falso, enano, rencoroso debe irse preparando, porque la velada va a ser larga.

“Lo siento mi amor” ataca a aquellos de tacto escarchado que orillan a sus parejas a buscar un amor emergente que, gracias a su naturaleza, debe mantenerse callado, callado. El tema engloba la clase de escenas que Lupita prefiere relatar al acercarse al micrófono, el momento en que el engaño se descubre para liberar un alud de rencores y reclamos. Al parecer, el panorama no podría lucir más oscuro, sin embargo, la cantante sonríe emocionada al decir “qué hermoso se ve esto”, una vez que las luces del recinto permiten apreciar que el boletaje se ha agotado. Así que, definitivamente, esta no es una charla de café entre un par de confidentes, aquí no hay sólo una “Inocente pobre amiga” aplaudiendo tanta sinceridad, sino miles de colegas que, como la intérprete, de pronto descubren que su compañero de alcoba no es más que un cobarde mentiroso, sin valor, sin dignidad. “Mentiras”, las armas preferidas del aprovechado; “Engañada”, la condición de la sufriente.
Para envolver el discurso de Guadalupe Contreras Ramos, un robusto grupo de músicos se encuentra tras sus rugidos, como amansando con dulces armonías el nivel de tensión que provoca esa subasta inmobiliaria denominada “Se vende esta casa”. Algunos de los ejecutantes que ponen certeramente los acentos dramáticos a “Como tú” sobresalen del resto; como ejemplos están Daniel Zlotnick ―quien al mando del saxofón expande los soplos que días atrás compartió con Faust― y Chacho Gaytán, encargado del piano y la dirección de la orquesta; pero son Ernesto y Jorge D’Alessio los que ocupan los pedestales de honor esta noche.
Y no es que los hermanos sean anunciados pomposamente por su madre; de hecho, son los hijos quienes se rinden ante la silueta de su progenitora para ganarse una nutrida tanda de palmas debido a su desenvolvimiento escénico. “Gracias por hacer feliz a mi mamá”, dice el primero tras interpretar “Ni guerra ni paz”, mientras el segundo hace a un lado el teclado para advertirle a la autora de sus días que el retiro no debe figurar en sus próximos planes, pues “éste es tu lugar y ésta es tu gente”.
Con una carga de confesiones sin mesura detrás, a la D’Alessio se le dificulta contener el llanto. Ella misma se asume como una “chillona” antes de anunciarse privilegiada, pues no cualquiera colma “este Auditorio, un monumento, luego de cuatro años de ausencia”.

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

La señora de vestido violeta brillante ha puesto en su boca las palabras que sus seguidoras mantienen en el precipicio de su lengua, negándose a arrojarse al vacío. En ese sentido, “Mudanzas” opera como su “My Way”. Y la audiencia no tiene más que golpear con los puños lo que tenga a su alcance, pueden ser las abrazaderas de las butacas, los muslos o el pecho, una vez que las frases clave del tema arriban: hoy voy a cambiar, revisar bien mis maletas y sacar mis sentimientos y resentimientos todos, borrar rencores de antaño y angustias que hubo en mi mente. Porque incluso los felinos más orgullosos aceptan cuando se han equivocado. “Lo siento mi amor”, pero ya me cansé de fingir se cantó antes, ¿cierto? Así que al final todos gritan “¡Lupe, Lupe!” sin precipitarse del todo porque, ahora comprenden, aquello de “Qué ganas de no verte nunca más” debe ser tomado con reservas cada vez que una leona ofrezca muestras de adormecimiento.

Nuestra Riot Grrrl

Encumbrado como ejemplo de voz entre las mujeres que se quedan mudas ante los atropellos cometidos por sus parejas, el aguerrido rugido de Lupita D’Alessio ha encontrado eco en toda Latinoamérica desde fines de los años setenta gracias a su prolija discografía (alrededor de cincuenta discos), apariciones en televisión (el programa Siempre en domingo fue su más amplio escaparate, aunque también sus actuaciones en telenovelas la hicieron merecedora de aplausos) y especialmente una película, Mentiras (1986), donde, sin tapujos, ofreció detalles puntuales del estado en que se encontraba su corazón. 
La nacida en Tijuana se encuentra hermanada, en ciertos niveles, con una especie de movimiento musical que tuvo lugar en Estados Unidos años después de que ésta sorprendiera por primera vez con su peculiar tono vocal. Durante los noventa, se hablaba de una Riot Grrrl cada vez que una chica se colgaba una guitarra eléctrica para defender su condición sexual, con los atributos y prejuicios que ésta traía consigo. Así, con todo y su espíritu punk acompañado de un discurso acusador, grupos como The Butchies, Bikini Kill y Sleater Kinney pusieron el dedo en una llaga similar a la sufrida por la intérprete de “Ya no regreso contigo”. (A.G.C.)

Programa

Qué ganas de no verte nunca más / Acaríciame / Te estás pasando / Leona dormida / Ya no regreso contigo / Lo siento mi amor / Tiempo de rosas / Ni guerra ni paz / Se vende esta casa / La diferencia / Inocente pobre amiga / De parte de quién / El teatro / Engañada por ti / Esta vez sí se acabó / Aquí estoy yo / Como tú / Ese hombre / Mudanzas / Mentiras.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.