viernes, 11 de mayo de 2012

Franco de Vita: Explorador del corazón

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional



Tour Mira más allá / 11 de mayo, 2012 / Función única / 2:30 hrs. de duración / 

Promotor: Production, Entertainment & Ticket System, S.A. de C.V.


David Cortés
No son los chistes (“vamos a cantar todas las canciones, si falta alguna, ustedes me dicen y yo vengo otro día y la canto”), ni el carisma; tampoco se trata de la selección de canciones y mucho menos es en las destrezas de los integrantes de una banda de diez elementos donde se encuentra el secreto de Franco de Vita. Cierto, su voz, con el paso de los años, aún se mantiene en muy buenas condiciones y los ligeros pasos de baile que lleva a cabo ocasionalmente son suficientes para enardecer a sus acólitos, una multitud conformada mayoritariamente por mujeres.

No, la chispa que detona el todo está en un ingrediente intangible: el timing del concierto. Este timing no radica en que cada uno de los elementos aparezca y desaparezca en el tiempo correcto —que sí lo hacen—, sino en una invisible composición que imprime un excitante dinamismo al show. 
El comienzo es caliente, una profusión de ritmos negros, una intro que sirve de fondo a intelectuales y artistas que aparecen en las pantallas, seguida de un tema con fuerte aroma y sabor a salsa. A partir de ese momento, el venezolano despliega velas y cual navegante experimentado, nos conduce por las turbulentas o apacibles aguas del sentimiento. Y más que un capitán, Franco de Vita es un explorador del corazón, un aventurero que se ha dado a trazar las coordenadas de este músculo y de las vicisitudes que lo rodean.
Cada una de sus canciones, al hilvanarse, nos arrastra por cimas, mesetas y valles. Y en esos accidentes, retrata las arritmias provocadas por la separación, las taquicardias de los abrazos furtivos, las mariposas en el estómago cuando las miradas se encuentran, el sudor, la ansiedad del deseo y las glorias de la consumación.
Y esa totalidad la enmarca en diferentes ritmos. Franco de Vita pertenece a una generación que creció, se formó y delineó sus gustos en la primera mitad de los sesenta, una camada inoculada con los primeros años del rock, pero que, especialmente en el Cono Sur, también bebió de la música folclórica latinoamericana y convivió sin vergüenza con los ritmos afrocaribeños.
Con esos ingredientes, el cantante hace una cocción perfecta. Si bien en su repertorio hay muchas baladas, éstas se bañan con los colores del pop; las guitarras, cuando así lo deciden, acometen solos con tufo a pop metal y hay instantes en los que incluso entablan diálogos en los cuales habla la fuerza. Si es el turno de los metales, éstos inclinan los temas ya sea hacia el funk o hacia la salsa. Y en medio de esta bamboleante cesta, los postres son los invitados especiales. Porque, dirá el intérprete en uno de los momentos más solemnes de la noche: “La música de hoy está muy mal… Hay mucho talento por ahí, tanto arte no se puede perder y en mi tarima siempre habrá espacio para él”.
La primera en subir a esa tarima es la cantante-actriz Kika Edgar, quien canta “Tan sólo tú” a dueto con un De Vita sentado al piano, en una imagen que nos recuerda al músico eternamente enamorado de su musa, pero incapaz de confesar su sentir; le sigue Leonel García, quien además de entonar “Si la ves” junto a Franco, también interpreta a solas una canción propia (“Para empezar”) y recibe espléndidos elogios de su anfitrión. La costarricense Debi Nova, quien colaboró con el venezolano en el disco En primera fila, es la siguiente en tomar por asalto el escenario (“Si quieres decir adiós”, “Por última vez”). Su paso recuerda a una Tori Amos en lo físico y en intención a una Kate Bush; al final, cuando la temperatura es tan caliente como el trópico y la sala está ansiosa por dar rienda suelta a su erotismo, sube Gilberto Santa Rosa a cantar “Te veo venir, soledad”.
Si el público ha tenido suficiente con esto, no lo demuestra; al llegar la presentación de la banda, instante que preludia el inminente final, cuando De Vita nombra a su percusionista y se espera el acrobático solo, éste le dice que ahora canta, ha formado su propia banda conformada por los técnicos de la gira y se hacen llamar Los Valedores de Tepito. Acto seguido, los mencionados desplazan a los músicos y acometen una febril salsa que la estrella de la noche baila decorosamente para beneplácito de los asistentes.

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

Nada es eterno, según dice la sabiduría popular, y el momento del encore llega. De Vita guarda algunas de sus canciones más significativas; pero si bien podría limitarse a dirigir el coro multitudinario, en vez de ello sólo lo aprovecha por momentos, justo allí, cuando la canción demanda ese empuje, esa vitalidad extra. Es una infusión extra de energía que da al cuerpo el empujón definitivo para emprender el regreso a casa tarareando “Fuera de este mundo”, “Cálido y frío”, “Tú de qué vas”, “Te amo”, “No basta”, “Un buen perdedor” o cualquiera de los éxitos recién escuchados.

Un producto de los cincuenta
Franco de Vita nació en 1954 y en los sesenta, cuando aún era un sujeto impresionable, encontró en la música de The Beatles una de sus principales influencias, al grado de que en la canción “Louis” son un referente indispensable para el personaje de la historia: Medio poeta el señor, ha escrito alguna canción / y desde un reproductor los Beatles son su pasión / y sueña con escenarios
Junto al cuarteto de Liverpool también menciona como impulsores de su trayectoria a Billy Joel y Elton John; pero se reconoce admirador de quien fuera cantante de Queen, Freddie Mercury: “Me influyó como cantante, showman, compositor, como un todo”, declaró a El Universal (26 de junio de 2011).
No obstante, su eclecticismo lo aprendió del que fuera su primera agrupación, Corpus, una banda versátil cuya misión era la de amenizar cualquier tipo de festividad. Fue allí donde Franco de Vita tomó una lección que jamás olvidó y que, desde 1983, año en el cual inició su carrera en solitario, pone en práctica en cada uno de sus conciertos: la habilidad para olfatear el estado de ánimo del público e imprimir giros cuando el sopor y el tedio amenazan.
Sus canciones, si bien inclinadas a la balada y especialmente a aquella facturada en la Italia de los años sesenta, también toman elementos del pop (aquí es donde la figura de Elton John se erige como tótem) y de un heavy metal pop cuyo acento principal está en los solos de guitarra y que sin duda es una herencia de su confesa idolatría por Farrokh Bulsara.
James Brown y Stevie Wonder también se hacen presentes, aunque en dosis menores, en la música del compositor venezolano. El primero por el lado del funk, el segundo en su vena más melódica e inclinada al soul. Este par de influencias se entrecruzan constantemente con sus raíces latinas y son las que dotan a sus temas de esa calidez que las vuelve tan íntimas y contagiosas. (D.C.)

Programa
Louis / Fuera de este mundo / Cálido y frío / Tú de qué vas / Tan sólo tú / Y te pienso / Somos tres / Si la ves / La misma / Yo soy latino / Sexo / con Debi Nova: Si quieres decir adiós, Por última vez / Te amo / Si tú no estás / Ay Dios / Popurri: Aquí estás otra vez / Será / Tengo / No se olvida / Ya lo había vivido / Mi sueño / Contra vientos y mareas / Sólo importas tú / No me lastimes / Te veo venir soledad / Traigo una pena / No basta / No hay cielo / Un buen perdedor.


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