domingo, 28 de marzo de 2010

El barbero de Sevilla: Fígaro aquí, Fígaro allá…

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Temporada de ópera para niños / 28 de marzo, 2010 / Función única / 1:38 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C / Arpegio Producciones Arte y Entretenimiento A.C. 



Gina Velázquez
No hay nada más gozoso para un niño que le cuenten un cuento. Escuchar una historia de viva voz es algo a lo que difícilmente podríamos resistirnos. De esta forma, hoy aparece en escena el dramaturgo francés Pierre Auguste Caron de Beaumarchais (Tomás Castellanos), autor de la obra en la que se basó Gioacchino Rossini para componer El barbero de Sevilla en 1815. 

Así, luego de la reconocible obertura, comienza a delinear a los personajes y se plantea la disyuntiva entre tragedia y comedia, decidiéndose por la segunda; a través ella, tal y como defiende Umberto Eco, nos mostrará la verdad ironizada. Es entonces cuando aparece el Conde de Almaviva (Víctor Campos Leal), quien se presenta de la mejor manera: cantándole a su enamorada Rossina (Sandra Maliká). 
No tardará mucho en llegar Fígaro, un personaje que probablemente la mayoría del público ya conocía gracias a las emblemáticas parodias de Bugs Bunny y del Pájaro loco o por las diversas referencias de la cultura popular. Este barbero del pueblo, además de su oficio, saca muelas, cura heridas, arregla matrimonios, etcétera. Con “Largo al factotum”, el barítono Norberto Martínez arranca carcajadas y con su magnífica interpretación se gana al público, siendo esta aria la más aplaudida de la tarde. A partir de aquí, las miradas no se despegarán del festivo personaje. 
Los diversos enredos de esta ópera bufa son acompañados con exquisito virtuosismo por James Pullés al piano. Llega un momento en que Beaumarchais deja de contar la historia y comienza a interactuar con los personajes. También ellos lo hacen con el público, bajan del escenario y cantan desde la primera fila. Por aquí y por allá se escuchan murmullos de emoción mezclados con asombro. Las risas brotan cada vez que Fiorello (Pablo Aranday), el criado de Almaviva, se queda dormido en cualquier posición y circunstancia. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

La boda entre Rossina y Almaviva reúne a todos los actores en escena, y con un ensamble de voces sobresaliente terminan con la Temporada de ópera para niños. Una experiencia, sin duda alguna, enriquecedora para los pequeños que apenas se introducen a lo más celebrado de la cultura universal.
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