miércoles, 23 de mayo de 2012

Brad Mehldau: El arte del trío



23 de mayo, 2012 / Función única / 1:40 hrs. de duración / 
Promotor: Met Productions S.A. de C. V. – FUAAN Financiera S.N.C. 

David Cortés
Piano, contrabajo y batería conforman una de las formaciones clásicas del jazz, y, desde hace unos años, el grupo dirigido por Brad Mehldau, y complementado por Jeff Ballard y Larry Grenadier, parece dominar la escena. Gran parte de la culpa recae en la figura del espigado pianista, un músico que, activo desde los años noventa, ha convertido en causa enaltecer tal formato, cruzada asentada en cinco volúmenes discográficos titulados The Art of the Trio
Si bien el compositor ha tocado con Joshua Redman, Lee Konitz, Charlie Haden, Pat Metheny, Michael Brecker y Wayne Shorter, entre otros, ha sido en solitario o liderando su trío, donde ha alcanzado su mayor proyección. Y bastan unas notas, apenas un breve recorrido de las manos de Mehldau por las blancas y negras, para entender el porqué. Sus dedos poseen el poder de la seducción, el arte del encantamiento; sin embargo, el todo radica en la expresividad del pianista al momento de atacar su instrumento, en esa alquimia que él consigue con su piano al grado de subsumirse y dialogar con él. 
En apariencia, es muy sobrio en sus movimientos, pero su lenguaje corporal es muy importante. Cuando se inclina sobre su piano, a veces excesivamente, ejecuta un cadencioso baile arqueando la espalda, moviendo la cintura hacia los lados. Hoy, el set list va de standards a temas de Cole Porter y Sony Rollins, a composiciones de Ode, su más reciente álbum, una obra de música, dice, “escrita específicamente para que la tocaran Ballard y Grenadier”. 
El arte del trío, como lo entiende Mehldau, también está en dejar hacer, en dar respiración a la música, en abrir los espacios entre las notas y dejar que hable el silencio, como cuando los tres acometen una balada con infusiones latinas. 
Es una noche donde se han erradicado las palabras, pero nadie las necesita. Mehldau habla muy poco, apenas para presentar a sus acompañantes y dar el nombre de algunas de sus composiciones, pero toca desde adentro. Él es el piano, dialoga con las teclas, entabla conversaciones con batería y contrabajo y los tres lo mismo encaran temas lentos de suave vaivén que composiciones a medio tiempo que amenazan con romper, pero que acaban por constreñirse. 
Los tres pueden ser poderosos y dan muestras de ello en sus respectivos solos, pero encuentran mejores resultados en la contención, y Brad lo mismo disfruta liderar que ver a sus músicos entablar una conversación, mientras él observa desde su piano, para después asumir nuevamente la conducción y llevarnos a un país donde seducción y encanto son los ejes centrales de la vida, al menos de esta vida jazzística. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.