viernes, 11 de mayo de 2012

Armando Palomas: Brindis, rock y nostalgia

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


3veces7 / 11 de mayo, 2012 / Función única / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: 
Alejandro González Castillo
“Yo toco igualmente en un cafecito de la Alameda que aquí, en el Lunario”. Es Armando Palomas quien calibra las medidas del foro que hoy aloja a suficientes locos, todos ansiosos por celebrar, brindis tras brindis, ese temario que se interpreta de madrugada y que no discrimina entre un pasodoble y un blues, una quebradita y una cumbia, un bolero y una tonada disco.

Con más de una docena de discos, Armando Jiménez Veloz se ha erigido como un compositor de aguardiente cuya denominación de origen se encuentra lo mismo en peñas a lo largo del país que en cantinas de la más variada estofa. Su entramado verbal es lo suficientemente diverso como para recorrer la carretera del cuerpo femenino y también descabezar a las más aparatosas figuras de la clase política mexicana entre uyuyuys y ayayays. En realidad, el imaginario de Palomas es el cruce de rutas por las cuales ya anduvieron Chava Flores, Rockdrigo y Botellita de Jerez; así como Arjona, Joaquín Sabina y Paco Stanley.
3veces7 es el disco que esta noche Armando presenta ante sus fans, un álbum que, según el de las gafas de pasta, se debate entre el rock & roll y la nostalgia, es decir, se trata divagaciones producidas tras consumir “demasiado licuado de peyote” para luego sintetizarlas en los compases de temas como “Diez varos más”. Y es así, empachado, como el robusto compositor asume satisfecho su pinta de provocador. De hecho, cada que puede lo recalca mientras sorbe generosamente de su combustible y dice salud aceptando su realidad: “soy un bebedor empedernido”. 
Luego de mandar a volar los prejuiciosos con “Una cuarta más abajo del ombligo”, el autor de “La cumbia del clítoris” decide que ha llegado el momento que desde el comienzo advirtió, el de quedarse en calzones. Entonces, lejos de cinturones, El Palomas hurga en sus dudas más ocultas: “¿debería dedicarme a cuidar mi hígado, comprarme un par de zapatos y sentarme a ver la tele?” Su público le ofrece un contundente nooo como respuesta acompañado de decenas de vasos bailando en el aire. “Llevo veinticuatro horas sin dormir, y no me estoy quejando, pero lo hice con tal de que ustedes se la pasaran así como están, poca madre”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Finalmente, el cuarteto de músicos que acompaña al nacido en Aguascalientes es presentado entre aplausos y son los acordes finales de “La canción del mutilado” los que ambientan la despedida de aquél, el tipo que se sale con la suya, en calzoncillos y descalzo, mientras sus fans convencen a los meseros para que éstos les sirvan, ora sí, de verdad, la del estribo.
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