miércoles, 11 de abril de 2012

Atari Teenage Riot: Movimientos telúricos

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

11 de abril, 2012 / Función única / 1:50 hrs. de duración / 
Promotor: Noiselab Productions S.A. de C.V. 


David Cortés
Los sismos en la ciudad de México han sido comunes en días recientes, pero la fuerte sacudida que ahora cimbra al Lunario se debe a una multitud de electro-hardcore-heads que se agitan y convulsionan con el frenético ritmo de Atari Teenage Riot (ATR), banda alemana que se adelantó a su tiempo. 
Hoy, un público muy joven rinde tributo a las huestes comandadas por un hiperknético Alec Empire y complementadas por Nic Endo y CX Kidtronik. ATR se formó en 1992 y un año después Empire, Hanin Elias y MC Carl Crack —la alineación original— fundaron el sello Digital Hardcore, denominación con la cual también se identificó a su música, una mezcla entre el hardcore punk y el techno, una masa de sonidos violenta, agresiva, rápida, estridente y forjada a partir de teclados, cajas de ritmo y otros artilugios de la electrónica. 
Endo se unió en 1996, Elias abandonó en 1999 y Crack murió en 2001 de una sobredosis. Entonces Empire convocó al silencio y la primera década de este siglo ATR la surcó como una leyenda, hasta que en 2010 se dio la reunión y la aparición de Is This Hyperreal? (2011) marcó el reingreso de la banda a las grabaciones. 
Alec Empire porta una camiseta con la leyenda “Keep the Internet free from the government control” y a su grito, el mundo se dispara y los asistente se desbocan. La música gira a muchas revoluciones por minuto, se acelera de uno a 100 en segundos; las secuencias son agresivas, machacantes, estridentes y encima de ellas, Endo y Empire se convulsionan sin descanso. Sólo Kidtronik es más estático, pero su voz se une a la de sus compañeros con igual fuerza. 
En directo ATR es un veloz bólido, un arma de destrucción. Hay algunos toques de rap, destellos de hip hop; pero el todo va por el electro hardcore, por las oleadas metálicas, los beats punzocortantes y las secuencias dislocadas. Si el sonido se escucha actual, vigente, es porque ATR es una banda visionaria y la osadía y la altanería de los noventa apenas da sus frutos. ¿De qué otra manera entender el cuidado con el cual los asistentes mecen a un atrevido Empire que se avienta hacia el público, una, dos veces, y se deja llevar por éste cual si se tratara del oleaje del mar? 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Y si el brutal embate de la música no fuera suficiente, las constantes arengas de Empire y compañía terminan por enardecer a una masa que por más de una hora abandona su civilidad para arroparse en los resabios de una naturaleza animal, y dejarse guiar por sus instintos para encontrar el clímax en un breve y urgente encore.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.