sábado, 31 de marzo de 2012

Sebastián Sánchez y Karla Guzmán: Flamenco sin fronteras

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Encuentros y desencuentros / 31 de marzo, 2012 / Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Mariana Gutiérrez Marmolejo

Rosalinda Palomeque
Manos estilizadas, cuerpo en movimiento, el flamenco con sus cantaores, guitarristas y bailaores brinda en cada pieza una historia de hondos sentimientos que desgarran, que nunca van a medias, son de entrega total. 
Lunario con ambiente andaluz para los bailaores Sebastián Sánchez y Karla Guzmán. Él, artista argentino, alumno de Rafael Amargo, Rafaela Carrasco y Belén Fernández; ella, mexicana forjada bajo la tutela de Mercedes Amaya, Domingo Ortega y La China. Tienen como invitados a tres bailaores más, tres guitarras y dos cantaores. Cada uno tiene su momento. 
Inician Akais Chindos y Natalia Loza. Con ese cantar casi llorado, declaratorio, de Javier Flores El Indio y José Bramasco se fusiona un baile suave, que hace conciencia de cada parte del cuerpo, manos con vida propia, pies que parecen volar en rápidos movimiento; música, baile y canto se amalgaman para explotar en un zapateado que borda la fugaz pasión del momento. 
Con su cante y las cuerdas de las guitarras, el flamenco, como un lamento generalizado, envuelve la atmósfera con la fortaleza física y el sentimiento de dos almas que solas, juntas o acompañadas por alguien más dan vida a esta añeja danza. 
Karla agita los brazos como si fueran alas de mariposa, el movimiento de los dedos bien podría emular el aleteo de un colibrí; se planta segura en mitad del escenario, mira retadora por el rabillo del ojo y enseguida regala un zapateado que roba el aliento. Da vida a una siguiriya. 
Con semblante serio, Sebastián la antecede en escena. Lleva el ritmo con las palmas y el taconeo, sus pies se mueven tan rápido que ganan a la percepción de la vista más perfecta; punta y tacón, tacón y punta en una sincronía infinita. Literalmente, las gotas de sudor vuelan en el aire y el tablao parece temblar. Una mano arriba, abajo, a un lado, al frente, Sánchez marca los puntos cardinales y da por terminada la coreografía de una rondeña. 
Un solo de cante antes del intermedio, un duelo de palmas y guitarra, que culmina con armonía cuando los pies chocan contra el piso. 
Karla y Sebastián regresan, cada quien a su tiempo. Inicia ella con un romance en el que sus muñecas crean flores que abren y cierran; con ademanes dramatiza, revive un reclamo, una traición, una esperanza. 
Karla, con una mantilla azul que contrasta con el bugambilia de su vestido, y Sebastián con una amarilla que se convierte en extensión de sus brazos, él imprime fuerza, ella sutileza. Pasos cortos, largos, manos y pies interpretan el amor, el dolor la pasión y la furia. 
Sigue Sebastián con una soleá por bulerías, sus pies se mueven tan rápido que parecen permanecer siempre en un mismo lugar. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Más cante, más música y más baile, el cierre viene con una coreografía que al inicio tiene por música el simple taconeo, es Sebastián quien empieza y poco a poco se acomodan en el escenario Karla, Akais, Natalia y Ricardo Salgado, arman un ensamble de perfecto dominio del cuerpo. 
Como final, coplas, baile y pasos improvisados; se despiden bailando y cantando sin parar, con un zapateo frenético y un descanso que sirve de agradecimiento. 

Programa 
Alegrías del desencuentro (Akais Chindos y Natalia Loza) / Rondeña (Sebastián Sánchez) / Solo de música (guitarristas Fernando Soto, Christian Talavera y Daniel Pimentel) / Siguiriya (Karla Guzmán) / Solo de cante (cantaores Javier Flores El Indio y José Bramasco) / Romance (Karla Guzmán) / Soleá por bulerías (Sebastián Sánchez) / Solo de cante (Javier Flores El Indio) / Guajira (Akais Chindos y Natalia Loza) / Tarantos (Sebastián Sánchez, Karla Guzmán, Natalia Loza, Akais Chindos, Raúl Salgado).




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