sábado, 17 de marzo de 2012

Ben Williams: Danzar con el contrabajo


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Ben Williams & Sound Effect / 17 de marzo, 2012 / Función única / 
1:40 hrs. de duración / Promotor: NY@MX 


David Cortés
El contrabajista Ben Williams es aún joven, pero eso no le ha impedido llevar a cabo una interesante trayectoria como sideman junto a Pat Metheny, Roy Hargrove, Wynton Marsalis y Terence Blanchard, entre otros, y que como solista cristalizó en 2011 con State of Art, su ópera prima. 

Hoy lo acompañan Christian Sands al piano, Jaleel Shaw en los saxofones y John Davis en la batería, tres músicos que como él traen el jazz a cuestas, pero también saben de funk, hip hop y soul, y de cómo llevar a cabo mezclas sin ocultar la esencia. 
La música de Williams y su grupo es dinámica, posee mucho groove y al mismo tiempo el contrabajista da muestras de un gran sentido melódico, nada edulcorado. La música se desarrolla orgánicamente, se generan diálogos, pero los momentos de mayor intensidad se registran cuando piano, contrabajo y batería establecen una conversación en donde las notas fluyen, se ponen al servicio del ritmo y los protagonismos se hacen a un lado. Es entonces, cuando esta furia y energía se desdoblan, que la noche alcanza sus mejores momentos; piano, bajo y batería se convierten en una máquina única de ritmos que va de las estructuras calientes del funk, a los vaivenes entrecortados de un hip hop que raya en el jungle y en donde ocasionalmente se cuelan atisbos de batucada y otras músicas latinas. 
Las sombras de Herbie Hancock y The Tony Williams Lifetime se insinúan; a veces, la resultante es como una cruza entre Charles Mingus y The Roots, un sonido callejero, urbano, bamboleante, que recoge y retrata el balanceo de la población afroamericana cuando interpreta el rap y que alcanza su clímax en “Little Susie”, una versión a un tema de Michael Jackson a quien Williams califica como “un artista que hizo muchas cosas y todas las hizo bien”, y en “Mr. Dynamite”, una composición dedicada a James Brown. 


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Williams, quien ganó en 2009 la Thelonious Monk Institute International Jazz Competition, se topó fortuitamente con su instrumento cuando tenía seis años y desde entonces esta relación se ha estrechado: “Cuando tocas un bajo, todo el instrumento vibra, casi se siente como el espíritu de otro ser humano. Es como danzar con alguien y estar en total contacto con él”. Ese encuentro se mantiene fructífero y aflora a cada momento, pero es en unos solos concentrados, imaginativos, y al mismo tiempo muy emotivos, que el bajista se muestra como un músico respetuoso de la tradición, pero también deseoso de insuflarle nuevos aires y, lo mejor, que se sabe capaz de llevarlo a cabo. 
No hay encore, ni despedida, los cuatro abandonan el escenario satisfechos, con la amplia sonrisa de quienes vinieron a entregarse y lo consiguieron a plenitud.






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