jueves, 23 de febrero de 2012

Santiago Cruz: Sólo los valientes se enamoran

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


23 de febrero, 2012 / Función única / 1:50 hrs. de duración / 
Promotor: Sony Music Entertainment Mexico, S.A. de C.V. / Day 1 Entertainment Mexico 



Alejandro González Castillo
Lo advierte en la letra de “Qué más da”, la primera canción que interpreta en esta noche que apenas arranca, aunque para él ya merece el calificativo de memorable: No me lo esperaba, que ahora cantes por mí. Y es que las chicas que bajo el escenario se raspan la garganta parecen tener la firme intención de opacar con sus voces la potencia de las bocinas del recinto. 
Incluso antes de que Santiago Cruz tomara el micrófono, los clubes de fans ya se habían hecho notar a la menor provocación, así que ahora que tienen a su ídolo de frente, interpretando “A pesar de mí”, lo menos que pueden hacer es celebrar que éste se confiese enamorado y agradecido con México por “tanta buena onda”. 
Luego de pasar sus primeros diecisiete años de vida en Ibagué, Cruz trasladó sus maletas a Bogotá, desde donde lanzaría su álbum debut, Una y otra vez (2003), cuyo tema homónimo hoy es repasado “con nueva ropita” por parte del quinteto de músicos que acompaña al colombiano, quien no tiene reparos en hacer un listado “de las cosas en que creo, aunque espero que al final de la canción alguien diga: me adhiero”. De este modo, “Credo” (incluida en Cruce de caminos, editado en 2009) sintetiza el perfil acústico del también compositor y de paso sirve como homenaje a Fito Páez, de quien toma los compases finales de “Mariposa tecknicolor”. 
Exaltado, casi ansioso, Santiago encuentra en su guitarra el grillete apropiado para mantenerse cerca del micrófono y así recobrar la calma hasta que Reyli Barba, presentado como “un gran amigo que me abrió las puertas de su casa”, se sienta a su lado para interpretar a dúo un par de canciones, “Tus regalos” y “Te dejaré de amar”, el mejor pretexto para intercambiar risas, anécdotas de “fiestas interminables” y palmadas de agradecimiento. Tras el dueto, y con las baquetas operando como segundero, “6 a.m.” aborda un momento “sublime: despertarse cinco minutos antes que ella para ver cómo la luz de sol recorre todo su cuerpo”. Naturalmente, las fans se encargan de completar cada alto del reloj mientras los músicos que acompañan al cantautor aprovechan para mostrar sus dotes como instrumentistas. 
José Gabriel Ortiz, embajador de Colombia en México, también aplaude los movimientos de su paisano, quien se anuncia proveniente de la tierra del sorgo y la cumbia, del bambuco y el vallenato, aunque en realidad sea el pop romántico el arma elegida por el sudamericano para expresar lo que él mismo denomina un acto de valentía: enamorarse. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

“Gracias Lunario, por permitirme formar parte de su historia, y gracias a toda esta gente por estar aquí”. Ante la inminente despedida sobreviene la exigencia de una más: “Y si te quedas, ¿qué?”, la que consigue que las chicas concreten ese suspiro que lucía inconcluso y que Santiago las invite a seguir cantando con el mismo entusiasmo, ya en la intimidad de casa, “porque una canción está completa hasta que el público la hace memorable”.




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