sábado, 11 de febrero de 2012

Paté de Fuá: Modernidad de los clásicos

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Boquita pintada / 11 de febrero, 2012 / Función única / 
2:10 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 

Alejandro González Castillo
Uno a uno son presentados entre bromas amistosas: un sujeto bipolar (el baterista Rodrigo Barbosa), un filósofo (el vibrafonista y xilofonista Alexis Ruiz), un hombre apodado Natalie Porkman (el contrabajista Jorge Luri Molina) y una momia que reside en Guanajuato (el acordeonista Víctor Madariaga). Todos estos personajes rodean a Guillermo Perata y Yayo González, quienes comparten una mirada cómplice una vez que escuchan la respuesta del público ante su cancionero; una ovación que, conforme los temas van sucediéndose, aumenta su volumen. “Gracias. Se les quiere amigos, a pesar de que hace rato no estábamos juntos”, dice el cantante antes de solicitar el abordaje a “El tren de la alegría”. 

Para los músicos que ocupan el escenario no ha sido sencillo agotar el boletaje de ésta, la noche en la que presentan su tercer álbum, Boquita pintada. Fue hace siete años que Paté de Fuá nació con la idea de fusionar jazz, tango, dixieland, foxtrot, pasodoble y otras cadencias. Música moderna (2008) fue el disco con el que el sexteto debutó para imponer nuevas reglas en la industria del espectáculo en México pues, sin echar mano de las bondades rítmicas y melódicas del pop, adquirió una fiel audiencia que no hizo más que crecer con la aparición de El tren de la alegría (2009). 
Inicialmente, el perfil sonoro del combo lucía arcano. Pensar que alguien sin cabello cano gozara de él parecía demasiado atrevido; sorpresivamente, quienes comenzaron a escuchar sin descanso aquel primer par de discos fueron jóvenes asiduos al rock, justo los que hoy rescatan las canciones cuando Yayo olvida sus rimas. “Se las saben mejor que yo”, indica el también guitarrista para después repasar la historia de “La Lupita”. 
Boinas, sombreros, solapas y chalecos acentúan con efectividad el dramatismo de “El valsecito de Don Serafín”, aunque, como bien dice González, hay siete mujeres por cada decena de asistentes, y son ellas las que prefieren unos cuantos tangos para regalarle algún arrumaco entre copas a sus respectivos acompañantes. Así, tras atestiguar el flirteo bailarín de Molina con su contrabajo y “Amparito”, y una vez que Yayo divaga respecto al amor materno, la amistad entre sexos opuestos y la ira desbocada de un “Celoso y desubicado”, llega el turno de “Canción del linyera”; el punto climático del concierto que aguardaban quienes carecen de guía en la ruta de sus suelas. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Como de costumbre, según afirma el líder del combo, a la salida del foro será posible estrechar la mano de cada ejecutante y llevarse a casa el flamante nuevo disco, claro, acompañado de una firma en la tapa. Con una promesa así, el desalojo del lugar ocurre pronto. Ya se va formando una fila a las puertas del Lunario para solicitar dedicatorias a los ejecutantes. Entre los que esperan, se encuentran algunos que tararean “La colegiala”; aunque la mayoría guarda en los labios la estrofa final de “Sin razón ni despedida”, porque les gusta retirarse con garbo: Y así nos vamos, bajo el ala del sombrero como el ligero vagabundo vuelo de un gorrión.


Programa
Boquita pintada / Esquina de mi barrio / El medallón / A dónde vas / El tren de la alegría / Mujer que te peinas / El fantasma enamorado / Invitación al vals / La lupita / El valsecito de Don Serafín / El soñador / Madre querida / El supermercado / Bas- Aut / La canción del linyera / Serenata / Muñeca / Amparito / La colegiala / The Pulent rag / Celoso y desubicado / Paloma cruel / Nato a Barazra / Ojos brujos / Sin razón, ni despedida

                                                 




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