sábado, 11 de febrero de 2012

Götterdämmerung: El Everest de Deborah Voigt

Foto: The Metropolitan Opera

Ópera en vivo desde el Met de Nueva York / 11 de febrero, 2012 / 
Función única / 6:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 

Fernando Figueroa
Götterdämmerung (El ocaso de los dioses), la cuarta y última parte de El anillo del nibelungo, tiene una duración de cinco horas y cincuenta minutos, pero, al parecer, el público del Met quiere números redondos y por eso aplaude durante diez minutos al final de la función. De esa manera, la historia registrará un suceso inolvidable de seis horas en el Lincoln Center y en más de mil quinientos cines y teatros de todo el mundo. 
Habría que añadir a la numeralia que medio millar de espectadores escucharon durante una hora, en el Lunario del Auditorio Nacional, la charla introductoria del maestro Sergio Vela, quien recordó que pasaron veintiocho años entre la concepción de El anillo y su estreno, en agosto de 1876, durante el primer Festival de Bayreuth. En primer término, Wagner escribió el libreto de El ocaso de los dioses, y posteriormente Sigfrido, La valquiria y El oro del Rin, es decir, en sentido contrario a la cronología de la anécdota. 
Robert Lepage, el productor del ciclo wagneriano para el Met, comenta en uno de los intermedios que el compositor alemán se adelantó a su tiempo, pues fue capaz de crear un cosmos de temática universal, con una visión que hoy se denomina cinematográfica. Podría decirse que Wagner es el inventor del término precuela, tan de moda actualmente en el séptimo arte. 
Es un lugar común decir que el tiempo se va como agua, pero en el caso de Götterdämmerung se justifica plenamente. Si Richard Wagner dedicó casi tres décadas de su vida ―aunque con una interrupción de doce años― a la realización de esta obra monumental, resulta un verdadero privilegio dedicar trescientos sesenta minutos al disfrute de una producción tan espectacular y creativa como ésta. Y lo mismo puede decirse de las quince horas invertidas en las cuatro puestas en escena presentadas por el Met. 
Si hubiera que mencionar a una intérprete emblemática de esta tetralogía, automáticamente surge el nombre de Deborah Voigt, quien ha sido una excepcional Brünnhilde en las tres óperas donde aparece. Ella misma ha dicho que este papel —diosa transformada en mujer— es el Everest de su repertorio. Y desde la cima más alta del mundo escucha las ovaciones de un público enterado y entregado, que no parece coincidir con el crítico Anthony Tommasini (The New York Times), quien considera que la voz de la soprano estadounidense “ha perdido brillo, calor y energía”. 
El ocaso de los dioses narra la tragedia de Siegfried (Jay Hunter Morris), quien bebe una poción maléfica que le hace olvidar el amor por Brünnhilde y caer rendido ante los supuestos encantos de Gutrune (Wendy Bryn Harmer). El malo de la trama es Hagen (Hans Peter König), quien urde el complot para apoderarse del anillo. 
El clímax dramático llega en el momento en que Brünnhilde, cegada por el despecho, le dice a Hagen cuál es la única forma de matar a Siegfried (por la espalda); la ejecución del héroe sólo es cuestión de tiempo. 
Los estudiosos de la obra de Wagner suelen hacer hincapié en el hecho de que ningún personaje del ciclo aparece en las cuatro óperas; sin embargo, puede decirse que en esta producción del Met hay un invitado que rompe con esa regla. Se trata de la máquina de cuarentaicinco toneladas que ha servido, de manera muy dinámica, como espacio donde se desarrollan las múltiples aventuras de dioses, gigantes, héroes y seres humanos. Y como estamos en pleno siglo XXI, los bosques, ríos y cascadas pueden ser vistos por el público gracias a la proyección de videos, capaces de crear una naturaleza verosímil. 
El tenor Hunter Morris es un Siegfried que destaca actoralmente, aunque la potencia de voz no esté a la altura de su presencia atlética; por el contrario, el bajo König convence por completo como Hagen, al igual que la soprano Waltraud Meier (Waltrute) y, sobre todo, el bajo-barítono Eric Owens (Alberich). En la misma tesitura, aunque menos virtuoso, Lain Paterson se muestra un poco despistado como Gunther. 
Mención especial merece el espectacular coro, que dentro de la tetralogía sólo aparece en El ocaso de los dioses. James Levine sigue brillando por su ausencia al frente de la orquesta, aunque Fabio Luisi es ovacionado como superestrella al término de la representación, calificada como “sublime” por una espectadora mexicana en el Auditorio Nacional, quien sabe lo que es oír a Wagner en Nueva York y Bayreuth. 

Acerca de El anillo 
* Al Met le costó dieciséis millones de dólares la producción del ciclo de El anillo del nibelungo. En la temporada 2010-2011 se presentaron El oro del Rin y Sigfrido; y La valquiria y El ocaso de los dioses en la actual de 2011-2012. 
* Wagner escribió los libretos de la tetralogía a partir de historias mitológicas de Islandia, Alemania y los países nórdicos. 
* Al estreno múltiple de El anillo del nibelungo, en 1876, asistieron Tchaikovsky, Grieg, Lizst, Bruckner, Saint-Saëns y Johann Strauss hijo, entre otras personalidades. 
* Jay Hunter Morris dice que “trabajar con Deborah Voigt me hace ser mejor artista; ella es una gran estrella, pero tiene la virtud de transmitirte tranquilidad y relajación, algo que no es frecuente en este medio”. 
* Cuando le preguntan a Eric Owens si le gustaría una participación más extensa del personaje Alberich en El ocaso de los dioses (ocho minutos), señala con buen humor que esa ópera no necesita ser más larga. 
* Deborah Voigt considera que el papel de Brünnhilde, en El ocaso de los dioses, es un gran reto físico por la larga duración, pero considera más difícil su participación en Sigfrido porque debe alcanzar notas más altas. 
* Según la página electrónica del Met, se han escrito más libros relativos a El anillo del nibelungo que sobre cualquier otra pieza musical o literaria. (F.F.)
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