domingo, 22 de junio de 2014

La isla encantada: El arte del pastiche

Foto: Metropolitan Opera.


En vivo desde el Met de Nueva York / 21 de enero, 2012 y 22 de junio, 2014 /  Función única / 
3:40 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 


Fernando Figueroa
Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra pastiche significa: “Imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente”. 
Peter Gelb, gerente general del Met de Nueva York, mandó llamar al británico Jeremy Sams y le dijo: “Toma las joyas ocultas de un siglo de música barroca y conviértelas en una ópera... ¡Ah!, y tiene que ser en inglés contemporáneo”. Sams aceptó el reto y de inmediato pensó en Shakespeare para resolver el asunto de la historia que debía contar. Fue así que optó por recrear La tempestad, sazonada con algunos elementos amorosos de Sueño de una noche de verano. 
Las arias y recitativos fueron tomados especialmente de Häendel y Vivaldi, y en menor medida de Rameau, Leclair, Campra, Purcell, Rebel y Ferrandini. El estreno mundial se produjo apenas el 31 de diciembre de 2011, y el crítico Anthony Tommasini (The New York Times) definió el experimento como “un pastiche fantasioso, inteligente y conmovedor”. 
Tommasini también escribió: “Los puristas que se han opuesto deberían callar tan sólo por la presencia en el podio del señor William Christie, quien ha hecho tanto como cualquier músico por difundir la ópera barroca”. Y soltó una broma esclarecedora: “No puedo imaginar que Häendel, el Mr. Showbiz de su época, tendría algún problema con La isla encantada; su única pregunta habría sido si le pagarían una cuota por adelantado o si recibiría un porcentaje de ganancias”. 
En la charla introductoria, en el Lunario, Sergio Vela recordó que el género operístico nació en salones de la aristocracia, y que al pasar a los teatros se generó una gran demanda de obras nuevas. Eso motivó que, ocasionalmente, los empresarios solicitaran la creación de pasticci, que eran bien recibidos por un público que disfrutaba de pasajes conocidos, interpretados por los cantantes de moda. 
En pleno siglo XXI, los espectadores de Nueva York aplauden al término de casi todos los fragmentos, aunque a Plácido Domingo lo ovacionan desde que aparece en escena. Por cierto, cuando Peter Gelb habló con Jeremy Sams, le pidió que incluyera a Domingo en el elenco, por lo cual se tuvo que inventar al dios Neptuno. 
Otra afortunada variante respecto a La tempestad es la aparición de Sycorax, quien en el texto de Shakespeare sólo es mencionada pero jamás vista. Dentro de la ópera, este papel recae en una espléndida Joyce DiDonato, quien desborda simpatía y calidad vocal como hechicera. Esas dos virtudes se potencializan en el caso de la soprano australiana Danielle de Niese, una Ariel absolutamente insuperable con resabios de Campanita
Próspero es interpretado por el contratenor David Daniels, quien durante las entrevistas del intermedio declara que “interpretar este tipo de música es como estar desnudo; se requiere tener agallas, porque no hay una orquesta numerosa en el foso que oculte tus defectos como cantante”. 
Destaca la caracterización del italiano Luca Pisaroni como Calibán, pues tuvo que afeitar su cabeza, y antes de cada función debe someterse a un largo proceso de maquillaje, además de que en todas sus escenas aparece encorvado, lo que provoca un esfuerzo físico extra. Al ser cuestionado, comenta que es la primera vez que participa en una ópera en inglés, lo que implica un gran reto en su carrera, sobre todo ante un público mayoritariamente anglosajón. 
En el Lunario, Sergio Vela había finalizado su plática recordando al fallecido director Eduardo Mata, quien decía que cualquier experimento es válido y que “lo importante es el resultado”. Bajo esa última premisa, La isla encantada es un delicioso pasticcio, cocinado con ingredientes de aquí y de allá que cobran nueva vida gracias a la idea de Gelb, al talento del chef principal (Sams) y la ayuda de un ejército de entregados colaboradores. 

Obra colectiva y en expansión 
Al hablar acerca del proceso creativo de La isla encantada, Danielle de Niese (Ariel) comenta que Jeremy Sams les dio libertad no sólo de moldear sus personajes desde el punto de vista actoral sino también de ornamentar las arias a su gusto. 
El director de escena, Phelim McDermott, habla de la enorme diversión que significa este trabajo: “Hacemos lo que se nos antoja porque la ópera es algo serio, pero también gozoso”. Y con buen humor ejemplifica: “No se puede tener a Plácido Domingo como Neptuno sin que haya unas sirenas (voladoras) en el escenario”. También se utilizan varios efectos especiales, sobre todo cuando se muestran los poderes mágicos de Próspero, Ariel y Sycorax. 
Plácido Domingo dice que su papel es muy pequeño y confiesa que le gustaría una mayor participación. Agrega algo que suena insólito: “Ésta es una obra en proceso constante y, ¿quién sabe?, tal vez en el futuro pueda crecer mi Neptuno”. 
Antes del estreno mundial, Sams había dicho que escogió a los mejores cantantes del mundo, sobre todo en el caso de Domingo, a quien define como un Rolls Royce sobre el escenario. Neptuno es el papel ciento treintaiséis en la carrera del tenor español, cuarentaiséis de ellos interpretados en el Met, durante cuarentaitrés temporadas. (F.F.)
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