martes, 10 de enero de 2012

Colaboradores: El hombre contra el monstruo

Foto: National Theatre


National Theatre de Londres / 10 de enero, 2012 / Función única / 2:15 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. - Embajada Británica en México 


Fernando Figueroa
Joseph Stalin está a punto de cumplir sesenta años y quiere que un gran autor escriba una obra biográfica sobre su juventud; la responsabilidad recae en el disidente Mikhail Bulgakov, a quien la policía secreta le informa del encargo. Tal es, en síntesis, la anécdota de Colaboradores (Collaborators), de John Hodge, alegoría de la relación entre los artistas y el poder. 
Hodge (guionista de Trainspotting) partió de un hecho real para escribir su obra. En marzo de 1930, Bulgakov le escribió una carta a Stalin explicándole largamente su terrible situación: el Comité Central del Repertorio prohibía la publicación y representación de su obra La cábala de los devotos, en torno a la figura de Molière. Ese acto de censura, según el propio Bulgakov, sólo era el más reciente de una larga cadena en su actividad profesional; por tanto, solicitaba ser contratado como director teatral, actor o tramoyista. Si eso no fuera posible, imploraba la deportación para trabajar en el extranjero y no morir de hambre. 
Stalin mismo tomó el teléfono y le prometió al escritor que su situación mejoraría, tal como sucedió durante un breve lapso. Cuando volvieron las presiones políticas, Bulgakov escribió nuevamente al estadista, pero éste ya no contestó. Hasta ahí los hechos comprobados. 
Dentro de la trama de Colaboradores, Bulgakov se niega a escribir lo que le pide el sistema soviético, aunque finalmente accede, presionado por terribles amenazas. No obstante, se muestra incapaz de hacer la tarea, pues implica renunciar a sus convicciones políticas y literarias. 
La vuelta de tuerca surge en los terrenos de la farsa, cuando el político cita a Bulgakov en un pasadizo secreto del Metro de Moscú, en el subsuelo del Kremlin, para hacerle una singular propuesta: Stalin redactará su biografía ahí mismo durante varias noches, y el escritor tomará decisiones públicas luego de revisar informes de gobierno. 
La puesta en escena de Nicholas Hytner es un ejemplo de lo que puede hacerse con escasos recursos escenográficos, pero con imaginación y talento. En un solo acto, y gracias a una iluminación eficaz, el escenario deja de ser la casa de Bulgakov para transformarse en el sitio donde él y Stalin conversan o el espacio en el que cobra vida lo que escribe el líder acerca de sí mismo. 
El humor negro del texto vuelve risibles situaciones dramáticas (“graciosamente macabra”, según The Independent), al tiempo que Alex Jennings (Bulgakov) y Simon Russell Beale (Stalin) se enfrascan en un duelo de actuación donde no hay vencedor ni vencido. Sin olvidar a Mark Addy, quien como policía y director teatral usurpador está a la misma altura de los histriones protagónicos (“elenco de ensueño”, lo llama atinadamente The Telegraph). 
En la parte final, Stalin se vanagloria de haber doblegado el espíritu crítico del disidente sin necesidad de matarlo: “Es el hombre contra el monstruo, Mikhail. Y el monstruo siempre gana”. Sin embargo, el montaje ofrece una pequeña luz de esperanza, pues es posible que todo haya sido una pesadilla de Bulgakov, quien duerme inquieto al lado de su esposa Yelena.
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