viernes, 2 de diciembre de 2011

Superpitcher + Rebolledo: Jóvenes pachangueros

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional




Noche electrónica alemana / 2 de diciembre, 2011 / Función única /
 3:52 hrs. de duración / Promotor: GOETHE-INSTITUT MÉXICO, A. C. 

Gina Velázquez 
Una de las cualidades más valoradas de la música es su universalidad, pues no existen en ella fronteras de lengua o género. Siempre caben las fusiones, sobre todo en la música electrónica, cuyo objetivo vital es innovar y provocar que algo se mueva en el escucha. 

Aksel Schaufler, mejor conocido como Superpitcher, y Mauricio Rebolledo lo saben muy bien, y por ello han conformado un proyecto conjunto. Ambos poseen un estilo distinto; mientras el primero es uno de los DJs más emblemáticos del electro-pop en su natal Alemania, el segundo, mexicano, se inclina hacia el techno y el house. 
Superpitcher comenzó a coleccionar música desde los dieciséis años; su afición se convirtió en vocación y ha logrado acumular una discografía codiciada por su diversidad, que incluye versiones inolvidables de “Baby’s On Fire” de Brian Eno, o la aclamada versión completa de Here Come the Warm Jets, por ejemplo. Rebolledo, además de DJ es diseñador y productor, inició su carrera musical en 2002 y muy pronto se convirtió en uno de los pinchadiscos residentes del legendario club Santanera, en Playa del Carmen, en las costas del Caribe mexicano. 
En una visita del mexicano a Colonia, fue invitado por el alemán a grabar voces para algunos temas de su siguiente álbum. En el estudio, al probar un nuevo instrumento, surgió una melodía que atrajo a ambos. Luego de repetirla varias veces, Rebolledo comenzó a cantar lo primero que le venía a la mente a partir de la melodía. El saldo fue “Fiesta Forever”, primer tema de su novel proyecto Pachanga Boys, que fue incluido en la compilación anual de Kompakt, reconocida disquera alemana de música electrónica. Ahora, trescientos vinilos conforman el tiraje de Hippie dance (Kompakt, 2010). 
Los elementos básicos para armar un dj set son pocos: tornamesa, mixer, caja rítmica y efectos. Desde éstos se parte y la imaginación es el límite. Los dos pilotos de la noche van preparando todo poco a poco. Empiezan con un loop que se extiende repetitivamente y va creando una atmósfera sombría. De arranque, el Lunario se percibe un tanto disperso, pues pocos son los que están hasta adelante bailando. 
Los motores se calientan paulatinamente, la inserción de percusiones invita a que cada vez más se unan al baile. Superpitcher se quita el sombrero, se arremanga y con la mirada absorta comienza a girar las perillas para producir caminos electrónicos. Los que van uniéndose a la fiesta se integran a pesar de que la nave ha partido. 
El continuo musical tiene diferentes texturas, colores cálidos y ácidos. No puede pensarse en pop o techno. Superpitcher ha dicho: “Es difícil explicarlo, nuestro estilo es lo que sentimos y que queda plasmado en nuestra música. No nos enredamos con los detalles técnicos, somos directos, no pensamos en los géneros, sólo en la música”. 


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


La mayoría no se ha dado cuenta de que el viaje que han emprendido los Pachanga Boys tiene como objetivo un lejano destino. Se percatan cuando las capas de ropa van cayendo con más frecuencia y los compadres de fiesta se encuentran cada vez más cerca. Los exaltados estados de ánimo no decaen y es preciso para el cuerpo estar en persistente movimiento. Luego de casi cuatro horas, el aterrizaje es abrupto, y a pesar de la inconformidad de muchos, el electro beat debe convertirse en silencio.




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