domingo, 11 de diciembre de 2011

Pignoise: Punk amable y ceceado

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

11 de diciembre, 2011 / Función única / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: Augusto Serrano 



Alejandro González Castillo
Álvaro Benito solía desempeñarse en la cancha de futbol como centrocampista del equipo Real Madrid. Desde su debut, en 1995, anticipó que su pierna izquierda era un gatillo infalible si de disparar goles se trataba, sin embargo, una lesión en la rodilla truncó sus posibilidades de continuar su carrera como deportista. Fue durante su convalecencia, tras múltiples operaciones, que la guitarra se convirtió en su mejor compañera y de pronto decidió que haría a un lado los balones para dedicarse a escribir canciones junto a otro futbolista, Héctor Polo, ansioso por deshacerse de las espinilleras y tomar las baquetas.
Esta noche, el par de desertores del balompié se acompaña de Pablo Alonso en el bajo, quien sintetiza al micrófono la historia del grupo que integra con sus compañeros, Pignoise: “Llevamos ya varios años tocando, iniciamos alrededor del 2000, aunque fue por el 2006 que nos empezó a ir mejor gracias a una serie de televisión”.
El músico se refiere al programa Los hombres de Paco, cuyo tema principal es “Nada que perder”; un claro homenaje a Mikel Erentxun que hinchó la fama de la banda de forma descomunal luego de editar un par de álbumes (Melodías desafinadas y Esto no es un disco de punk, en 2003 y 2005, respectivamente) que pasaron desapercibidos para un público que, con el arribo del certeramente titulado Anunciado en televisión (2006), se encontró con un orgulloso heredero del punk soleado de Blink 182 y Green Day.
Pendiente de las melodías pegajosas y de la distorsión amable, el trío se asume de lo más sentimental en baladas como “Sin ti” (incluida en Cuestión de gustos), pero también lo suficientemente molesto como para arrojarle unos cuantos gritos a su amada en temas como “Mundo muerto” y “Culpables”, extraídos de su más reciente disco, Año zero. El hecho de que Álvaro se erice el cabello y tenga el brazo derecho forrado de tatuajes, al igual que Pablo, no significa que por las noches su almohada se mantenga seca de lágrimas; un detalle de ese tamaño es el que tiene a sus admiradoras extraviadas en un trance donde no saben si agitar la cabellera sin sosiego o sonreír tiernamente ante el discurso enamorado.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

“Veo que muchos están tomando videos del show ―apunta el cantante―, espero que mañana todo ese material esté en Facebook, para que en España vean lo bien que la estamos pasando en México”. De este modo, el concierto se aproxima al final con las notas de “Estoy enfermo” seguidas de un acto inesperado; la bajada de los españoles al ras del suelo para dar unos cuantos autógrafos. Es este hecho el más comentado en las redes sociales al siguiente día por la mañana, mientras el trío seguramente recupera el aliento en el hotel al recordar un show que, en palabras de los propios músicos, los dejó “sin gas, debido a la altura”. ¿Quién dijo que ejecutar punk al estilo California era menos desgastante que recorrer durante 90 minutos el césped de una cancha?



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