martes, 6 de diciembre de 2011

The Joy Formidable: Un trance peligroso

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

6 de diciembre, 2011 / 1:15 hrs. de duración / Función única / 
Promotor: Operadora de Centros de Espectáculos S.A. de C.V. 


Alejandro González Castillo
La operación es de lo más sencilla: basta llevarse los dedos índices a los canales auditivos y ejercer presión hacia adentro. Con esta maniobra, se evitarán zumbidos una vez que los amplificadores que descansan sobre el escenario sean apagados; sin embargo, nadie decide salvaguardar la salud. Incluso varios cierran los ojos como síntoma de gozo cada vez que los baladros de la guitarra de Ritzy Bryan, los inclementes golpes que Matt Thomas le propina a sus tambores y el afilado bajo de Rhydian Dafydd rebanan el aire. ¿Sordera prematura para todos? Bueno, después de todo, algún precio hay que pagar con tal de adentrarse en el trance impuesto por The Joy Formidable. 

Los bordes rasposos del instrumento de Ritzy han sido mimados con cinta adhesiva, y una vez que la rubia se hinca para manipular las perillas del tapete de pedales que pisa, se comprende por qué aquel trozo de madera ha sufrido tantos descalabros. La también cantante se tambalea cada vez que rasga las cuerdas, tropieza y se levanta para acercarse a Matt, soltarle unos cuantos puñetazos a sus platillos y de inmediato dirigirse con Rhydian, a quien intimida con gritos y empujones en el pecho. Pareciera que se trata de una mujer de lo más hostil, sin embargo sonríe tiernamente al público para saludarlo y luego solicitarle atentamente que eleve sus palmas para robustecer “The Magnifying Glass”, uno de los temas incluidos en The Big Roar (2011). 

En contraposición con el oleaje de ruido que los galeses producen, la voces susurradas que lo acompañan operan como una luz en la densa niebla de ese shoegaze que pone a prueba la resistencia de cualquier sonómetro una vez que Bryan, con gesto agrio, se descuelga la guitarra para azotar vigorosamente un gong, justo al final de “Buoy”. “Cradle” es la que ocupa el segundo puesto si de erizar cabelleras dóciles se trata, aunque también hay en el repertorio del combo melodías amables, listas para tenderle la mano a la radio, como “Austere”. 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Tras arrancar ensayos en 2007, en su tierra natal, el trío encontró en Londres el hogar apropiado para cultivar su sonido. Con el entusiasmo de la prensa a su favor, A Balloon Called Moaning (2009) advirtió que los modos de My Bloody Valentine y Lush habían sido tomados como ejemplo por otros aventurados. Hoy, todos salen del Lunario con las orejas calientes y la mirada extraviada. Lucen confundidos, pero también agradecidos tras atestiguar que no todo el indie actual prefiere discretos niveles de watts y que el rock, aunque sea en un aspecto netamente fisiológico, aún puede ser peligroso.


 


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.