sábado, 10 de diciembre de 2011

Fausto: Con el poder de su firma

Foto: Metropolitan Opera.

Ópera en vivo desde el Met de Nueva York
/ 10 de diciembre, 2011 / 
Función única / 4:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.


Fernando Figueroa
Ganador de dos premios Tony a la Mejor Dirección de un Musical ―Big River (1985) y The Who’s Tommy (1993)―, Des McAnuff se echó a cuestas la producción operística de Fausto, de Charles Gounod, y convirtió al personaje en un científico nuclear del siglo XX. Tal atrevimiento provoca una singular división de opiniones entre el público del Met, ya que la mayoría aplaude cuando él surge al final de la representación, pero son evidentes algunos abucheos y silbidos. 

McAnuff ha dicho en entrevistas que su intención con este Fausto es mostrar el poder autodestructivo del ser humano contemporáneo, y por eso eligió la metáfora atómica; el resultado es un espectáculo multimedia estilo Broadway, que obviamente no satisface a todos los puristas. Éstos no soportan que en el primer acto aparezcan una bomba y un grupo de investigadores con batas blancas para ilustrar una añeja leyenda popular alemana, retomada por Christopher Marlowe y Johann W. Goethe. 
McAnuff es un hombre ecléctico, capaz de ser el actual director artístico del Festival Shakespeare de Stratford, y darse tiempo para realizar el montaje de Jesucristo Superestrella en Canadá y California, que llegará a Broadway en los primeros meses de 2012. Así que esperar un Fausto conservador resulta un tanto ingenuo. 
La crítica ha sido más benévola que el público con McAnuff, incluso elogiosa, pues el artista canadiense escogió un gran elenco y le dio la batuta a Yannick Nézet-Séguin, quien ha sabido generar con la orquesta “un penetrante sonido de lujo”, según palabras de Antonhy Tommasini, de The New York Times
Tommasini califica al bajo René Pape como un Mefistófeles “sensacional”. Del tenor Jonas Kaufmann dice que es “un Fausto guapo y vocalmente espléndido, sin temor a las notas altas”. A la soprano Marina Poplavskaya la define como “espontánea, sin inhibiciones artísticas, pero a ratos desigual”. Otros críticos se muestran admirados por la capacidad de la rusa para mostrarse sucesivamente como una humilde y serena costurera, sufriente mujer embarazada y, al final, un personaje enloquecido capaz de ahogar a su criatura recién nacida. 
El calificativo “sensacional” para Pape es exacto, pues alcanza la cima como cantante y actor, robando la atención de conocedores y aficionados; es un demonio capaz de mostrarse arrogante, maloso al extremo y, segundos después, simpático y adorable, como todos los grandes pillos. El carisma del que hace gala en el escenario también lo utiliza cuando lo entrevistan en el segundo intermedio; afirma ante las cámaras que le gusta ser parte de una nueva y arriesgada producción de Fausto. Cuando le preguntan cómo funcionan los trucos de magia que utiliza Mefistófeles, responde entre risas: “Lo único que sé es que funcionan, pero no tengo la menor idea del mecanismo”. A quienes lo ven en salas de cine de todo el mundo, les dice con tono seductor: “Gracias por venir, y espero que tengan suficientes palomitas para el último acto”. 
Afortunadamente, en el Auditorio Nacional no están permitidas las palomitas en el interior de la sala, pues el olor a mantequilla impediría percibir el aroma a azufre que despide el infierno imaginario por el que se desplaza Mefisto: un escenario metálico con escaleras en espiral a los costados, que puede ser un taller de costura o el laboratorio donde Fausto invoca al maligno y firma un contrato para recuperar la juventud, a cambio de su alma. 
Con el vigor de regreso, Fausto enamora a Margarita, la embaraza y abandona; por si fuera poco, también mata sin mayores escrúpulos a su cuñado (Valentín, interpretado estupendamente por el barítono Russell Braun). Todo esto sucede en medio de un intenso tráfico escénico, con ágiles coreografías, imágenes de video proyectadas en una gran pantalla y la participación de un coro que intensifica el carácter monumental de la producción. 
Las ovaciones finales para Kaufmann y Poplavskaya son unánimes, y estruendosas para Pape. 

Kaufmann, McAnuff, Poplavskaya… 
* La ópera Fausto, de Charles Gounod (1818-1893), se estrenó en el Teatro Lírico de París, el 19 de marzo de 1859. El libreto en francés fue escrito por Jules Barbier y Michell Carré, basado en Fausto y Margarita, de Carré, y en la primera parte de la célebre obra de Johann W. Goethe. 
* El mito de Fausto ha sido musicalizado, entre otros, por Schumann, Berlioz, Liszt, Boito, Smetana y Wagner: A este último le desagradaba especialmente la versión de Gounod, mientras que Verdi la consideraba una obra sin fibra dramática, según narró el maestro Sergio Vela durante la charla previa en el Lunario. 
* Jonas Kaufman es admirado en el medio operístico por su gran versatilidad, ya que un día puede interpretar a Sigmund en La Valquiria de Wagner y al otro a Fausto, con gran solvencia. En el segundo caso, debe utilizar notas más bajas cuando el personaje es viejo y más altas al recobrar la juventud. 
* En uno de los intermedios, Des McAnuff comenta que es amigo de la viuda del matemático Jacob Bronowsky, quien, luego de una visita a la bombardeada ciudad de Nagasaki, decidió abandonar el estudio de la física nuclear. En ese hecho se basó para crear su visión contemporánea de Fausto, “sin dejar de ser leal a la historia original”. 
* Al preguntarle a Marina Poplavskaya si la intensa y larga secuencia de las joyas es el mayor reto dentro de la obra, responde con buen humor: “No. Lo más difícil para mí es estar pendiente de la máquina de coser”. 
* Yannick Nézet-Séguin afirmó que, mientras más veces dirige a la orquesta en Fausto, más ama esta ópera. “La música de Gounod es un flujo y reflujo constante, en el que las secciones de la orquesta hacen el amor con sus respectivos cantantes”. (F.F.)
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