sábado, 10 de diciembre de 2011

Dream Theater: Vigencia de una marca

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

A Dramatic Turn of Events / 10 de diciembre, 2011 / Función única / 
2:55 hrs. de duración / Promotor: Ocesa Promotora, S.A. 


David Cortés
Dream Theater es un habitual del Auditorio Nacional* y se advierte a gusto sobre el escenario, se mueve con soltura, casi como si estuviera en casa. Hoy, además de la expectativa usual que generan John Petrucci (guitarra), John Myung (bajo), James LaBrie (voz) y Jordan Rudess (teclados), el ingrediente extra es la aparición por primera vez en una gira de Mike Mangini en la batería. 
El quinteto viene de la mano de A Dramatic Turn of Events, su doceava placa en estudio, un álbum en donde, nuevamente, han dejado asentada esa mezcla entre hard rock y progresivo que prácticamente ha marcado el canon para las bandas que se han formado a su vera. 
Pero si el fulgor, la pirotecnia y la entrega, propios de la banda oriunda de Nueva York, son cualidades implícitas en sus presentaciones, es hasta el arribo de “Ytse Jam” —tomada de su primer disco— que la temperatura alcanza un punto de ebullición que ya no cesará ni un minuto hasta la conclusión del directo. 
Es en este momento que Dream Theater despega totalmente y comienza a navegar por esas aguas que tan bien domina. Cada uno de los integrantes despliega, bajo la batuta de Petrucci, esa maestría e interrelación instrumental que ellos hacen aparecer muy sencilla, pero en realidad es fruto del trabajo colectivo de años. 
Myung, como acostumbra, es totalmente inexpresivo. Su concentración es tal que podría pasar ante él una hermosa mujer desnuda y seguiría impertérrito. Sus ojos apenas se despegan del suelo o de las cuerdas de ese bajo que hace trepidar el lugar con la misma fuerza, aunque no con igual furia, como lo hiciera el movimiento sísmico que preludió el comienzo del concierto. 
Rudess, debido a un pequeño desperfecto en la plataforma giratoria de su teclado, toca toda la noche inclinado; pero ello no le impide dialogar con la guitarra de Petrucci. El par crea pasajes intensos, llenos de estamina y de rica musicalidad que recuerdan, al menos en intención, a Deep Purple y la dupla Lord-Blackmore. Sin embargo, Dream Theater ha bregado muchos años —su primera producción data de 1989— y su sonido es muy equilibrado. Nadie pone en duda la técnica y el conocimiento de Petrucci y compañía, pero su secreto radica en no ceder ante el empuje del virtuosismo; en esta banda todo se ciñe a las composiciones y los solos se dan como una consecuencia de la misma música. 
Y si alguien lo duda, ahí está LaBrie para constatarlo. Para muchos, él es la pieza más débil de este rompecabezas; pero el cantante va más allá de ser un relleno; como buen frontman, aprovecha y capitaliza su carisma, su capacidad para dirigir desde el escenario y ser el portavoz de la agrupación. 
Bajo esa combinación de elementos transcurre la noche, con un set que pone énfasis en el álbum más reciente del quinteto; pero que regresa a algunos de los momentos clave en la vida de esta agrupación (“Under a Glass Moon”, por ejemplo, extraída de su segundo disco). Evidentemente es mucho lo que se queda fuera; pero lo que desfila por esta pasarela es suficiente para dejar satisfechos a quienes se han dado cita para atestiguar la vigencia y longevidad de una banda que, entre otras cosas, vino a devolverle dignidad al rock progresivo y a recordarnos que entre esta veta y el hard rock, siempre ha existido una gran convivencia a pesar de lo que digan sus detractores. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Incluso en el manejo del timing, Dream Theater muestra su sapiencia. Si bien sus temas son intensos y en su mayoría de larga duración, hoy ceden un espacio para un par de composiciones en las cuales la guitarra acústica acompaña a la voz de LaBrie, mientras Rudess teje sonidos incidentales en el fondo. Desafortunadamente para sus feligreses, el grupo anuncia el fin y aunque hay un encore, éste es parco y breve. Después, sólo queda regodearse en las impresiones de la noche, en elegir alguno de los solos más memorables, en buscar esa canción faltante del set o en tararear esa melodía que sirva de compañía en el regreso a casa. 

* El grupo se presentó el 27 de agosto del 2000, el 3 de marzo de 2002, el 29 de abril de 2008 y el 7 de marzo de 2009. 

Mike el rápido
Es el chico nuevo de la cuadra. Para otros, un arribista. La salida de Mike Portnoy de Dream Theater (septiembre 8, 2010) abrió un hueco difícil de llenar. Mientras el grupo grababa A Dramatic Turn of Events, en abril de 2011 dieron a conocer el tráiler de un documental titulado “The Spirit Carries On”, nombre tomado de una de sus canciones e incluido en la versión de lujo de su más reciente disco. En él se muestran las audiciones que siete bateristas (Virgil Donati, Marco Minnemann, Peter Wildoer, Mike Mangini, Thomas Lang, Aquiles Priester y Derek Roddy) llevaron a cabo para incorporarse a las filas de la agrupación. El 29 de abril se dio a conocer que el sillín de la batería lo ocuparía Mangini. 
Mangini nació en 1963, en Newton, Massachussetts. Antes de incorporarse a Dream Theater, tocó en Annihilator, Extreme y al lado de Steve Vai; pero también es muy conocido por su trabajo como músico de sesión. Entre 2002 y 2005, Mangini impuso cinco récords mundiales como el baterista más rápido del mundo. Ha escrito un par de libros bajo el nombre de Rhythm Knowledge, en los que habla de su técnica para deconstruir y simplificar complejos polirritmos. Es rápido, preciso y, en un solo de casi ocho minutos, mostró que ha llenado perfectamente el hueco dejado por su predecesor. (D.C.


Programa 
Intro / Bridges in the Sky / These Walls / Build me Up, Break me Down / Endless Sacrifice / Drum Solo / The Ytse Jam / Outcry / The Silent Man / Beneath the Surface / On the Back of Angels / Forsaken / Through my Words / Fatal Tragedy / Breaking All Illusions / Under a Glass Moon







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