miércoles, 16 de noviembre de 2011

Yuri: Un homenaje desde el futuro

Foto: Nicolás Turchetto / Colección Auditorio Nacional

Tour “Mi tributo al Festival” / 16, 17, 20 y 21 de noviembre, 2011 / Cuatro funciones / 
2:50 hrs. de duración / Promotor: Ocesa Promotora S.A. de C.V. 

Ethel Álvarez
Haciendo gala de una afortunada interpretación de aquellas obras de ciencia ficción que han recreado talentos cinematográficos como Stanley Kubrick o George Lucas, esta noche el Auditorio Nacional se transforma en una contemporánea y melodiosa base satelital que alberga a Yuri, en su versión Skywalker, comandando a un séquito de valientes entre los que destacan lo mismo numerosos parientes de R2D2 que atractivos androides de electrizante indumentaria. 

Yuri se ve delgada, vivaz, con pelo corto y de un rubio intenso. Inicia un recorrido por una constelación integrada por canciones que, hace veinte o treinta años, animaron el firmamento musical latinoamericano que tenía como destino común la realización del legendario festival de la Organización de la Televisión Iberoamericana, OTI. 

“Víctima o ladrón” de la talentosa yucateca María Medina da comienzo a la reunión en que la popular cantante y actriz jarocha ofrece un repertorio basado en una equilibrada selección de éxitos propios y de colegas y amigos suyos que, en su voz, siempre es reconfortante evocar. 

Sin nada que pedir a Cher, Madonna o Kylie Minogue, en lo que se refiere a coreografías, condición física y bien lograda silueta, la célebre y devota fan del panda de Chapultepec ofrece un ramillete de nuevas versiones de viejos éxitos que, como, “Detrás de mi ventana”, “Qué te pasa”, “Yo te pido amor”, “Es ella más que yo” y “La maldita primavera” son, más que himnos, referencias individuales que remiten, a cada espectador, a un instante muy preciso de su propia historia. 

Casi tres horas le dedica la cantante a un público que atestigua lo que se puede hacer cuando se reúnen el talento y la disciplina porque es imposible negar que además de sus dotes artísticos, Yuri muestra en cada momento lo que significa tener las tablas para que diez mil personas no retiren su atención de ella: lo mismo con una lograda vena cómica o una oportuna interacción con gente como Daniel Bisogno o Paty Chapoy; los aplausos de unos y otros ratifican que la jarocha ha sabido formar amistades amigos en un medio caracterizado, dicen, por no ser un espacio de franciscanos. 

Mi tributo al Festival que esta noche celebra Yuri, es, en esencia, un testimonio de lo que para ella representa la amistad. Abundan las canciones de amigas y amigos que, juntos, han transitado por los escenarios en casi treinta años. Llegan a la palestra evocaciones de Ana Gabriel, Napoleón, Emamnuel, Lupita D´Alessio… con algo notable: sin celos, sin miedos, sin nada más que una evidente evolución como persona. Yuri a menudo evoca a su padre, el doctor Valenzuela, e invita al escenario a la legendaria Leona Dormida, y juntas ofrecen una inigualable versión de “Cómo tú”, que en 1978 presentó a nivel internacional a una cantante que apenas nacía y hoy es leyenda. 


Foto: Nicolás Turchetto / Colección Auditorio Nacional

Esta es la Yuri con la que se queda el público: una cantante que es valiente y humana; valiente, porque no es cualquier osa ceder el micrófono a la D´Alessio en el mismo foro, y humana porque hoy le ha devuelto a Lupita un “favor” que, según ella misma, le debía. 

Yuri gana, el público gana y gana la música. Esta mujer ha vuelto a mostrar a todos por qué es una de las pocas, de una generación entera de magníficos cantantes, que trascendió al olvido, a la llegada de la música en formato digital y a la extinción del recordado festival OTI. 


Una voz para todos los cambios 

El abanico de imágenes que ha acompañado a Yuri a lo largo de tres décadas de trayectoria artística ha sido fundamental para gozar del aprecio y el apego de un amplio y diverso público. 

De aquella dulce intérprete de “Esperanzas” y “El osito panda de Chapultepec”, quien lucía vestidos vaporosos y una esponjada cabellera, pronto pasó a encarnar la figura más recordada por la crítica al ser nombrada “la Madonna mexicana”. Durante casi 10 años, la jarocha fascinó con una imagen atrevida y sensual que posteriormente apaciguó la vehemencia de sus seguidores cuando en 1992, acompañada del lanzamiento del álbum Obsesiones se despidió de su rubia cabellera y la tiñó de rojo. 

Con su conversión al cristianismo conmocionó a su gran público, pues se deshizo de los escotes, las minifaldas y los pantalones ajustados para ataviar su nueva fe religiosa y musical en temas de confección espiritual y un look que tapaba su anatomía de pies a cabeza. Su exitosa carrera discográfica comenzó a decaer y, debido a este hecho, perdió seguidores y contratos. 

Yuri decidió regresar a mediados de 2001, pero no fue sino hasta el siguiente año cuando lo hace de manera formal con el lanzamiento de Enamorada, dejando a un lado los temas religiosos y retomando los de amor y desamor, así pues, vuelve a enfundar su talento en el camino del pop y la balada. 
Hoy su look es moderno, un tanto gótico y en ocasiones semejante al escurridizo de la intérprete neoyorkina Lady Gaga en su video de “Poker Face”. Lo cierto es que rubia, pelirroja, con el cabello corto, largo, de minifalda, vestidos de noche, o colgándose hasta el molcajete como ella misma bromea, Yuri ha sabido bordar su imagen con el mismo talento de su voz para mantener durante tres décadas una exitosa carrera. (E.A.)



Programa 

Víctima o ladrón / Esperanzas / Qué te pasa / Detrás de mi ventana / No puedo más / Arrepentida / Este amor no se toca / De qué te sirve / Yo te pido amor / Es ella más que yo / La maldita primavera / Imposible amarte como yo / ¿Tú cómo estás? / ¿Quién eres tú? / Amiga mía / Aire / Ay, amor / Como tú / Acaríciame / Al final.





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