sábado, 19 de noviembre de 2011

Satyagraha: La fuerza de la verdad

Foto: The Metropolitan Opera


Ópera en vivo desde el Met de Nueva York / 19 de noviembre, 2011 / 
Función única / 4:05 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 

Fernando Figueroa

En el sonido local del Auditorio Nacional se informa que, en esta ocasión, no habrá subtítulos porque así lo exige la propuesta escénica del creador Phiilip Glass. Entre las butacas se escucha un “¡aaahhh!”, seguido de cuchicheos y de la búsqueda del remedio natural: la sinopsis en el programa de mano. 

Ópera en tres actos, Satyagraha trata acerca de la estancia de Mohandas K. Gandhi en Sudáfrica, donde el joven líder se enfrenta a las leyes británicas racistas que afectan a la población india. El periódico semanal Indian Opinion sirve como punta de lanza para diseminar las tesis de resistencia pacífica, ausencia de odio y guía de acción para alcanzar reivindicaciones políticas y sociales. 
La lectura previa de lo que sucede en el escenario resulta más necesaria que nunca, pues no existe una narración convencional sino imágenes alegóricas, cantos en sánscrito de los textos sagrados del Bhagavad Gita y pasajes instrumentales que, a partir de la reiteración, crean estados hipnóticos. Una experiencia muy ajena a las Aídas, Traviatas y Don Giovannis, generada por una obra que apenas cumplió tres décadas de existencia; fue estrenada el 5 de septiembre de 1980 en el Teatro Municipal de Rotterdam, y en 2008 se presentó por vez primera en el Met de Nueva York. 
Durante la charla introductoria en el Lunario, Sergio Vela advirtió que Satyagraha es una ópera “rara, peculiar e infrecuente, no porque sea inaccesible ni deforme, que no lo es, sino porque contraviene las reglas tradicionales del hecho escénico”. Luego de ubicar la obra como un ritual en la que el tiempo se distiende, recordó una cena que tuvo con Robert Wilson, el director que hizo mancuerna con Glass en el montaje de la ópera Einstein on the Beach. Durante aquella charla, Wilson le preguntó a Vela cuántos movimientos necesitaría alguno de ellos para ponerse de pie; la respuesta del mexicano fue “siete”, y la réplica del tejano: “veintisiete”. 
A partir de ese ejemplo, Wilson explicó a Vela lo que sucede en una representación musical minimalista, en la que, de distintas maneras, se muestra lo que es invisible a mirada convencional. Con esa idea en mente, a los alumnos de Sergio Vela ya no les parece extraño que el tenor Richard Croft (Gandhi) se desplace sobre el escenario en aparente cámara lenta, al igual que el resto del elenco. 
En entrevista, Glass comenta que quiso usar el Bhagavad Gita como hilo conductor “porque es un texto que estaba vivo en la mente de Gandhi”. Ocasionalmente, pequeños fragmentos de ese libro, traducidos al inglés, se proyectan en el fondo del escenario del Met y se traducen al español en la pantalla gigante del Auditorio, aunque ni allá ni aquí hay subtítulos de los cantos en sánscrito, tal como se había advertido. 
El espectador tiene la sensación de estar en un sueño donde se difuminan las fronteras entre lo real e imaginario; visualmente se utilizan elementos que van de lo grandilocuente ―como los monigotes gigantes fabricados con varillas y papel periódico― a lo simple: en una larguísima escena, varios personajes extienden gruesas tiras de cinta adhesiva transparente (diurex), y con la iluminación se crea un espacio que sugiere alternadamente libertad y opresión. 
La producción de McDermott es definida por Glass como “muy bella, respetuosa y llena de detalles”. Acerca de la dirección de orquesta, el compositor señala con buen sentido del humor: “Dante (Anzolini) conoce muy bien la obra, pues la ha dirigido una docena de veces. Para esta ocasión me comentó que aceleraría un poco el ritmo y le dije que no había problema; sin embargo, resulta que ahora es más larga (ríe)”. 
Cada acto es presidido en un nicho por las figuras de León Tolstói, Rabindranath Tagore y Martin Luther King, quienes representan el pasado, presente y futuro de las ideas de Mahatma Gandhi. El actor que interpreta a Luther King aparece siempre de espaldas y remite, inevitablemente, a Barack Obama, tal como se comenta en el vestíbulo del Auditorio Nacional, una vez que el sueño ha terminado. 

El viaje de Glass 
La extensa obra musical de Philip Glass (Baltimore, 1937) incluye alrededor de veinte óperas, sinfonías, múltiples composiciones para su propio ensamble y colaboraciones con artistas tan diversos como Ravi Shankar, David Bowie, Yo-Yo Ma, Paul Simon, Linda Ronstadt y Doris Lessing, entre muchos otros. Ha sido nominado al Oscar por las bandas sonoras de Kundun (Martin Scorsese, 1997), Notes on a Scandal (Richard Eyre, 2006) y The Hours (Stephen Daldry, 2002); por ésta última ganó el premio BAFTA a la Mejor Música Original. 
En su producción operística destacan cuatro obras que abordan pasajes biográficos de grandes personajes históricos: Einstein on the Beach (1976), Satyagraha (1980), Akhnaten (1983) ―acerca del célebre faraón― y The Voyage (1992), que se refiere a Cristóbal Colón. 
En Satyagraha, Philip Glass plasma el cúmulo de experiencias que vivió en sus constantes viajes a India, donde no sólo estudió las raíces musicales de ese país sino también las religiosas. De ahí surge su fascinación por el Bhagavad Gita, libro que aborda, entre otros temas, la inmortalidad del alma, el camino a la devoción y el acercamiento a la verdad absoluta. 
En la parte final de Satyagraha, Gandhi proclama: “El Señor dijo: He pasado por numerosos nacimientos, al igual que tú. Los conozco todos, pero tú no. Porque siempre la ley de la justicia se marchita y aparece la ilegalidad, entonces me regenero en la Tierra, haciendo retroceder al mal y poniendo la virtud de nuevo sobre su trono”. (F.F.)
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