jueves, 3 de noviembre de 2011

Salvador y los Eones: Bolero gótico en el cementerio

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Relicario / 4 de noviembre, 2011 / Función única / 

2: 55 hrs. de duración / Promotor: Sinaí Pantoja 


Gina Velázquez
Luego de dieciséis años de carrera artística, Estirpe debuta en escenario mexicano como banda abridora. Provenientes de Córdoba, España, Mart (voz), Javier (batería) y Loren (guitarra) entregan seis temas plagados de un rock que ellos califican como “mestizo, moderno y muy inconformista”. Con una probadita de su primer material editado en México, Hazme creer (2011), logran captar la atención de los impacientes y suscitan uno que otro grito. 

En cuanto desaparecen, es posible apreciar la lóbrega escenografía. Los instrumentos se montan en una especie de cementerio, entre cruces y tumbas, y dos imponentes estatuas. El ambiente termina de prepararse cuando se percibe un suave incienso. Todo está listo para que Salvador y los Eones presenten su Relicario (2011). De éste, que guarda el vestigio de momentos pasados, emergerán viejas historias de profundo amor y desamor. 
La segunda colección de bolero gótico ―fusión de canción ranchera, rock, bolero y metal― reúne, tal y como su antecesor Amor-Muerte (2008), temas clásicos de José Alfredo Jiménez, Julio Jaramillo, Javier Solís, Roberto Cantoral, entre otros, y canciones compuestas por el grupo (“La X perfecta”, “De noche”, “Déjà vu”). El álbum fue grabado y producido por Osvaldo de León, integrante de La Castañeda. 
Una de las voces masculinas más reconocidas y reconocibles del rock mexicano irrumpe en la oscuridad entre gritos y poderosos acordes. Salvador Moreno, también integrante de La Castañeda, establece desde la primera canción la intensa tonalidad de la noche, que jamás desciende. Los Eones, Víctor Minuti (guitarra), Juan Khoz Rentería, (bajo), Kuauhtli Rentería (guitarra), Herbey Morales (batería y teclados), mantienen un sonido poderoso que se refleja en las cabelleras agitadas de los asistentes. 
Los aliados del grupo han asistido de luto; algunos con antifaces y otros con palidez en el rostro y labios rojos. Las miradas oscuras irradian pasión cada vez que cantan al unísono. Unos cuantos llevan flores negras que poco a poco irán entregando al líder, como símbolo de ofrenda para su cementerio. 
La atmósfera creada por las distintas piezas evoca una oscura melancolía, que es realzada con los performances y elementos teatrales, a cargo del equipo de Garra Producciones. Los actores caracterizan diversos personajes, desde amantes con vestimentas de la época victoriana hasta estatuas vivientes. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

El recorrido por las dos colecciones de bolero gótico es desgarrador. Las letras fúnebres, melodramáticas y épicas combinan con el rock áspero y agudo. Destaca la interpretación de “Amor-Muerte” ―canción original de la agrupación―, que además de ser la más coreada, tiene como invitado a Felipe (La Castañeda), que interviene en la batería, mientras Herbey pasa a los teclados. 
Esta noche Salvador y los Eones usan la oscuridad para brillar, y además de “llevar riqueza musical a nuevas generaciones”, revitalizan clásicos de antaño con texturas espectrales. 

Programa 

Boda negra / De noche / Con mis propias manos / Déjà vu / Preso / Sin ti / Sombras nada más / Amor gitano / Cenizas / Cruz de olvido / Amor Muerte / Simón el enterrador / Cuatro cirios / Callejero / Viejo / Creo / La X perfecta / Juramento / Corazón corazón / De cigarro en cigarro / Pa’ todo el año / La copa rota / El jinete / Flores negras / Ella / Cien años.





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