martes, 1 de noviembre de 2011

Ringo Starr and his All-Starr Band: La noche de un día sin Beatles

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

1 de noviembre, 2011 / Función única /
1:50 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C. V.


Alejandro González Castillo
Jude, de cinco años de edad, camina inocente de la mano de su abuelo, el jubilado doctor Roberto, sin enterarse de que a su lado pasa dando empujones Mustard El Maldoso, un adolescente bravucón cuya mala leche heredó de su tío, el señor Kite. Tras ellos, los que se besan en la fila para solicitar una soda son Lucy, la de mirada caleidoscópica, y Jojo, el escritor de novelas, quienes lejos de tomar sus manos apretujan sus boletos de acceso con fuerza pues saben que allá, afuera del Auditorio Nacional, centenas de desesperados pagarían diez veces su precio con tal de entrar a ver al tipo que aparece dando saltos en el escenario, con sus dedos índice y medio apuntando al cielo. Aquél que dice llamarse Ringo. 

La frente ha ganado su batalla contra el flequillo y de aquella colección de anillos que presumían sus manos sólo sobrevive un ejemplar, sin embargo sus pupilas conservan ese azul hondo que derretía a las chicas y su voz, acorde con las dimensiones de su órgano olfativo, conserva su peculiar color. Y aunque hace décadas el puesto de Richard Starkey solía encontrarse al fondo del escenario, esta noche el baterista más cotizado de los puertos de Hamburgo y Liverpool en la primera mitad de los años sesenta canta al frente de su banda “Honey don’t”, un estándar rocanrolero perteneciente a Carl Perkins. Es hasta que toca el turno de “Choose Love” que el zurdo ocupa el banquillo tras los tambores y, con las baquetas entre falanges, una de las estampas más emblemáticas de la cultura pop cobra vida frente a los ojos de un público que en ese mismo instante se empareja con el que alguna vez abarrotó el Shea Stadium o el foro televisivo que albergaba El Show de Ed Sullivan. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Starr no viene solo. Como él mismo apunta, lo acompañan “auténticas estrellas” que saben lo que es habitar la cima del hit parade. Richard Page (Mr. Mister), Mark Rivera, Wally Palmer (The Romantics), Edgar Winter, Gary Wright (Spooky Tooth), Gregg Bissonette y Rick Derringer (The McCoys) toman en algún punto la voz principal para que Starkey ocupe el segundo plano. Entonces, los pulpos del jardín resultan ser Derringer, con sus intrincados movimientos en el diapasón, y Winter, con sus evoluciones en las teclas y el saxofón. No es que el baterista carezca de temas célebres, sino que prefiere compartir los aplausos. De este modo, “What I Like About You” y “Frankenstein” son tan bien recibidas como “Back off Boogaloo” o “The Other Side of Liverpool”. Parece increíble, pero un repertorio así de incluyente deja en el anhelo colectivo canciones del tamaño de “Octopus’ Garden”, “Don’t Pass Me By” o “Las Brisas” (un conato vernáculo que provocaría mayor delirio que “Photograph”). 
Rocky El Mapache, la querida Martha, Sadie La Sexi y el malora de Maxwell inflan globos amarillos cuando descubren que su ídolo va a seguir la ruta del submarino más psicodélico. Esas esferas rellenas de aliento contienen la euforia que nació en un tugurio cavernoso ubicado en Reino Unido hace varias décadas, pero luce de lo más jovial con los yeyés de “Boys”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

“With a Little Help from my Friends” es la última tonada de la noche, y conforme ésta va desdoblando cada una de sus rimas, el más desamparado de las butacas encuentra motivos para colgarse una sonrisa de los oídos al descubrir que el amor a primera vista existe y que desafinarse no importa tanto cuando un amigo está al lado cantando también. Sin embargo, el público no ha tenido suficiente. Dizzy, Madonna, Eleanor, Julia, Michelle y Prudence conforman el club de fans más célebre del foro y unidas claman por otra más. En el fondo, están tristes porque hubo tres nombres que jamás fueron mencionados por el amor platónico de Marge Simpson: George, John y Paul. Así que más vale que ese tipo de nariz prominente vuelva pronto para que pague su deuda. Entonces, lo único que tendrá que hacer será mencionar la palabra mágica que hoy se negó a articular: Beatles. 

El mejor baterista de Liverpool 
Durante su infancia, sus padres le obsequiaron una mandolina y un banjo que acabaron abandonados, pues lo que él necesitaba era una batería. De hecho, lo único que quería hacer en la vida era convertirse en baterista. Finalmente se hizo de un set de tambores y con él martilló los oídos de sus vecinos hasta que se adhirió a The Eddie Clayton Skiffle Group en 1957 (contaba con diecisiete años de edad), aunque sería dos años después, con Rory Storm and the Hurricanes, que Ringo ―apodado así debido a que la gente le gritaba “¡hey, Rings!”, gracias a los anillos que portaba― haría un viaje a Alemania. 
De esta manera fue que durante el otoño de 1960, en Hamburgo, Starr estrechó la mano de los tres sujetos con quienes protagonizaría la historia más célebre de la música pop, denominada The Beatles. Sobre aquel encuentro, Paul McCartney señala que en algún punto de su carrera, tanto él como John Lennon y George Harrison necesitaban “al más grande baterista en Liverpool. Y para nosotros ese era Ringo Starr”. De éste, suele decirse que ha sido el hombre con mayor suerte de la historia por haber aparecido en el mapa de los Beatles cuando éstos ya habían forjado los cimientos de una carrera que apuntaba hacia la estratósfera, aunque con Pete Best tras los tambores. “Jamás he sentido pena por haberle quitado el puesto a Pete ―apunta Starkey―, pues yo era mucho mejor baterista que él”. (A.G.C.)


Programa

It don’t come easy / Honey don´t / Choose love / Hang on sloopy / Free ride / Talking in your sleep / I wanna be your man / Dream weaver / Kyrie / The other side of Liverpool / Yellow submarine / Frankenstein / Back off boogaloo / What I like about you / Rock and roll Hootchie Koo / Boys / My love is alive / Broken wings / Photograph / Act naturally / Help from my fiends.

  

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