miércoles, 23 de noviembre de 2011

Peter Gabriel: Sinfonía de sí mismo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Tour New Blood / 23 y 24 de noviembre, 2011 / Dos funciones / 
2:10 hrs. de duración / Promotor: Ocesa Promotora, S. A. de C.V.

David Cortés
Un Peter Gabriel sereno y sin aspavientos sube al escenario y en entendible español presenta a Rosie Doonan y Jessica Hoop quienes, dice, “van a interpretar un tema cada una”. Ellas, más tarde, fungirán como coristas, mientras tanto les toca calentar un poco a los asistentes con un par de canciones con acento pastoral que son recibidas respetuosamente. 

Hoy los disfraces han quedado atrás. Adiós a la zorra, al escrutador de los cielos, a la flor. A Gabriel asumirse como es le ha tomado mucho tiempo; conforme han pasado los años se ha desprendido lentamente de cosas para finalmente constituirse en una versión de sí mismo sin afeites, mundana, casual. Ha sido un largo viaje pero él está convencido, y los aquí presentes también, que ha valido la pena. 

Tampoco hay vestuarios fastuosos —el cantante bien podría haber salido a pasear a su perro con su atuendo sin llamar la atención—, ni efectos especiales; pero sí unas pantallas que recogen detalles del concierto, imágenes —solarizadas, fragmentos de las mismas, big close ups— que subrayan el tema de las canciones. Pero a pesar de tan exigua parafernalia, el peso de la noche está en quien fuera cantante de Genesis y decidiera, en lo que ahora se considera un momento visionario, abandonar la banda cuando a ésta le sonreía la fortuna. 
The New Blood Orchestra, dirigida por Ben Foster, se mueve con suavidad una vez sueltas las amarras y, como nunca, se advierte ese gran abismo que media entre el producto discográfico, New Blood, y la experiencia en vivo. Si en el primero Gabriel y sus arreglos se escuchan por momentos sin presencia y con una personalidad desdibujada; en directo, ya sea por el volumen, porque cada instrumento se escucha con nitidez o por la emoción, las versiones orquestales de algunos de los principales éxitos del cantante adquieren una dimensión diferente, más robusta, más dramática incluso. 
Peter Gabriel introduce en español cada una de las canciones. Su andar es pausado, sin prisas; su pelo se ha fugado y su vientre es prominente (imagen similar a la de muchos de sus fans); pero su voz está incólume, subyuga como antaño, ha transitado por el tiempo sin vacilaciones y hoy, arropada por cuarentaiséis músicos, aprovecha los vigorosos arreglos para demostrarlo. 
Actor consumado al momento de interpretarse, Gabriel sabe dónde y cuándo imprimir tensión, fuerza. Le sobra convicción y convocatoria; verlo allí, parado frente a la orquesta, es asumir no sólo la mayoría de edad del rock, sino también saberse copartícipe de un suceso histórico, del día en que este género finalmente se hizo sinfonía sin echar mano de las guitarras y la batería. 
Los toques tribales aparecen en “Secret World” y en “The Rhythm of the Heat” la intensidad amenaza con quebrar las paredes con una cascada de notas emanadas de los instrumentos de cuerdas con un pie en el minimalismo. “Diggin in the Dirt” se escucha más lenta, acompasada, pero es igualmente efectiva; “Mercy Street” incluye en el puente un sublime solo de flauta. Gabriel también apela al sentimentalismo: dedica “Father, Son” a su padre, próximo a cumplir cien años; habla de cómo las redes sociales están cambiando los procesos de liberación y usa esta introducción para presentar “Biko”; convierte “Signal to Noise” en un tour de force y en “Solsbury Hill” deja la rigidez a un lado para intentar los tradicionales pasos de baile que por años han acompañado esta canción. 
Cierto, estas versiones con orquesta funcionan porque en ellas, también, están depositados recuerdos y memorias de cada uno de los asistentes. Allí donde el arreglo ha necesitado sacrificar algo en pos de la canción, es el público quien llena el hueco con su imaginación. Con su connivencia, la noche crece, se vuelve épica, monumental, fastuosa, rimbombante y el encore cierra el círculo.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Gabriel deja al final dos de sus principales temas; pero para ralentizar los ánimos, para apaciguar las emociones, para decir que “es hora de ir a la cama”, elige “The Nest that Sailed the Sky”. Así, como los buzos emergen a la superficie lentamente, Gabriel nos devuelve a la realidad sin trepidaciones. De su mano hemos bebido, de su mano nos lleva y sólo hay que dejarse guiar.


Una sinfonía desde el rock
Peter Gabriel no es un compositor prolífico. De 1977 a 1994 editó once discos (entre ellos dos soundtracks, dos álbumes en vivo y una recopilación de éxitos); de 2000 a 2011 ha editado cinco grabaciones, pero de ésas, sólo Up y Long Walk Home, ambas de 1992, contienen composiciones nuevas. Casi diez años sin que su pluma se deslice para escribir una canción de su autoría. En vez de eso, el año pasado grabó Scratch my Back y en 2011 New Blood. En el primero trabajó covers a temas interpretados por David Bowie, Talking Heads, Arcade Fire, Radiohead y Neil Young, entre otros. La idea de esa producción, dice Gabriel, “era que en lugar de hacer un disco de covers tradicional, pensé que sería más divertido crear un nuevo tipo de proyecto en el que los artistas se comunicaran unos con otros e intercambiáramos canción por canción”. En reciprocidad, los artistas recreados grabarían un tema de Gabriel para un disco titulado I’ll Scratch Yours que aún no ha visto la luz. 

Cuando trabajó en Scratch my Back, se percató de que nunca había explorado el potencial de una orquesta como “una paleta de sonidos única para un disco y eso se antojaba muy fresco”. Sin embargo, Gabriel acepta que sus conocimientos no eran suficientes para acometer la tarea y por eso los arreglos de sus propias composiciones recayeron en John Metcalfe. Así nació New Blood, un disco que recoge no las canciones más exitosas, sino aquellas que prometían un “viaje muy interesante”. Sin guitarras ni baterías, ni bajos, New Blood es un disco sinfónico, clásico, que desde esa atalaya mira al rock. Es la obra de un compositor que, efectivamente, no asienta su reputación en la cantidad de sus obras, sino en la calidad de éstas. Allí es donde Gabriel finca su trascendencia. (D.C.)


Programa 

Heroes / Wallflower/ Apres / Intruder / San Jacinto / Secret World / Father, Son / Signal to Noise / Downside Up / Digging in the Dirt / Mercy Street / The Rhythm of the Heath / Red Rain / Solsbury Hill / Biko / In Your Eyes / Don’t Give Up / The Nest that Sailed the Sky




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