jueves, 17 de noviembre de 2011

Pancho Varona y Antonio García de Diego: Los (otros) conquistadores

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Tour Noches Sabineras / 17 y 18 de noviembre, 2011 / Dos funciones / 
2:15 duración / Promotor: Magos Comercialización de Entretenimiento 

Ethel Álvarez
En su célebre “Preguntas de un obrero que lee”, Bertolt Brecht increpa de manera sublime a esa tendencia común de analizar la historia como un asunto de personajes, caudillos y hombre con un destino trascendente. Feroz, ironiza: “Alejandro Magno conquistó la India ¿él solo?”; también plantea con aguda inteligencia: “César venció a los galos; no llevaba siquiera un cocinero?...” 

Así las cosas, el Lunario recibe esta noche a dos figuras que durante más de veinte años han acompañado las expediciones del capitán Joaquín Sabina; si es por mar, Panchito Varona; si es por tierra, Antonio García de Diego… detrás, al lado, rodeando, como usted guste, pero siempre contribuyendo a musicalizar el arte de uno de los mejores letristas contemporáneos de lengua hispana. 
Propio de los grandes artistas, de los que saben lo que valen, Varona y García de Diego, esta noche brindan a un público muy particular una serie de emotivas evocaciones de lo que ha sido su experiencia como compañeros de cordada del maestro Joaquín Sabina y de alguno que otro exitoso intérprete. 
Generosos, como si estuviesen en una velada con amigos, Pancho y Antonio, tequilillas de por medio, recrean una serie de anécdotas y algunos de los secretos que hay —entre líneas— en varias de las canciones del genio de Úbeda. “¡Por fin!…”, exclama alguien desde su asiento, “¡por fin entendí el misterio de la letra de ‘Peor para el sol’…”, y es que escuchadas así, en algo parecido a la intimidad, esas letras de Sabina, que a veces son enigmas, se vuelven fáciles de digerir. 
Por lo visto, esta velada en el Lunario ha podido conjuntar lo mismo a impetuosos defensores de las malas costumbres que a un puñado de familias que, evidentemente, gracias a algunas remembranzas que han salido al caso, tiene la suerte de ser amigas de Panchito y Antonio desde hace tiempo. “El blues de la soledad”, “Corre dijo la tortuga”, “Esta boca es mía” —que, Pancho nos comparte, fue dedicada a su hija— así como “Y si amanece por fin”, “Contigo” o “Donde habita el olvido” son algunas de las composiciones que esta pareja presenta, en algunos casos, con arreglos poco conocidos que no hacen más que testimoniar un conocimiento perfecto de la génesis de cada obra. Por ello y porque son tan suyas como de Joaquín, esta noche Panchito Varona y Antonio García de Diego desmenuzan, desvirtúan y también magnifican algunas de las más entrañables canciones de ese degenerado que tienen como amigo, capitán y confidente. 
Son muchos años los que han transcurrido y, sin embargo, a los dos no les ha sido necesario “lanzarse en una carrera de solista” o asumir actitudes de esos pseudo-rebeldes que vociferan y reclaman mayor atención a su talento poco reconocido. No. Se trata de otra cosa: son dos grandes que hoy dan muestra de lo que representa dominar un oficio y compartirlo sin cortapisas. De lo anterior da muestra esa especie de karaoke que permite a varios de los asistentes el cumplimiento de una especie de sueño: cantar como-nadie-lo-ha-hecho-en-este-mundo, un “Caballo de cartón” medio remojado; unas lánguidas “Aves de paso”, una redimida “Princesa” o unas rasgadas “Medias negras”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Son muchas las emociones; es el mismo gozo, pero aprehendido de otra manera: es la valiosa oportunidad de que cientos de personas en el Lunario se apoderen, de una vez por todas, de su canción. Eso significa esta noche. Una noche en la que, por fin, y después de someter alguna duda sobre el origen de su canción, los presentes pueden concluir que Alejandro no conquistó la India solo; que, por lo menos, un cocinero acompañaba a los césares, y que, por fortuna, un Varona y un García de Diego, soportan las bemoles de un magnífico Joaquín. 


Programa 
Peor para el sol / A la orilla de la chimenea / Y si amanece por fin / Aves de paso / Tan joven y tan viejo / Esta boca es mía / Corre dijo la tortuga / Como un dolor de muelas / Contigo / Donde habita el olvido / El blues de la soledad / Esta noche contigo / Siete crisantemos / Arenas movedizas / Con la frente marchita / Amor se llama el juego / Y no me importa nada.




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