viernes, 4 de noviembre de 2011

Joaquín Sabina: Amigos, mujeres y amarguras


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Gira El penúltimo tren / 4, 5, 7 y 8 de noviembre / Cuatro funciones / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: Erre Ele Producciones

Alejandro González Castillo
¿Será cierto aquello que dicta que todos los perros se parecen a su dueño? ¿Dicha máxima podrá trasladarse al terreno de la música? Es decir, ¿los artistas se parecen a sus fans y viceversa? Si las respuestas son afirmativas, en el primer caso hay que evitar a toda costa llevar a comer a casa a los dueños de un san Bernardo ―a menos que se repartan baberos a los invitados― y, respecto al segundo cuestionamiento, caballeros: deben ser cuidadosos si un seguidor de Joaquín Sabina se queda a altas horas de la noche bebiendo en la sala de su hogar, porque se corre el peligro de que el sujeto en cuestión acabe con todas las botellas de la cava y, lo más peligroso, termine engatusando a la señora de la casa. 

Bien lo dice el español en “Medias negras”: nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer. Y tras observar las reacciones que las féminas manifiestan cada vez que su autor favorito abre la boca, no queda más que creer la inmensa cantidad de leyendas que rondan al señor del bombín, las cuales lo califican como imbatible si de conquistar mujeres se trata. Y si los excesos son el tema, bueno, “Peor para el sol” ofrece detalles que certifican que se está frente a alguien que ha probado de todo y no teme anunciarlo. ¿Qué de encantador podría tener un hombre que cambia de amor en cada esquina y cuya garganta el alcohol no raspa, sino acaricia? Preguntémoselo a esa señorita que le grita “maestro”, a aquella dama que lo llama “papacito” y finalmente a la señora entrada en canas que le aplaude enternecida una vez que el del micrófono acepta que, entre tanta juerga y pasión desbocada, suele jugar a los dados con la “Virgen de la amargura”. 
Con risas perdidas entre estrofas, seguramente producto de los recuerdos que arriban mientras canta, Joaquín manifiesta que entiende las relaciones humanas de un modo muy particular. Según “19 días y 500 noches”, sus jornadas no se rigen por los movimientos solares, y atendiendo las rimas de “Contigo” se asoma un personaje que detesta la rutina de la vida conyugal, pero que se encuentra listo para morir y matar por ese amor que denomina “civilizado”. Por otro lado, el cantante admite que ha sido un mal padre y amante, aunque tiene la fortuna de poseer grandes amigos, como Gabriel García Márquez, quien esta noche le aplaude desde la oscuridad; Álvaro Urquijo, el cantante de Los Secretos con quien canta “Por el boulevard de los sueños rotos”; y Andrés Calamaro, encargado de musicalizar “Todavía una canción de amor” tras un encuentro azaroso en cierto bar. 
“Llueve sobre mojado” y sus palabras improvisadas anuncian que el discurso aún no se agota, que los escarceos con Mara Barros, su corista, en “Una canción para la Magdalena” van a anteceder cada una de las paradas de las manecillas con “Y nos dieron las diez”. Ya será después que Sabina intentará escapar para verse orillado a volver un par de veces a petición de un público que descubre cómo el paso de los años no le ha quitado un ápice de espíritu macarra a quien confiesa estar listo para engañar al que se lo permita, por supuesto, sin que el arrepentimiento figure en su diccionario. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Al final, el cantautor arroja un bastón al suelo, como burlándose de la dueña de la guadaña, porque ya lo dijo antes, se considera a sí mismo “tan joven y tan viejo, like a rolling stone”, por eso recomienda tomar “Pastillas para no soñar” con tal de vivir cien años. De modo que si alguien se atreve a invitarlo a casa tras conocer sus mañas, prepare algunos discos de Bob Dylan y Chavela Vargas ―una combinación demoledora para el nacido en Úbeda― y después déjelo a solas, para que medite sobre su holgado estilo de vida y escriba un par de canciones. Mientras tanto, usted llévese a su mujer a un lugar seguro, como el cine, por ejemplo. 


Sabina en cinco instantáneas

“El Auditorio Nacional es uno de los mejores teatros en los que he estado en mi vida. Pisarlo es como tocar en el patio de casa. Y yo no creo en nada, pero le pongo velas a la Lupita que está ahí”. 

“Pongámonos de acuerdo. A mí me molesta mucho que me llamen maestro porque en realidad soy un aprendiz de todo. ¿Maestro? De nada”. 

“Yo soy muy cobarde, soy de esos que piensan que el movimiento se demuestra huyendo” 

“No debería decirlo porque pareciera que estoy vendiendo entradas, pero mis canciones en los últimos discos cada vez suenan más mexicanas”. 
“Yo soy una persona triste y solitaria que tiende a quedarse en un rincón. Soy mucho menos sociable y más introvertido de lo que muchos creen. La gente sólo ve la caricatura del gilipollas del bombín”. (A.G.C.) 


*Citas tomadas del portal joaquinsabina.net


Programa

Esta noche contigo / Tiramisú de limón / Virgen de la amargura / Ganas de / Medias negras / Aves de paso / Peor para el sol / Por el boulevar de los sueños rotos / Contigo / Llueve sobre mojado / Pancho / Mara / Y sin embargo / Peces de ciudad / La magdalena / Todavía una canción de amor / 19 días y 500 noches / Princesa / Antonio / Noches de boda / Y nos dieron las 10 / Jaime / La del pirata cojo / Pastillas para no soñar.







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