martes, 22 de noviembre de 2011

Creedence Clearwater Revisited: El virus Bayou

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

22 de noviembre, 2011 / Función única / 
1:45 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Fernando Figueroa
Doug Cosmo Clifford desciende del trono donde toca la batería y va directamente al micrófono con pedestal: “Tengo sesentaiséis años, pero cuando los veo a ustedes me siento como de veinticuatro; a la mitad del concierto creo que tengo veintiuno, y cuando llego al hotel vuelvo a tener sesentaiséis”. Algo parecido le sucede a cientos o miles de veteranos de guerra que sacan juventud de su pasado para bailar entre las butacas, corear algunas canciones con el mejor inglés que sea posible y tocar un requinto que sólo existe en la imaginación. 

Es obvio que Clifford continúa inmerso en la disciplina del fisicoculturismo, pues no ha dejado de usar la típica camiseta negra que deja al descubierto los hombros de un hombre que aparenta tener una década menos de edad. Sin embargo, el paso del tiempo no ha tratado de manera tan benévola a la mayoría de los fans de Cridens que nacieron a mediados del siglo pasado, aunque hay honrosas excepciones dentro de ese segmento generacional. 
Tampoco se trata de una reunión exclusiva de espectadores que rondan la frontera de la tercera edad, ni mucho menos, pues ellos mismos se han encargado de transmitir la creedencemanía entre sus familiares. Entonces, no es raro ver a la vieja guardia con hijos y hasta nietos que también son portadores del mismo virus: el sonido Bayou. 
Las butacas están repletas de nostálgicos puros, a quienes les importa poco o nada que el programa sea casi idéntico al de todas las presentaciones anteriores de Creedence en este recinto, incluso en el orden de aparición. Aquí sucede lo mismo que en las reuniones de viejos amigos, quienes luego de los saludos de rigor y un par de tragos comienzan a recordar las mismas anécdotas de siempre, y son felices al hacerlo. 
Lo que sobra en el escenario y las butacas es felicidad, gracias a una música que produce regocijo y algo cada vez más escaso: sensación de libertad. Las fusiones de country, blues y rock and roll que ofrece esta banda son una bebida que se vuelve imprescindible en la vida de sus adeptos, quienes en una imaginaria barra de música pedirán por siempre “una de los Creedence”, con la misma vehemencia que dirían “un güisqui doble”. 
¿A quién le preocupa que John Fogerty ande por su lado desde hace siglos, si el cantante John Tristao lo imita aceptablemente? Fogerty era el alma creadora de Creedence, pero Tristao se da a querer con su energía desbordada, gestos cómicos y tatuajes al por mayor en los brazos, incluyendo uno con letras que lo describe de cuerpo entero: “Harley Davidson”. Él parece un motociclista recién apeado de su máquina, luego de haber recorrido todo el sur de Estados Unidos, donde se hubiera impregnado de los ritmos musicales y las historias que ahora ofrece con su voz y guitarra. 
Stu Cook (bajo) y Douglas Clifford están al pie del cañón desde el principio de los tiempos (C. C. Revival), mientras que Steve Gunner (teclados, armónica, percusiones y coros) ya es una leyenda del Revisited. Kurt Griffey suena estupendo en el requinto, la única posición del grupo que cambia de cara con cierta frecuencia. 

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Por su edad, la mayoría de los espectadores ya descubrieron que el mundo arde al rojo vivo y desean regresar al río Verde del pasado para recoger piedras lisas y hacerlas saltar sobre el agua; también quieren seguir siendo niños por siempre, evadiendo al hombre que los quiere atrapar con responsabilidades y amargura. La rueda sigue girando y el barco Proud Mary aún humea; el pasado está al alcance del oído, y para regresar a él basta con soltar las amarras y volar. Clifford lo dice claramente: “Escojan uno de sus sueños y materialícenlo, porque es un hecho que sí se hacen realidad”. 
Rumbo a la salida, en esos breves minutos en que la gente coincide con otros asistentes al subir escaleras, alguien dice: “Estaría fregón que algún día se juntaran Fogerty y Creedence, ¿no?” Su acompañante le contesta: “Pues sí, pero no creo tanta belleza”. 

¿Por quién vota? 

El fenómeno comercial de Creedence Clearwater Revival tiene muchas aristas, como el hecho de que tres de sus discos estén en la lista de los cincuenta más vendidos durante los años sesenta en Estados Unidos: Green River, Willy and the Poor Boys y Bayou Country, además de haber metido varios sencillos al top five como “Proud Mary”, “Bad Moon Rising” y “Green River”. Una leyenda urbana dice que, a finales de los sesenta y principios de los setenta, Creedence vendió en México más copias que The Beatles; es un dato difícil de corroborar, pero lo que sí fue un hecho es que casi siempre ganaban cuando sus temas se enfrentaban en la radio contra el cuarteto de Liverpool o The Rolling Stones (“¿Por quién vota?”). 
Al igual que The Beatles, Creedence también tuvo una hora diaria en la radio comercial mexicana, y el fervor sigue latente. La banda californiana había llenado el Auditorio Nacional en 2002, 2004, 2005, 2007 y 2008; ahora lo vuelve a hacer. Con su camisa a cuadros de toda la vida, John Fogerty también abarrotó el recinto en septiembre de 2006. 
Si John Fogerty, Douglas Clifford y Stu Cook piensan reunirse algún día para que vuelva a existir Creedence Clearwater Revival, más vale que se den prisa. Sus fans con campos de algodón en las cabezas lo agradecerán. (F.F.)


Programa 

Born on the Bayou / Green River / Cotton Fields / Commotion / Who Will Stop the Rain? / Suzie Q / Hey Tonight / Long as I Can See the Light / Down on the Corner / Lookin’ Out my Back Door / I Heard It Through the Grapevine / Midnight Special / Bad Moon Rising / Proud Mary / Fortunate Son / Have You Ever Seen the Rain? / Travelin’ Band / Molina / Good Golly Miss Molly / Up Around the Bend





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