martes, 22 de noviembre de 2011

Cabezas de Cera: Feria de la locura

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


El Gabinete del Dr. Caligari. Cine-bar Bandas Sonoras / 22 de noviembre, 2011 / 
Función única / 1:25 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 

David Cortés
No obstante el paso del tiempo, las películas del expresionismo alemán conservan una fuerza única. Tal vez ésta radica en la ingenuidad de sus decorados, en las hiperbólicas actuaciones o en la solidez de sus argumentos; y entre esas cintas, El gabinete del Dr. Caligari, dirigida por Robert Wiene en 1920, es una de las más destacadas. 


Hoy, Cabezas de Cera (Mauricio Sotelo, stick; Francisco Sotelo, piano, batería y percusiones) musicaliza un filme mudo en donde sobresale el suspenso y la tensión. Si bien el trabajo de esta agrupación se caracteriza por su tendencia a la fusión, en esta ocasión hacen a un lado sus flirteos con la música del mundo para concentrarse en una banda sonora en donde hay más acentos de rock progresivo y jazz libre. 

Hay cierta obviedad al iniciar el filme: en los créditos, el dueto se inclina por una atmósfera tétrica; en los pasajes en los cuales el narrador (Francis) aparece, predominan las atmósferas; y los tonos festivos surgen cuando en la pantalla desfila la feria y la primera vista del Dr. Caligari. Aquí el dueto opta por el piano y el stick. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Sin embargo, conforme la trama adquiere complejidad, la música también sube de tono. Francisco Sotelo abandona el piano y pasa a la batería; entonces la dupla teje unas progresiones que al mismo tiempo que se apoderan de los asistentes, imprimen más intensidad a las escenas ya de por sí dramáticas. Cuando el sonámbulo Cesare es presentado en la feria, y cuando asesina a Alan, la música es potente, llena de testosterona, crea crescendos que no sólo hablan de las tablas de los músicos, sino de lo bien que analizaron el filme para montarle sonidos. Esa misma dosis se repite, con una intensidad redoblada, cuando Cesare intenta raptar a Jane, la novia de Francis. La persecución, que en otras manos podría devenir en una música hilarante y jocosa dado los burdos movimientos de los actores, aquí es encarada con algo que se asemeja al Rock en Oposición, con cambios de tiempo constantes marcados por la batería y las percusiones y líneas melódicas con arabesco del stick. Es exagerado decirlo, pero hay unos instantes en los cuales la música supera al filme, lo cual habla no de lo gastado del discurso de Wiene luego de casi cien años, sino del crecimiento de un grupo de rock que hoy vino a demostrar los múltiples recursos con los que cuenta.



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