jueves, 27 de octubre de 2011

Miguel Ríos: La última y nos vamos

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional


Gira de despedida Bye Bye Ríos. Rock hasta el Final / 27 de octubre, 2011 / 
Función única / 2:35 hrs. de duración / Promotor: Ocesa Promotora, S.A. de C.V. 

David Cortés
En 1988, Miguel Ríos visitó nuestro país por primera vez. Precedido de un potente en directo, Rock & Ríos, se presentó en la Plaza México y, dicen, fue la primera ocasión en que una estrella del espectáculo logró llenar el lugar. Pero esa noche no sólo abarrotó la plaza, también cayó un torrencial aguacero que retrasó, por dos horas, el inicio del concierto; sin embargo, nadie se movió, ni una butaca se vació y él, para premiar a quienes aguantaron estoicamente la furia de la tormenta, se brindó plenamente. 

Hoy también hay lleno absoluto y nadie desea moverse porque el ciclo del cantante se cierra definitivamente, al menos eso ha anunciado ―“Hay que saber retirarse en el momento”― dice), así que ése es, entre otras cosas, uno de los motivos para estar aquí. La emotividad y la nostalgia se hacen presentes rápido; la banda, un octeto, abre fuego de inmediato y no obstante sus sesentaisiete años, Ríos luce entero y, lo mejor, su voz suena igual de firme y robusta que en sus años mozos. 

La movilidad perdida con la edad la suple con dominio del escenario, esa cualidad que dan los años, siempre difícil de definir, pero que no pasa inadvertida. De hecho, cuando suena “Bienvenidos” lo que hace el compositor es extender una invitación a los “hijos y nietos del rock and roll” para perderse entre las entretelas del show. Coreada por diez mil personas, la canción hace que el lugar se cimbre, la médula siente ese cosquilleo mitad nervioso, mitad emoción; muy pronto Ríos ha rendido y tomado la plaza. 
Y ahora pasemos al tuteo. Miguel, cómo pedirnos que esta noche, mientras desgranas uno a uno tus éxitos, no echemos a andar el carromato de las remembranzas si lo tuyo es puro rock and roll y eso, además de energía, es como un homenaje a la vida. Hoy le haces honor a tu apellido y dejas que la música, revestida en blues, boogie, soul, funk, reggae, fluya como un afluente desbocado que busca llegar a ese mar que, frente a ti, se agita, mece y tributa de pie, tu entrega y persistencia. 
Cuando en este país el rock se empezaba a remover, tú llegaste con el mismo don de gentes de ahora, a darle ese soplo, a insuflarle vida, esa vida que habría de convertirlo en una entidad flamígera. Y si te tuteo aún, no es por falta de respeto, sino porque soy el eco de quienes te hemos venido a ver y, además, así te conocemos desde siempre. Ahora que te vas, es instante de recordar nuestras complicidades y correrías; vaya, hasta nuestras desventuras. ¿Te acuerdas?, le pediste a Charly García esa canción (“Nos siguen pegando abajo”) y la amplificaste, le diste la reverberación para hacerla un himno, una herramienta de combate. Hiciste lo mismo con “Ruido de fondo”, también de Charly, y con “Todo a pulmón” de Lerner. Escucharlas hoy, es abrir los recovecos de la memoria. 
No nos has defraudado, tú mismo empezaste con los recuerdos: “Sabía que muchos de los que me fueron a ver en la plaza de toros no me fallarían”, dices una vez que has recuperado el aliento y, por si fuera poco, rematas: “La ciudad de México ha sido fundamental en mi crecimiento artístico”. Y los que estamos aquí te creemos, porque no lo dices por complacencia, sino porque te sale de las entrañas, como de las entrañas te salen esas canciones que interpretas y que, a veces, muy pocas, aderezas con algún comentario. 
De pronto, porque el tiempo pasa inexorablemente, dices que te vas, das la media vuelta y sólo falta el telón para confirmar la despedida. Pero no cuentas conque estas almas que hoy has congregado te son muy devotas y piden tu regreso. Me imagino ―porque al regresar así lo demuestra tu cara― que allá, tras bambalinas, el estruendo es como un río que amenaza romper ese dique que difícilmente lo contiene y al igual que él, tú también te doblegas. 

Foto: Fernando Moguel / Colección Auditorio Nacional

Y ahora, en el encore, dejemos de tutearte y pasemos a hablarte de señor porque te lo has ganado. No es porque hoy has venido a despedirte, sino por la forma en que te has entregado, sin escatimar ni un ápice de energía, rodeado de una banda que, como tú, tocó como si fuera realmente la última vez. Al final has llorado porque no había de otra, fue entonces cuando de tu voz salieron estas palabras que resultan el colofón ideal para la noche: “No creo mucho en eso, pero que Dios los bendiga”. 
Claro, es una despedida en falso, porque hay un segundo encore. Y en éste, señor, ya no hay espacio para más. La cortina de una trayectoria se cierra y a partir de ahora todo será recuerdo. 


Abundante cosecha 
Una larga trayectoria abre la posibilidad de múltiples logros; pero no es fácil levantar una cosecha si la siembra no ha sido intensa. A lo largo de su vida artística, la cual inició a los dieciocho años con la grabación de un EP bajo el nombre de Mike Ríos, El rey del twist, el cantante granadino ha impuesto récords y ganado importantes premios. “Himno a la alegría”, uno de sus principales éxitos, vendió siete millones de copias en todo el mundo y su disco Rock & Ríos (1982) fue uno de los primeros álbumes en alcanzar la cifra de 400 mil unidades vendidas en el mercado hispano. Cuando el compositor promocionó el disco El rock de una noche de verano (1983), convocó a setecientas mil personas en treintaidós conciertos. 
En cuanto a premios, la ciudad de Granada le otorgó en 1987 la Medalla de Oro; en 1999, recibe en su país la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y en 2002 la Medalla de Oro en Andalucía. Un año más tarde, José Saramago le entrega el Premio de Honor de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música por su trayectoria. 
En 1988 reunió más de cincuenta mil personas en la Plaza México y, en 2002, cien mil fanáticos se congregaron en el zócalo de la ciudad de México para escuchar sus canciones. 
Sin embargo, tal vez el reconocimiento más importante a Miguel Ríos vino de la boca de un rey. Al otorgarle la medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes, en 1993, Juan Carlos I afirmó: “Con Miguel Ríos, el rock español alcanzó su auténtica categoría como arte musical y su más plena expresión de una nueva realidad social, sin la cual es imposible entender nuestra historia más reciente”. (D.C.)

Programa 
Memorias de la carretera / Bienvenidos / Generación límite / Antinuclear / Nueva ola / En el ángulo muerto / Raquel es un burdel / El blues de la soledad / No estás sola / El río / Ruido de fondo / Reina de keroseno / Niños eléctricos / Nos siguen pegando abajo /Año 2000 /El rock de una noche de verano / Oración /Todo a pulmón / El blues del autobús / Santa Lucía / Rocanrol bumerang / Sábado en la noche / Bye Bye Ríos/ Himno a la alegría.




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