domingo, 2 de octubre de 2011

La Caravana del Rock and Roll: Permiso para rucanrolear

La Caravana del Rock and Roll. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Los Hitters, Los Rockin Devil’s, Los Hermanos Carrión, Roberto Jordán, Los Teen Tops,
 Angélica María, César Costa y Alberto Vázquez / 1 y 2 de octubre, 2011 / 
Dos funciones / 4:10 hrs. de duración / Promotor: Carlos Edgar Rodríguez 

Julio Alejandro Quijano
Se los viene diciendo desde la escalinata, pero ya a las puertas del Auditorio Nacional se los repite para que no lo olviden: “Mantengan el celular prendido, me llaman cuando se termine el concierto, yo vengo por ustedes, me esperan, no se vayan a ir... ¿Me entendieron?” 

La respuesta, con una mueca de fastidio de por medio, es llana: “Sí, hija; ya te entendimos”. Esta última, con gesto de resignación, suelta por fin a sus padres, quienes se unen a muchos otros adultos mayores (o casi) que acaban de recibir los mismos consejos de parte de sus respectivos y agobiados hijos. A lo lejos, uno de estos jóvenes todavía le grita a su madre: “¡Y no te vayas a quitar la chamarra!

Los Hitters. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Ya lejos de sus retoños, cruzan la puerta, entran al foro y se encuentran con Los Hitters interpretando “Satisfacción”, comienzan a bailar, el celular se les apaga accidentalmente; aparecen Los Rockin Devil’s con su “Bule bule” y sus chicas a go go bailando en jaulas. Todos echan hacia atrás las caderas mientras mueven los brazos de arriba hacia abajo y corean: “Bule bule, bule bule, bule bule, bule bule, ¡agh!”

Los Rockin Devil's. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Para entonces, luego de treinta minutos de acción, ya nadie trae chamarra. En cambio, se les ve lanzando patadas contra un imaginario perro lanudo y coreando: Déjame estar solo con mi novia / si tú te vas de aquí te doy un hueso, guau, guau.

Los Hermanos Carrión. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

“No fue fácil que el rock and roll entrará a México”, dice Jaime Almeida en su papel de maestro de ceremonias, mientras Los Rockin Devil’s ceden el espacio a Los Hermanos Carrión. Humberto Cantú, también a cargo de la conducción de esta caravana, abunda: “Los padres no permitían que sus hijos cantaran y bailaran estos ritmos tan alocados”. La paradoja es evidente: papás que negaban permiso a sus hijos, quienes ahora se han convertido en padres de familia, cuyos descendientes les autorizan ir a La Caravana del Rock and Roll.


Los Teen Tops. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Y en el centro de este galimatías generacional, los rocanroleros son perennes. Es decir, que cuando Los Teen Tops tocan “El rock de la cárcel”, las rodillas y las pelvis responden con la misma agilidad que mostraban en la época en que se iban de pinta para colarse a las grabaciones de Discoteca Orfeón a go go en Televicentro. “La primaria estaba en la esquina, pero yo prefería cruzar Balderas para ir a bailar en el programa”, confiesa una madre de familia mientras mueve sus popotitos al ritmo de “Ahí viene la plaga”, y luego le pide una señal chiquita al “guapísimo y altote” de Roberto Jordán. 

Roberto Jordán. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Si acaso alguien dudara de la relatividad del tiempo, Los Hermanos Carrión aseguran que nunca antes habían estado tan nerviosos: “Es la primera vez que tocamos ante un público que es más viejo que nosotros”.
Angélica María hace más referencias a la edad: “¿Cómo están mis queridos rucanroleros?”, saluda y luego presenta “Dile adiós” con “su arreglo original de hace como ochocientos años”. Las bromas, aunque efectivas, son inexactas. Los rucanroleros son, ciertamente, mayoría, pero hay muchas y brillantes excepciones: la niña que sabe de memoria “Eddie Eddie”, los novios que se cantan al oído “Magia blanca”, el joven de suéter tejido que, junto a su madre, canta “La historia de Tommy” como si fuera un César Costa contemporáneo. Es notorio que muchos hijos de los rucanroleros no se conformaron con dejar a sus padres a las puertas del foro sino que entraron con ellos para compartir, por ejemplo, el gusto por esa mujer a cuyo primer nombre basta agregarle una ele para describirla: Angélica(l) María.
Angélica María. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



“En estos momentos ―dice Almeida en otra de sus intervenciones— estamos ante los artistas originales, ante los verdaderos músicos que hicieron historia”. Que la siguen haciendo, habría que precisar. En particular, esta noche hubo tres momentos memorables.
Primero: Cesar Costa al cerrar su presentación con “My way”. “Me voy a permitir cantarla en su idioma original, puesto que la considero una de las baladas que mejor describen la voluntad humana”, explica. Al final, sólo queda pensar: en la historia del rock and roll mexicano, esta reinterpretación de la canción de Paul Anka debe ocupar varias líneas.
César Costa. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Segundo: “Siempre sola”, cantada por Angélica María con una voz que merece describirse con equivalentes emocionales: su color es llanto y su textura es memoria de juventud. 
Tercero: Alberto Vázquez, que salta ágil de los años sesenta (“16 toneladas”) a los noventa (“Maracas”). Pero, sobre todo, su popurrí de canciones de Elvis Presley con el que cierra la caravana. 
Alberto Vázquez. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


A la salida, en la explanada del Auditorio, donde todavía se ven algunos jóvenes en busca de sus padres rucanroleros, el público se nota satisfecho pero con ganas de testificar (y cantar y bailar) más historia del rock and roll. 



El homenaje
Rogerio Azcárraga Madero subió al escenario de La Caravana del Rock and Roll en medio de adjetivos: visionario, pionero leyenda. Jaime Almeida y Humberto Cantú le entregaron, a nombre de todos los artistas de la caravana, un reconocimiento mientras esbozaban una pequeña historia del empresario: “Gracias a este hombre, el rock and roll existe en México; él fue el primero que confió en ellos, que los tocó en la radio y editó sus discos”. 
El año permanece claro en la memoria de Azcárraga: “En 1958 fundamos Discos Orfeón, donde grabaron Los Teen Tops, Manolo Muñoz, Los Rockin Devil’s. De ahí surgió el programa Discoteca Orfeón a go go. Trajimos a Bill Haley y Sus Cometas, hicimos mucho rock and roll”. 
Rogerio Azcárraga Madero. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

A sus 82 años, Rogerio Azcárraga Madero muestra el reconocimiento como una muestra de que tenía razón cuando, hace medio siglo, se despegó de los gustos de su padre, Rogerio Azcárraga Vidaurreta, fundador de la actual Radio Fórmula. Azcárraga hijo no sólo fundó Discos Orfeón, sino que revolucionó la estación que había creado su progenitor para convertirla en una radio musical. La intención: “Transmitir puro rock and roll”. (J.A.Q.)

Programa
Los Hitters: Un hombre respetable / Ahora estoy solo / Milagro de amor / Hierba verde / Satisfacción. Los Rockin Devil’s: Esos fueron los días / Bule bule / Hey, Lupe / La chica ye ye / El perro lanudo. Los Hermanos Carrión: Se fue / Rosas rojas / Magia blanca / Creo estar soñando / Las cerezas. Roberto Jordán: 1, 2 y 3, detente / El juego de Simón / Rosa marchita / No se ha dado cuenta / Amor de estudiante / Dame una señal chiquita. Los Teen Tops: Presumida / Rock de la cárcel / Confidente de secundaria / Anoche no dormí / Popotitos / Ahí viene la plaga. Angélica María: Toco a tu puerta / Dile adiós / Siempre sola / El fortachón / El día / Johnny el enojón / Con un beso pequeñito / Paso a pasito / Eddie Eddie / Esta tarde vi llover. César Costa: Diana / La historia de Tommy / Tierno / Mi pueblo / El tigre / My way. Alberto Vázquez: Cuando era un jovencito / O quizás simplemente te regale una rosa / Maracas / 16 toneladas / El pecador / Popurrí de Elvis Presley
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.