sábado, 29 de octubre de 2011

Don Giovanni: El Mil Amores

Foto: The Metropolitan Opera


En vivo desde el Met de Nueva York / 29 de octubre, 2011 / 
Función única / 3:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. 

Fernando Figueroa
Definitivamente, quedó atrás la época en que el público tenía que poner mucho de su parte para imaginar que los robustos y casi inmóviles cantantes de ópera realmente eran tal o cual personaje. Al menos en el Met de Nueva York, el casting actoral es una actividad que se toma muy en serio, tal como puede comprobarse de manera reiterada en las transmisiones vía satélite del proyecto HD Live

En ese mismo aspecto, el caso del Don Giovanni mozartiano es ejemplar. En el papel principal, Marius Kwiecien es el prototipo del galán joven, ágil, encantador, desprejuiciado y, por supuesto, malévolo. Pero no está solo; tiene un tremendo duelo con Luca Pisaroni, a quien algunos críticos han calificado como un Leporello insuperable, entre los mejores de la historia gracias a una picardía innata que le brota por los poros. 
Marina Rebeka (Doña Anna), Barbara Fritolli (Doña Elvira), Mojca Erdmann (Zerlina), Ramón Vargas (Don Ottavio), Joshua Bloom (Masetto) y Štefan Kocán (Comendador), encajan bien en sus respectivos papeles, aunque el carisma de Kwiecien y Pisaroni arrasa con todo a su paso. 
Por supuesto que la eficacia y brillantez de un casting operístico se basa, antes que nada, en las cualidades vocales de sus intérpretes; en ese aspecto, la nueva producción de Michael Grandage también resplandece, pues en todo el elenco hay un grado de excelencia que dificulta destacar el trabajo de alguien en especial. Sin embargo, resulta obvio que el consentido de la noche es el tenor mexicano Ramón Vargas, quien recibe las ovaciones más prolongadas del público neoyorquino luego de sus arias (“Il mio tesoro” y “Dalla sua pace”) y al término de la función; de esa manera le premian no sólo este trabajo sino las doscientas veces que se ha presentado en el Lincoln Center. 
Hay que destacar el caso del barítono polaco Mariusz Kwiecien, quien sufrió un serio percance durante los ensayos y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de una hernia en la región lumbar de la columna vertebral; apenas con dos semanas de rehabilitación, regresó para meterse en la piel de Don Giovanni y conseguir un sonoro triunfo artístico. Curiosamente, cuando Kwiecien se dirigía rumbo a la entrevista con la conductora Renée Fleming, se golpeó la frente con una puerta y lo comentó de manera divertida; también recordó el serio accidente: “Estábamos practicando el duelo de espadas con el Comendador y, en vez de matarlo, por poco me mato a mí mismo”. 
Kwiecien interpreta por vez primera a Don Giovanni en el Met, aunque tiene ocho años en su repertorio y lo ha presentado en Tokio, Viena, Londres, San Francisco y muchas otras ciudades. Dice que, inicialmente, pensó que “el personaje era un joven feliz, poderoso, fuerte y que se iba al infierno por su vida divertida; ahora pienso que eso es una verdad a medias y que, en realidad, es un tipo deprimido que busca emociones fuertes”. 
Según las cuentas de Leporello, las conquistas de Don Giovanni suman dos mil sesentaicinco, mil tres de ellas en España (la acción se desarrolla en Sevilla); el problema surge cuando una dama se le resiste y entonces es capaz de abusar sexualmente, como en el caso de Doña Anna. El Comendador muere al tratar de defender la honra de su hija, aunque luego vuelve del más allá para cobrar la afrenta. 
Las que sí caen rendidas ante el seductor son Doña Elvira ―a quien Renée Fleming compara con el personaje que interpreta Glenn Close en la cinta Atracción fatal― y Zerlina, humilde muchacha que el día de su boda con Masetto cede a las pretensiones de Don Giovanni. 
La escenografía (Michael Grandage) y el vestuario (Christopher Oram) pecan de conservadurismo, a contracorriente de la moderna presencia escénica de los intérpretes. Fabio Luisi no sólo sustituyó a James Levine en la dirección de orquesta, también se dio tiempo para tocar un dulce clavicordio en los recitativos que reclaman ese instrumento. 


El amor erótico 

Durante la plática previa, en el Lunario del Auditorio Nacional, Sergio Vela calificó a Don Giovanni como una de las obras más importantes en la historia de la ópera ―a la altura de Otelo y Aída― y parte integrante de una trilogía mozartiana en torno a la naturaleza del amor erótico, junto a Las bodas de Fígaro y Così fan tutte, todas ellas con libretos de Lorenzo Da Ponte. 
Wolfang Amadeus Mozart compone Don Giovanni a los 31 años y se estrena el 29 de octubre de 1787, en el Teatro Estatal de Praga. Para escribir el libreto, Da Ponte se basó en El infamador (1581), de Juan de la Cueva y en El burlador de Sevilla y el convidado de piedra (1630), de Tirso de Molina. 
El título original que aparece en la partitura es Il disoluto punito ossia il Don Giovanni. Dramma giocoso in due atti (El libertino castigado o el Don Juan. Drama jocoso en dos actos), aunque Mozart la consideraba una ópera bufa. Él mismo dirigió la función de estreno, que tuvo un éxito arrollador de crítica y público; al año siguiente, Viena también recibió esta ópera con aclamaciones. 
Por cierto, el libretista Da Ponte murió en Nueva York, luego de una vida disipada en Venecia, Londres y Manhattan; cualquier parecido con Don Giovanni tal vez no sea coincidencia. (F.F.)
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