miércoles, 5 de octubre de 2011

Diego El Cigala: Migración de un flamenco


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Gira Cigala & Tango / 5 de octubre, 2011 / Función única / 
2:05 hrs. de duración / Promotor: Erre Ele Producciones S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo 
Algunos piensan que se trata de los gordos anillos que rodean sus dedos anulares y medios, otros consideran que es el brillo que despiden las cadenas que aprisionan su muñeca izquierda, o el dorado reloj que hace lo mismo con la derecha. Algunos más prefieren achacarle la culpa al par de mancuernillas que le otorgan fineza a sus mangas. Sin embargo, lo que en realidad mantiene al público con la mirada clavada en las manos de El Cigala es la delicada forma con la cual el cantante lleva el ritmo con ellas. Porque cada palmada que da, significa una caricia que pareciera moldear las evoluciones de los músicos que detrás le acompañan.

Pese a que sus manos mantienen la pasión flamenca entre falanges, lo que él interpreta con su voz son los tangos que pasó semanas aprendiendo en Argentina, y que luego grabó para ponerlos a la venta bajo el título de Cigala & Tango. Nadie duda que desde hace años el madrileño cuenta con la pasión necesaria para acercarse al drama tanguero ―basta revisar su amplia discografía con el flamenco como bandera para certificar que las historias descarnadas le sientan bien―; sin embargo, tuvo que aprender los vericuetos propios de la jerga bonaerense, con tal de abordar atinadamente un tema como “Las cuarenta”, el cual es hoy interpretado con una sonrisa cómplice en los labios, como si entre ellos el cantaor sostuviera “el pucho de la vida”; nada menos que un cigarrillo que con cada calada otorga la sabiduría que sólo se obtiene conforme las canas se acumulan.

Nostalgia, decepción, abandono y llanto. Por un rato no hay cabida para el júbilo en el temario de la velada, si acaso una bendición por parte del doliente encargado de contar las historias: “Estoy muy feliz de visitar esta tierra bendita. Que Dios os guarde y bendiga”. Y para acompañar la pena, nada mejor que unos cuantos tragos ―“a la salud de vosotros”― acompañado del espíritu de Chavela Vargas y su “Soledad”, para luego gritar “Vámonos” y emprender la huida de la mano de un invitado excepcional entre tantos autores argentinos: José Alfredo Jiménez.
Y porque si de algo presume todo aquel que se precie de ser tanguero es de sus ganas de farra, “Nostalgias”, el himno etílico más sufrido de todos, condensa con efectividad la frustración de un “alma de fantoche” que encuentra en las copas consuelo ante los fracasos del amor. Finalmente, la aceptación del adiós sobreviene con la más solicitada por el público, “Lágrimas negras”. Es con ella que llegan a su fin las maldiciones para pasar al recuerdo gozoso, “Inolvidable”, e incluso para cederle terreno a la esperanza de “El día que me quieras”.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


A cientos de kilómetros de Las Pampas y sin un bandoneón sobre el escenario, el quinteto de músicos que acompaña al español ofrece muestras de virtuosismo a cada compás, pasando del jazz, al tango y luego al flamenco con paradas ocasionales en Cuba. Entre violín, piano, contrabajo y percusiones, es el encargado de la guitarra, Diego Del Morao, quien con pierna cruzada se asoma como el favorito del público al recolectar miles de aplausos una vez que resulta vencedor del bravo duelo en el cual se bate frente al percusionista. Durante tal batalla sonora, los olés que arroja la audiencia se confunden con las notas de “Garganta de arena”. Al cantar ésta, el también llamado Sinatra del Flamenco cierra los ojos y apunta con el índice hacia el techo, vaticinando el futuro de quienes, tras él, se atrevan a repetir las cruentas rimas de un canto herido que nació hace décadas en los alrededores de un río plateado, al sur del continente: Cantor de un tango algo insolente, hiciste que a la gente le duela tu dolor. Canta, la gente está aplaudiendo, y aunque te estés muriendo no conocen tu dolor.


Un mismo estado de ánimo
“Yo no interpreto el tango como lo hizo alguna vez Gardel, sino como quien soy: El Cigala. Al hacer este disco, Cigala & Tango, no pretendía convertirme en un tanguero; lo que yo soy es un flamenco que respeta los fundamentos del tango y que sin perder eso de vista presta su canto, pero sin salirse de su propio estilo”. 

“El tango y el flamenco poseen historias que se asemejan muchísimo. En ambos mundos hay tragedia y desamor, es decir, una intensidad emocional similar. Sin embargo, el flamenco tiene la virtud de adaptarse a otros géneros musicales, cuenta con la cualidad de la versatilidad; mientras que el tango es tango y se acabó”. 

“No sé bailar tango. Aunque he visto a parejas hacerlo de una forma increíble. Flotan y hacen piruetas sin tocar el suelo. El flamenco es difícil de bailar también, pero el tango eso otra cosa; se requieren años de aprendizaje para bailarlo. Yo considero que para eso se nace”. 

“El tango le canta al desamor y a la tristeza. Es un estado de ánimo, como el flamenco. Conforme tú te sientas de determinada manera, con ese mismo ánimo haces nacer canciones”. (A.G.C.)


Programa

Garganta con arena / Las cuarenta / El día que me quieras / Soledad / Nostalgia / Alfonsina y el mar / Yukali / En esta tarde gris / Niebla del riachuelo / Corazón loco / Historia de un amor / Veinte años / Se equivocó la paloma / Lágrimas negras / Vámonos / México lindo y querido / Inolvidable
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